Entrevista Crazyminds con… Claudio Zulian: “Creo que una obra de arte que se quiera encarar a la actualidad como Born no puede huir de la reflexión”

“Del cine uno se enamora y no se acuerda por qué se enamora”, nos dice Claudio Zulian cuando le preguntamos por su relación con el séptimo arte. Y le preguntamos esto porque en su último largometraje Born –el tercero de su carrera, el segundo de ficción-, evidencia su amor profundo por el cine, por el mimo en la acción y en la estética. Hay ciertas obras que sólo pueden ser fruto de un romance apasionado y sincero.

“Yo me enamoré del cine cuando tenía dieciséis años quizá porque en el instituto italiano de Barcelona donde estudiaba hacían ciclos de cine y además conocías a los cineastas, fíjate, estuve en una cena con Francesco Rosi, con Zavattini y con toda esta gente. Y me tragué muy tempranamente ciclos de Pasolini, de Fellini, de Rossellini, en un momento en el que estas cosas te impresionan porque tu espíritu está abierto”, confiesa el cineasta.

Cineasta decimos ahora porque promociona una película, pero él es artista, en general, “de hecho empecé como músico, y he escrito libros, he dirigido muchos espectáculos, hago video instalaciones… “ aclara. Hombre de múltiples oficios y “múltiples identidades”: nació en Italia, creció en España, en Cataluña, se doctoró en Francia, se siente de todas estas nacionalidades. “¿Tengo que escoger? ¿Por qué? Al revés, a mí me gustaría plantear estas cosas desde el ámbito de la libertad, porque quien te obliga a definirte, es alguien que quiere que no seas libre. Yo en cada momento ejerzo una parte de lo que es mi historia”.

Esto también tiene que ver con el cine, asegura Zulian, todos somos espectadores de todo, en realidad el público no es un público de palomitas o de cine independiente, esto es un invento de las majors, el problema que tenemos no es en absoluto el público, el problema son las majors que no nos dejan llegar al público. Esa es la verdad. Si nosotros tuviéramos acceso a las pantallas con la misma facilidad que lo tiene Interstellar, -que es una buena película, yo soy fan de la ciencia ficción-, el público sería más libre para escoger”.

Claudio Zulian hacía estas reflexiones después de charlar con nosotros sobre el trasfondo de Born. Antes había hablado sobre ‘las preguntas’, sobre la necesidad de poder preguntar. Cada una de sus palabras puede tener una doble lectura… política y cine no suelen ser una pareja muy bien avenida así que en la sala mejor dejarse llevar por la magia de los retratos efímeros de los personajes que nos presenta Zulian. Personajes reales de la Barcelona del siglo XVIII en plena Guerra de Sucesión.

El film se estrenó el pasado viernes en cines catalanes y mañana llega a la Artistic Metropol de Madrid, y ya que se nos ofrece la oportunidad de poder escoger libremente, nosotros escogemos ver esta película, pequeña, pero gran de belleza.

Crazyminds: Si lo que querías era preguntar a los protagonistas de otro tiempo por lo que pasa en el nuestro, ¿qué respuestas has obtenido de ellos?

Claudio Zulian: ¡He conseguido preguntar! (risas). La película no responde, la película pregunta. Cuando digo esto me refiero a que escenifico la pregunta, porque creo que es fundamental tener la libertad de poder preguntar. Los discursos políticos que circulan, los discursos sobre nuestro destino, incluso los discursos sobre el cine siempre son discursos que intentan como cerrar las opciones de las personas, cuando las personas tienen destinos y deseos múltiples y lo que quieres es poder manifestarlos todos en su complejidad. El momento en el que tú propicias una pregunta creo que estás liberando, creo que estás proponiendo una forma de liberación al espectador… ese es mi intento en todo caso.

C: ¿Y cuál es la mayor de las preguntas?

CZ: Yo creo que la pregunta que se hacen todos mis personajes es una pregunta que tiene que ver con el deseo. ¿Qué desea el calderero cuando acepta todo ese juego de desahucios? ¿Qué desea la mujer cuando encuentra una forma de ser más libre pero poniendo tanto en juego? Gana libertad y gana poder pero a base de prostituirse. ¿Qué desea el burgués, creciendo, creciendo y propiciando una guerra al final? Es una pregunta, la del deseo, que es fundamental en una sociedad como la nuestra.

Cuando sucede una cosa como la de Podemos es que está pasando algo en la sociedad”

C: Y para formular la misma pregunta que nos hacemos nosotros ahora, ¿por qué decides irte tres siglos atrás?

CZ: Porque hay cosas que cuando no funcionan bien te invitan a preguntarte cómo hemos llegado hasta aquí. En este momento creo que estamos todos de acuerdo en que nuestra sociedad no funciona, está atravesada de tensiones muy grandes que se manifiestan de varias maneras. Cuando sucede una cosa como la de Podemos es que está pasando algo en la sociedad, cuando de pronto un partido que no existía se hace con un tercio de los votos es que está pasando algo, independientemente de lo que pienses de Podemos, es un signo de que está pasando algo. Cuando en Cataluña ocurre lo que ocurre está pasando algo, no se puede mirar para otro lado. Si pasan fenómenos macroscópicos de esas dimensiones, imagínate cuando bajas al nivel de las personas, cuántas dudas, cuántas cosas te quedan por preguntar, y la sensación con respecto a estas nuevas propuestas que aparecen. También vehiculan como deseos de cosas en positivo, de cambio. Eso es lo que les pasa a mis personajes, que se imaginan cosas nuevas para sí mismos, quieren ser diferentes de lo que son, ser más libres, pero claro, se enfrentan también a la posibilidad del error, de fallar y de encontrarse en un desastre en vez de encontrarse en ese estado mejor que se habían imaginado, ponen en marcha un mecanismo complejo del que no tienen todos los mandos.

C: Puede salir bien o puede salir mal…

CZ: Claro, la película se sitúa ahí, en el qué decides, cómo encaras esto, cómo haces tu bricolaje.

C: ¿Es tu intención que de alguna manera se politice esta película?

CZ: Si nos referimos a la política en términos concretos…

C: Por ejemplo con respecto a lo que está pasando en Cataluña.

CZ: No, no es mi intención.

C: Pero sí que hay muchos que han ido por ahí.

CZ: Sí, por eso te voy a hacer una diferencia: hay un autor que me gusta mucho que hace la diferencia entre la política y lo político. La política es la política de los partidos, en ese sentido no me interesa nada, mi película se sitúa en otro lugar. Ahora, si tenemos que hablar de lo político sí que me interesa, por eso entro directamente en materia, de cómo se tomaron ciertas decisiones en ese momento y de cómo -yo considero que es político también-, se guía a gente que a lo mejor no pensaba en política para que lo haga; por ejemplo, el personaje del burgués se lleva a la guerra a su criado y al final… ¡va a morir con él! Y dices, ¡hostia! ¿Y el criado en algún momento ha preguntado por ese destino?

C: El espectador puede leer entre líneas pues…

CZ: Una obra de arte, una película, que se quiera encarar a la contemporaneidad, a la actualidad, creo que –al menos mi intención es ésa-, no puede huir de la reflexión, pero sí huir de una especie de cosas sobre el presente que le quitarían todo el sentido.

C: En el tiempo que rodea a la Guerra de Sucesión ‘la solución’ fue muy violenta, ¿cómo equiparar entonces aquella época con la actual?

CZ: Que en ese tiempo la solución fuera muy violenta es también un aviso para nuestra época. Ojo, ¿eh? En Europa las últimas guerras son violentas, ahora mismo hay una guerra en Ucrania, es Europa. No está tan lejos. Ha habido más guerras balcánicas, y… ha habido dos guerras mundiales que han acabado con el continente. En ese sentido sin duda la película tiene algo de aviso sentido de un europeo que recuerda bien lo que pasó, tanto más que esa guerra, la Guerra de Sucesión española, que los historiadores muchas veces la llaman la Primera Guerra Mundial porque se jugó en escenarios diferentes y participaron todos los países europeos hegemónicos de ese momento. Ojo.

18 BORN MARIANNA CATERINA

C: Además es un periodo que marca un antes y un después, un cambio dinástico que llega a hasta nuestros días: los Borbones empezaron a reinar a partir de entonces.

CZ: Sí, sí. Es la guerra que entroniza a los Borbones.

C: En ese sentido, con esta película no sólo consigues escenificar tus preguntas, sino que además incitas al espectador a que después se haga más, a que tenga ganas de descubrir más sobre esta parte de la historia de España.

CZ: ¡Me encanta que me digas esto! (risas). La verdad es que es una de las intenciones. Yo sé que estoy haciendo un espectáculo y por lo tanto lo que quiero es que el espectador… -yo he hablado de la fisicidad de los actores, pero me gusta también que haya erotismo en la imagen-, que el espectador esté ahí sentado y que algo le pase al cuerpo viendo mi película; ahora, a partir de ahí también me gusta que una vez que salga de la sala y esa hora y media se lo haya pasado bien, pues que se lleve esa semillita para seguir dándole vueltas, que revuelva cosas y haga lo que tú has dicho, me alegra mucho…

C: Hiciste esta película porque te enamoraste de un libro del historiador Albert García Espuche, La ciutat del Born, ¿qué tiene para producir en ti tal flechazo?

CZ: Es un libro de microhistoria que trae a la vida este barrio barcelonés que desapareció porque lo destruyeron los soldados franceses de Felipe V para construir el fuerte que se construyó allí como castigo a la ciudad. Felipe V en algún momento quiso destruir Barcelona, arrasarla, y fue un general que era como más racional, el general que había conquistado Barcelona, Berwick, el que le dijo: majestad la podemos arrasar pero necesitamos una plaza fuerte casi en el mismo sitio, así que tendremos que construir otra (risas). Entonces al rey le pareció que era demasiado caro y prefirió hacer un fuerte… Entonces… ¿Dónde estábamos?

C: En el flechazo.

CZ: (Risas) Sí, yo acababa de hacer la película A través del Carmel, mi película documental anterior, y la primera ‘cosa’ fue cuando Albert me explicó el contenido de su libro, incluso antes de leerlo yo sentí que se me ofrecía la oportunidad de hacer un viaje como el que había hecho con mi película anterior pero 300 años antes.

C: Y ahí sí que hay que tirar de las bondades que ofrece la ficción…

CZ: Sí, cuando empecé a hacer ese viaje aparecieron otras cosas, porque lo que había a mi alrededor había cambiado, A través del Carmel era de 2006, que era un momento boyante, el optimismo circulaba por la sociedad, yo me estaba preguntando más sobre cómo era un barrio popular. Cuando empiezo Born en el año 2011 y la ruedo en el 13, las preguntas son otras y de ahí que la película sea otra también.

La luz natural es para mí un elemento poético importante porque eso es lo que trae al tiempo presente ese tiempo pasado”

C: El director de fotografía con el que cuentas, Jimmy Gimferrer, es el mismo que el de Stella Cadente de Lluis Miñarro, así que la imagen es similar, pero además compartís una forma de hacer cine intimista sobre algo quizá más épico, ¿se puede decir que estáis creando tendencia? ¿Un nuevo estilo de cine catalán?

CZ: No lo diría, porque las intenciones de mi película y la de Lluis yo creo que son muy diferentes. Él encara un personaje de la corte, el rey, aunque lo encara desde un punto de vista intimista. La mía es una película coral con intereses sociales, más general. Hemos compartido director de fotografía por casualidad, pero claro, cuando compartes un director de fotografía con tanta personalidad es inevitable que muestre su sello; aún así creo que desde un punto de vista más fino, son diferentes los planteamientos, en mi película hay una insistencia en la luz natural cien por cien en toda la película que le da ese look coherente y que es para mí además un elemento poético importante porque justamente eso es lo que trae al tiempo presente ese tiempo pasado. La luz que baña la ciudad de entonces y la que baña la ciudad de ahora es la misma, justamente esa presencia es una presencia que hace puente con el pasado, algo de entonces todavía es nuestro, la luz.

C: Hay mucha luz de vela… ¿has tenido que pedir lentes a la NASA?

CZ: (Risas) ¿Cómo Stanley Kubrick? El pobre Stanley tuvo la mala suerte de vivir como cuarenta años antes que yo y tuvo que ir a pedir lentes a la NASA (risas). Nosotros simplemente hemos utilizado los últimos avances de la tecnología digital que está al alcance de cualquiera, con una óptica buena y con un director de fotografía magnífico. De hecho hicimos un estudio de luz, lo que sí hemos hecho es aprovechar y probamos con una camarita que acababa de salir que nos permitió hacer lo que hemos hecho, pero no hay inventos del tipo de Kubrick, ¡por suerte!

21 BORN VICENS KIES

C: ¿Te has fijado de alguna manera en Barry Lyndon para retratar el siglo XVIII pero en Barcelona?

CZ: Es obvio que Barry Lyndon es una referencia, pero para mí no es una referencia directa. Mi autor de referencia actual, que es casi de mi generación, es Hou Hsiao-Hsien, el Hou Hsiao-Hsien de El maestro de marionetas y de otras películas que no se han visto tanto en España como Ciudad doliente, Hombres buenos, mujeres buenas… por varias razones, porque realmente él se pone en ese lugar donde intenta interpretar la historia, de Taiwán en ese caso, desde el punto de vista de lo que sucede en la cocina. Tiene ese amor por el detalle, por la verdad de las personas, la verdad psicológica y la verdad de los cuerpos, y a la vez esa comprensión que yo espero transmitir al espectador, una comprensión que supera al individuo, porque hay hechos históricos que te vienen y te llevan quieras o no quieras, como los bombardeos que los pobre europeos han conocido una y otra vez. Está hecho con mucha voluntad de recordar qué es eso, porque los primeros bombardeos de tipo terrorístico que luego los estados practicaron a gran escala se hacen en esa época, creo que el primero en España es de 1697 de la flota francesa en la guerra anterior, en la Guerra de los Nueve Años; y luego en la Guerra de Sucesión, todos los asedios de Barcelona, que hay tres, todos la bombardean, tanto los ingleses como los franceses, los aliados y los felipistas. Hay un personaje que lo recuerda, lo dice: siempre estaremos debajo de las bombas. Creo que es una cosa que a los europeos hay que recordársela de vez en cuando. Estamos viviendo los primeros setenta años de paz en Europa, en esta parte de Europa. Una paz atravesada de malos rollos, de problemas, etcétera que… joder, es muy frágil. Y lo que sucede cuando eso se rompe es esto: que la pobre gente se encuentra debajo de las bombas sin poder ni siquiera interpretarlo. Mi familia italiana por ejemplo, vivió los bombardeos de los aliados que los liberaban.

C: ¿Cómo convencer al público de hoy de que vaya a ver una película enmarcada en la Guerra de Sucesión pero sin nada macabro, sin ‘acción’?

CZ: Es que la película no es una película sobre la Guerra de Sucesión, es una película sobre la historia de las personas que vivieron en ese periodo. La guerra es un trasfondo, de hecho no cobra importancia más que al final, como conclusión, es como un epílogo. Además hay que tener en cuenta que cualquier película de época antes de estos setenta años, es una película de guerra también, porque en Europa hubo guerra todo el rato, la Guerra de Sucesión empieza en 1702, ¡y la guerra anterior había acabado en 1798! En ese sentido ocuparnos de la historia de las personas es también ocuparnos de la historia de las guerras.

C: ¿Cuál es la próxima historia de la que te vas a ocupar?

CZ: Tengo una película rodada en Francia, rodada y medio montada pero se paró todo porque como Born cogió velocidad. Es una película de ficción que se titula Power, no power y es una película muy especial, esa sí que es como más artística, que es con un grupo de chavales de un barrio difícil de París. Durante un año estuvimos trabajando alrededor de cómo se imaginaban ellos qué era tener poder, tanto poder político como imaginario. Rodamos en una localización increíble unos estudios donde se revelaban películas, que habían quebrado por la cosa del digital y… es una película desternillante, la podría titular El rey está desnudo porque son los niños interpretando a los políticos, ¡te mueres de la risa! Además como es una mano inocente… se joden. Son inocentes, nosotros les hemos preguntado y han contestado esto, ¿que duele? Pues hay que joderse (risas).

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