Entrevista Crazyminds con… Claire Burger: “No tenemos la sensación de denigrar a la mujer en ‘Mil noches y una boda’, sino de aportar una mirada tierna”

¿Cómo entender que un pez puede sentirse libre en un pequeño estanque y estancarse cuando lo tiras al mar? ¿Cómo entender que una mujer puede sentirse como ese pez en su estanque de terciopelo rojo, de barras de bar y stripper, y ahogarse cuando le ofrecen ‘la libertad’? La libertad es relativa y ante todo individual. Los directores de Mil noches, una boda (Party Girl) no pretenden ni mucho menos darnos una lección de vida, pero sí nos invitan a repensar las múltiples acepciones de esta palabra que tanto nos llena la boca, una palabra bien desvirtuada. Nos invitan a hacerlo porque la sociedad nos ha educado para entender que lo que hace su protagonista para ganarse la vida no es el camino ideal hacia la libertad, mucho menos hacia la felicidad. A menudo se piensa que la libertad lleva a la felicidad cuando es en realidad la felicidad la que nos lleva a la libertad. Pero la realidad no es ideal y la felicidad es efímera.

El actor Samuel Theis encontró en la figura de su madre, Angélique Litzenburger, la respuesta a muchas preguntas aparentemente retóricas y persuadió a Marie Amachoukeli y Claire Burger para que le ayudaran a contar su historia, o al menos el trasfondo. Los tres juntos han codirigido esta película tan pura y tan íntima y personal concretamente para Samuel: su madre es la protagonista de su propia historia y de la historia que ha quedado plasmada en pantalla. Él también actúa junto a sus tres hermanos. En un acto de amor y valentía esta familia ha desnudado su alma para mostrarla ante el mundo tal cual es y han sido premiados por ello en Cannes.

Ahora toca seguir presentando la película por el mundo. Aterriza en España y como portavoz de los tres directores con ella Claire Burger, que después de hacer parada en el Festival de Cine de Gijón concede un ratito de su tiempo a Crazyminds para hablar de cine y de libertad.

Crazyminds: Al margen de la historia de Angélique, que obviamente dan ganas de contarla, ¿qué es lo que os ha movido a hacer vuestro primer largometraje a los tres a la vez?

Claire Burger: Creo que nos atraía el hecho de vivir una aventura humana, porque es la familia de Samuel, pero los tres estamos muy unidos y… ¡dirigir entre tres no se hace nunca! Creo que nos atraía mucho el simple hecho de preguntarnos: “¿vamos a poder conseguirlo juntos?”. Y además, como dices, Angélique desprende algo, por su carácter, su vida; eso es evidente, pero más allá de eso, metafóricamente hablando, Angélique planteaba muchísimas preguntas que Marie, Samuel y yo nos planteamos en la vida, por ejemplo, como artistas, el hecho de tomar decisiones que nos impiden vivir con la seguridad de poder construir cosas, con una carrera artística siempre vives en el presente, como Angélique, ella siempre vive en el presente y no construye nada. Pero también cuestiones más existenciales, más humanas, como Angélique es muy radical permite plantear estas cuestiones: la cuestión de qué es el compromiso con los demás, ¿estamos solos o podemos establecer relaciones con los otros? Los tres nos planteábamos también cuestiones sobre el amor, ¿en el amor podemos renunciar al deseo por seguridad? Y en la vida, ¿podemos sentirnos más a gusto con la familia de elección, es decir, con los amigos? ¿Qué es lo que nos une a nuestra familia de sangre? Eran cuestiones que por muchas razones Samuel , Marie y yo nos planteábamos juntos y Angélique era nuestro emblema en ese sentido.

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El cine es una herramienta formidable porque puedes tocar la literatura, la música, la representación pictórica… Es un arte completo.”

C: Eso es lo que os ha llevado a hacer esta película… ¿Y para hacer cine?¿Qué os mueve?

CB: Es una pregunta complicada porque creo que es distinto para Samuel, para Marie o para mí, pero… lo que queremos hacer los tres es expresarnos. Creo que el cine es una herramienta formidable porque a través de él puedes tocar la literatura en cierto sentido, en la manera de contar una historia, también la música, la representación pictórica… Es un arte realmente completo. A los tres nos encanta hacer cine, pero, ¿por qué eso y no danza por ejemplo? (risas) Es difícil contestar, es la vida la que nos ha llevado ahí.

C: Es verdad que, como decías, no se suelen dirigir películas entre tres pero últimamente hay muchas firmadas por más de un director, supongo que por la cosa de que la unión hace la fuerza; en ese sentido, ¿cómo habéis conseguido no sólo unir, sino consentir los egos de los demás? Eso por un lado, y por otro, siendo Angélique la protagonista de su propia historia, ¿no ha intentado meter ella también mano en la dirección?

CB: Es verdad que cada vez hay más películas que se codirigen… por dos muchas, por tres, no lo sé.

C: ¡Hasta por seis! (rememorando el caso de Blue Lips)

CB: ¡Seis! (risas) No es algo nuevo claro, el cine es un arte colectivo, es difícil hacer cine uno solo. Durante mucho tiempo no se han mostrado las formas de codirección que existen, por ejemplo a menudo los realizadores eran hombres y las mujeres podían tener una mirada muy implicada en el guión, en el rodaje o en el montaje, pero no aparecían en los créditos, aunque fueran sus mujeres, las mujeres de los directores. Muchos cineastas tienen también relaciones de colaboración muy fuertes con su productor, con el director de fotografía, con el ayudante de dirección, a veces es casi una codirección, pero nunca aparece así en los créditos. En nuestro caso tenemos tanto ego cada uno de nosotros que aparecemos los tres. Cuando las ideas circulan es difícil decir quién ha pensado qué, darle una propiedad intelectual a cada idea, por lo tanto al final decidimos que si hacíamos una película juntos seríamos los tres los directores y que estaríamos al mismo nivel. Eso no nos daba miedo, lo que quizá nos daba miedo era ‘maltratarnos’ un poco en la colaboración (risas). Al final incluso habiendo codirigido sigue siendo muy difícil la cuestión de los egos, no tanto durante el trabajo, porque el cine puede ser como la música, podemos ser como un grupo de rock, o como un cuarteto de música clásica en el que cada uno aporta cosas y al final el resultado es colectivo; pero como en los grupos de rock la exposición es muy difícil, porque los egos de repente maltratan un poco. Es difícil hablar a tres voces frente a los periodistas, siempre nos preguntan quién ha hecho qué, quién es el jefe (risas). Para Samuel era difícil porque Marie y yo habíamos estado en la escuela de cine, ya habíamos dirigido, a él le daba mucho miedo que no se le considerara como director; pero por otro lado también es difícil para Marie y para mí, porque al ser el hijo de Angélique la gente sólo se interesa por el hecho de que él haya dirigido a su madre. Por lo tanto quizá lo único que es realmente difícil en la codirección, no es lo que imagina la gente, no es la autoridad, no son las decisiones, porque es verdad que se gana en inteligencia, cuantos más cerebros estén trabajando mejor, lo difícil son los egos.

¡Y para Angélique también! Ella durante el rodaje estaba muy implicada, fue muy generosa porque se acordaba constantemente de que tenía mucha suerte, de que hay muchos actores que sueñan con tener un papel protagonista en una película, ir a Cannes, tener premios… Ella trabajó con mucha seriedad, pero ahora, también hay que tener cuidado con su ego (risas), porque es su vida, es un papel protagonista. A veces es difícil incluso para Joseph Bour, que hace del marido, él ha trabajado muchísimo como actor pero como no es su vida real ¡nadie se interesa por él!

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Codirigir en cine puede ser como un grupo de rock: el resultado es colectivo, pero la exposición es difícil por los egos”

C: No sé si conocías a Angélique desde hace mucho tiempo pero, cuando escuchasteis por primera vez la propuesta de Samuel, ¿qué se os pasó por la cabeza?

CB: La historia es que Samuel y yo nos conocemos desde hace casi veinte años, por lo tanto hace veinte años que conozco a Angélique. En 2008, cuando terminamos en la escuela de cine, hice un cortometraje en el que actuaba Samuel y había un pequeño papel también para su madre, y también para su hermano. El corto tuvo muchísimo éxito y la gente se interesaba particularmente por el personaje de Angélique. Creo que Samuel estaba un poco frustrado porque era una aventura muy especial para él, muy particular -porque un actor tiene la costumbre de interpretar pero no con su familia-, y esta experiencia fue muy chocante para él, le marcó mucho porque creo que quería ser director también de aquel proyecto pero no podía hacerlo solo porque todavía no había hecho cine como director, así que se acercó a nosotros porque habíamos hecho películas y porque éramos sus amigos más cercanos. Para nosotros después era interesante volver a trabajar con Angélique porque ya habíamos visto hasta qué punto era buena actriz y hasta qué punto su personaje tenía un potencial.

C: Es desde luego un bonito homenaje de un hijo a una madre, pero durante el rodaje, ¿tuvieron reparos en mostrar alguna parte de su ‘realidad’?

CB: Samuel no lo creo, porque desde el principio entendió que solo podíamos hacer la película si tratábamos a su madre como un personaje, había que olvidar que era su madre. Angélique… ella es alguien muy especial incluso con sus hijos, es alguien que actúa mucho también en la vida, como una actriz. No creo que fuera difícil para ella enfrentarse a sus hijos ni a la hora de interpretar, ni porque Samuel fuera su director, de hecho quizá estaba más cómoda precisamente porque su hijo era director.

C: De lo que mostráis en la película ¿qué es ficción y qué es realidad?

CB: No me gusta esa pregunta (risas) porque es muy difícil contestar y tampoco sé si es interesante contestar… Porque es una película que se escribió, las escenas están guionizadas, hay cosas que no ocurrieron así en la vida pero se inspiran en hechos reales. Sí, Angélique trabajaba en lo que trabajaba, se casó, pero se casó tres veces por ejemplo (risas), tuvo cuatro hijos de verdad y una de sus hijas se crió en una familia de acogida, pero eso es muy vago para la historia, lo que es verdad son los sentimientos que existen entre Angélique y sus hijos, y lo que es verdad es su personalidad que parece que se transfiere a la película. Pero eso pasa para cualquier película, la personalidad de los actores puede traspasar la pantalla y a veces las historias se inspiran en gente o cosas que han ocurrido realmente, por lo tanto es difícil decir si algo es verdadero o no. Todo estaba escrito y en todas las escenas interpretan, incluso en las escenas de familia, en las de emoción, están actuando. Luego creo que lo único real que tiene que traspasarse a la pantalla son las emociones que sienten.

C: Puede que la pregunta que te voy a hacer ahora la hayan formulado aquí más hombres que mujeres –quizá por un sentimiento paternalista hacia el sexo contrario-: ¿cómo retratar a una figura femenina, que trabaja en un cabaret, sin degradar al género?

CB: Nosotros no tenemos la sensación de estar denigrándola, tenemos la sensación de estar aportando una mirada tierna, pero era importante también no mostrar solo nuestra fascinación por ella, sino mostrar también aspectos más duros de su personalidad. Es interesante ver como cuando viajamos con la película en función de donde la presentamos notamos que la mirada sobre el personaje de Angélique y su personalidad es distinta. Por ejemplo en el norte de Europa nunca nos dicen que la película sea triste o dura, o que el personaje de Angélique sea complicado, nos damos cuenta que en el norte destacan sobre todo el aspecto de libertad, están conformes con que el personaje sea libre así. En el sur de Europa me hablan mucho de la familia, de que es una mujer dura, que está sola, que el final es triste, y notamos que a los periodistas les molesta un poco, quizá se sienten un poco incómodos con lo que representa ella. Creo que eso es un reflejo de la sociedad y de la cultura de los países. Nosotros somos franceses, estamos en el medio de Europa (risas), no tenemos en absoluto la impresión de estar juzgando al personaje, creo que el hecho de que sea libre así para nosotros es muy positivo, pero quizá tenemos también ese punto latino, vemos que sus decisiones son muy marginales y que aunque sea libre, está muy sola. Lo que es interesante del personaje es que es tan radical en sus decisiones, en lo que representan, que permite ilustrar muchas cuestiones existenciales: sobre la libertad, el egoísmo, qué es lo que nos une a los demás, qué es el amor, qué es el compromiso, qué es la construcción, o plantearnos si el amor no es ni construcción, ni compromiso y es solo deseo, presente puro.

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C: En cualquier caso, la realidad que rodea a Angélique, es la realidad de muchas personas, habéis retratado algo que se vive en la frontera entre Francia y Alemania. ¿Os habéis planteado no guionizar esto, hacer un documental?

CB: No (risas). Me gustan mucho los documentales, pero lo bueno de la ficción es que precisamente asumes el hecho de que es un punto de vista, es una mirada que tienes sobre las cosas. Por ejemplo en la frontera franco-alemana, que es mi región, hay mucha gente que no habla alemán, yo no hablo alemán, pero para mostrarlo, para mostrar que existe el bilingüismo hacemos como si todo el mundo se entendiera a ambos lados. Me gusta que la ficción permita estilizar las cosas, depurarlas, porque a veces para contar algo que es real hay que mostrar algo falso. A veces diciendo algo falso, se entiende mejor la verdad. En los documentales estas cuestiones son muy difíciles por razones éticas, es muy difícil hacer trampa. En cualquier caso alguien que hace un documental tiene su propia mirada, pero nosotros muy desde el principio queríamos hacer una ficción porque asumíamos el hecho de que era una mirada. Angélique es un personaje, en la vida se parece al personaje pero no es el personaje. Hemos trabajado con ella y hemos cambiado muchas cosas, hay cosas que hemos borrado, cosas que hemos decidido no mostrar, y hay cosas que hemos fabricado con ella. Con un documental habríamos tenido también que elegir, tomar decisiones, pero creo que os habría sorprendido quién es verdaderamente Angélique.

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