jueves, febrero 20, 2020

Birdman vuela a ras de suelo

Cine Birdman vuela a ras de suelo

Dice Joaquín Sabina en una de sus canciones: “Algunas veces vuelo/y otras veces/me arrastro demasiado a ras de suelo”. Birdman, la película que intenta demostrarnos que el mejicano Alejandro González Iñárritu, además de retratar el dolor y la desolación, y de calcular el peso del alma de un hombre después de cruzar el Leteo, también sabe hacer chistes, y puede ser la alegría de la huerta, me recuerda ese arranque sabinero.

Birdman es un salto en el vacío por triplicado. El primero es el del director, que después de cuatro películas esculpiendo el malestar de los seres humanos, siempre al servicio de los dados del destino, se atreve con la comedia de sabor amargo, para contarnos qué es eso de Broadway, y cómo funciona por dentro, en un intento de conjugar Eva al desnudo con El Crepúsculo de los dioses, en los tiempos del hashtag y del retuit. Los ojos de Bette Davis convertidos en arrobas y almohadillas, si es que alguna vez no lo fueron. La comedia, ese campo de minas. El segundo salto lo realiza el reparto, muy bien elegido, pero con unos actores que se prestan a interpretar una parodia de sí mismos (espectacular la de Edward Norton), y al mismo tiempo a exponer su verdadero físico a los críticos y espectadores, debido a un rodaje a planos únicos que dificulta la iluminación de las estrellas, que es lo que potencia su brillo. Tal vez Michael Keaton pueda permitírselo, pero Emma Stone no debería. El tercer y último salto, inverso y con doble tirabuzón, lo ejecuta Riggan Thomson, protagonista de la película. Actor veterano que ganó su fama y su dinero a golpe de cine comercial y de la saga de un superhéroe con plumas y pico, que decide dar un giro a su carrera con el montaje de una obra de Raymond Carver en el circuito teatral de Nueva York. La crítica, siempre ortodoxa, afila los cuchillos para darle la bienvenida al neófito. Aunque él conserva poderes en la manga. Saltos al vacío, apuestas que pueden salir bien o no.

Del salto del protagonista no hablaré, por razones obvias. No es mi intención reventar la película a nadie. De los otros dos saltos, hay uno bueno, y otro a medias. Los actores de la película están a un alto nivel, con la dificultad añadida de tener que hacerlo todo en plano secuencia, por lo que deben de estar atentos todo el tiempo porque deben de actuar todo el tiempo. No hay cortes para repasarte una línea de guión. Si se exponen a reírse de sí mismos o a aparecer más o menos feos, porque es más o menos difícil iluminarles, es algo que asumen cuando aceptan el papel. Genial Edward Norton. Maravillosas las mujeres. Por poner una pega al reparto: la interpretación de Keaton, que chirría en algunas escenas.

_AF_6405.CR2

En cambio, lo referente al proyecto y dirección, tiene más lagunas. La historia es llamativa. No es original del todo, porque cualquier cinéfilo medio ha visto películas donde se describe la vida entre bambalinas, pero lo saben compensar al introducir críticas más centradas en la profesión en estos tiempos, donde el valor cinematográfico de alguien ya no se mide por su último trabajo como antes, sino por su última aparición en las redes sociales. El guión es certero en las descripciones, y directo en las críticas, pero en los espacios que quedan entre medias baja el nivel y a veces es demasiado flojo. Es cuando la película en vez de volar alto, va a ras de suelo. El exceso de carga, querer tocar muchos palos, que lastra las alas.

La dirección, lo mismo. Podríamos llamarla original de no haber existido Welles, Berlanga, o Scorsese (entre otros ejemplos) previamente. Porque un plano secuencia gusta, por la complicación técnica, y si está hecho bien puede provocar excitaciones, pero a estas alturas ya no inventas la pólvora. Puedes innovar, hacerlo más complejo y embrollado. Se hará más atractivo, claro, pero poco más. Eso sí, se distingue de aquellos tres, en que Alejandro empalma los planos secuencias y parece que toda la película es un plano secuencia. Pero eso también estaba inventado. Además, a veces los planos no están bien pegados y huele demasiado a pegamento.

El resultado final es bastante alto, aunque al menos para quien les escribe esto, le pareció un poco inestable. No es redondo.

González Iñárritu realiza con Birdman su particular versión de Gravity, rodando la película en un único (y falso) plano secuencia, y haciendo flotar al plano y a sus protagonistas en un universo en el que también te puede faltar el oxígeno, con la intención de alcanzar el Oscar que no consiguió su compatriota Alfonso Cuarón hace un año a pesar de las buenas críticas, de los aplausos de la gente, y del favoritismo en las quinielas. Pronto veremos el resultado. Si no se lleva el premio podrá, al igual que Joaquín Sabina, hablarle a la Luna de “esa amante inoportuna/que se llama Soledad”.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7.5/10