El escándalo de Mi Gran Noche

Aprovechando la gran “Fiesta del Cine” uno se adentra en el cine con los ojos cegados por el des-cuento. Casi sin mirar la cartelera es normal verse moralmente obligado a ir al cine para aprovechar estos tres días de excepcionalidad, y claro a 2.90 uno le pide pocos requisitos a la película.

Esa fue, a priori mi justificación para ir a ver Mi Gran Noche, medio broma medio en serio, he de admitir que temía una sobredosis de caspa española, rematada con chistes malos, un Raphael más que gratuito y actores que se aparecen hasta en sueños. Incluso la aparición del trailer promocional de 8 Apellidos Catalanes parecía una advertencia de lo que estábamos a punto de presenciar. En serio, ¿por qué Berto Romero va de hipster? El caso es que me vi sentado frente a la pantalla negra esperando otra españolada consentida, un cliché terriblemente autoconsciente y delirante. Y justamente eso fue lo que vi. Y me encantó.

Álex de la Iglesia nos ha demostrado muchas veces que a esperpéntico no le gana nadie (¿Os acordáis de El Día de la Bestia?), si tiene que tirar de farándula no lo hará como requisito promocional, sino que va a aprovechar todos y cada uno de los momentos para caricaturizar al máximo. Mi Gran Noche es el petardeo elevado al mil, nada puede ser más surrealista, más forzado, más deli-rante. Por una parte, como ya comentábamos tenemos a la “créme” de la interpretación en nuestro país. Que no falten Santiago Segura ni Carmen Machi, que no falten aquellos jóvenes actores que uno sólo puede ubicar a series o personajes, ajeno a su nombre real. Que no falten Raphael con capa ni Mario Casas imitando a Chayanne. Que sean absurdos, exagerados, grotescos y que se autoparodien, que se autoparodien mucho. Por otra parte tenemos el trasfondo de todo, más petardeo: la gala de fin de año, la cosa más artificial que existe, en la que sólo asisten personajes artificiales, memes de cartón-piedra made in Spain, junto a diálogos, situaciones y escenas tan forzadas que uno no puede dejar de reír. De la Iglesia se apodera de lo artificial y lo ensalza para ridiculizarlo, para que nos demos cuenta de la gran broma que es todo y nos pongamos a reír de los hitos que nos ha dado la parafernalia televisiva. No siempre hay que ser sutil para criticar, cuanto más exagerado y explícito, más gorda la puedes montar y en su caso, más resultón y atrevido resulta el experimento.

En definitiva, si quieres ver una película con un humor peculiar, muy a la española pero sin evitar cierta crítica, te la recomiendo. Algo entretenido y que acaba siendo hablar de uno mismo para reírse de lo banal que es todo, de los aplausos y las carcajadas enlatadas, del oasis televisivo de la felicidad cuando hay problemas reales ahí fuera, del cava de lujo que es atrezzo y qué coño, del divo de Raphael con capa.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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