‘El puente de los espías’ de Steven Spielberg

Aviso: Esta no es una película de espías. Así es, aunque el título de la película (algo reprochable) pueda hacer pensar lo contrario. Esta es una película de hombres corrientes llegando más allá que los propios espías de la Guerra Fría, y a su vez, salvándolos. Y es que son estos hombres corrientes como Jim Donovan (Tom Hanks) quienes lograron en algún momento hacer entrar en razón a las dos grandes potencias mundiales de la Guerra Fría, y no precisamente a través de las amenazas o el miedo.

Spielberg aporta a través de un personaje muy bien definido (a través de sus acciones en la propia película) una mirada fresca a la Guerra Fría, una mirada ajena a las preocupaciones políticas o ideológicas de la época; una mirada más humanista. Y es que el gran logro de la película es este, el tratamiento humano de una época fría (valga la redundancia) y en la que los hombres quedaron empequeñecidos ante la amenaza nuclear constante entre los dos gigantes. En El Puente de los Espías Jim Donovan decide no ser un títere de su gobierno, no por traición, sino por convicciones propias y afrontar así un conflicto internacional él solo. De este modo Spielberg hace enorme a un hombre, elevándolo por encima de gobiernos, ideologías o creencias.

Resulta interesante el hecho de que en El Puente de los Espías los conflictos nunca llegan a superar a los personajes. Es decir, pese a haber escenas en las que Spielberg utiliza mecanismos de suspense y el espectador llega a poner en duda su resolución, estos conflictos se resuelven siempre con una rapidez o facilidad poco común. Esta carencia o acotamiento de los momentos de suspensión dramática apoyan la idea de que pese a la imponente fachada de gravedad de la Guerra Fría, la realidad era únicamente una profunda falta de diálogo y aceptación. El conflicto no era más grande que las personas, y Spielberg lo ha demostrado con una sola imagen; un hombre haciendo esperar a las dos mayores potencias mundiales de su tiempo en medio de un puente helado en el viejo continente.

Para acabar diré que esta película deja una extraña sensación contradictoria. Por un lado, uno se puede dejar maravillar por la impecable dirección de fotografía del oscarizado Janusz Kaminski, los trajes, el humo y todos estos elementos que pueden recordarnos a la gravedad de algunas películas del cine noir de los 50 (lo cierto es que no me molestaría que la película fuese en blanco y negro), pero a su vez, la película elude en muchos momentos un tratamiento más melodramático o épico, dotándola así de una curiosa ligereza. Gracias Spielberg, pero gracias también Ethan y Joel Coen por su papel como guionistas.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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