martes, noviembre 12, 2019

Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)

Cine Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)

Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown), que ya había estado recorriendo festivales durante año y medio, llegó a la última y reciente edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla con todas las papeletas de llevarse el Gran Premio del Público. Lo nuevo de Felix van Groeningen ha sido comparado por algunos con Declaración de guerra (2011), de la realizadora francesa Valérie Donzelli. Ambos filmes comparten no solo argumento – la historia de amor de una joven y poco convencional pareja que tendrá que luchar contra el tumor cerebral que padece su hijo – sino también voluntad. Voluntad de retratar un canto a la vida y el amor y de declararle la guerra a la enfermedad y la pérdida.

Si el drama autobiográfico de Donzelli – recordemos que la realizadora, también actriz protagonista, y el actor Jérémie Elkaïm pasaron por la misma experiencia con el hijo que ambos comparten en la vida real y que podemos ver en el filme – pretendía, además de narrar una tragedia con distancia, seguridad y descaro, lanzar un mensaje final en reconocimiento y defensa de la sanidad pública, Alabama Monroe termina posicionándose en contra de las leyes que prohíben la investigación con células madre. Si bien puede parecer que este discurso no termina de integrarse bien en la cinta – las apariciones de George Bush hijo en televisión hablando tanto de la investigación biomédica como sobre el 11S resultan hasta panfletarias por lo inconexas-, éste le sirve a Groeningen para derribar uno los pilares sobre los que se erigían las vidas de los protagonistas: el sueño americano con el que Didier fantaseaba y que se verá contrapuesto a una cultura plagada de fundamentalismos como es la estadounidense.

Y si Didier ve esfumarse sus sueños, Elise verá cómo se tambalea su fe tras la pérdida de su hija. Con tanta decepción al final descubrimos que Alabama Monroe es, a pesar de la música country y la pasional historia de amor entre los protagonistas, mucho más trágica que su predecesora. Los dos personajes acabarán declarándose la guerra a ellos mismos, algo que no ocurría en el filme de Donzelli, incluso cuando se insinúa que terminan separándose. Descubrimos al final que el comportamiento transgresor de los protagonistas no debe ser entendido como consecuencia de una paternidad temprana y juvenil – de hecho, Juliette y Romeo se muestran mil veces más serenos y calmados que Elise y Didier, si bien es cierto que ellos no llegan a experimentar la pérdida -, sino de existencias en realidad atormentadas por la necesidad de creer o no en algo y por el miedo a que no exista la felicidad completa.

Pero además de las diferencias entre el tono y los personajes de ambas películas, hay que reconocer que la agilidad del relato de Groeningen no va más allá de una resolutiva y conmovedora combinación entre bluegrass y saltos temporales hacia delante y hacia detrás. Mientras, la película de Donzellli es un ejercicio de realización más creativo en sus formas y montaje, más reflexivo que tramposo como el de Alabama y rico en sus asociaciones de imágenes, en las que hay cabida incluso para mecanismos de extrañamiento bastante más sutiles y frescos que esa suerte de alucinación que parece tener Elise antes de morir o el momento en que esta parece salirse de su cuerpo para contemplar a su marido.

El empleo de la parodia del luto y ritos como el llanto o el rezo – los personajes de la realizadora francesa apenas lloran, sino que se expresan de manera más vital, corriendo, golpeando o gritando – o la selección de música sumamente heterogénea – desde clásica a electrónica – son algunos de los recursos con los que Donzelli sortea el melodrama barato en el que podría haber resultado una historia sobre enfermedad. Y es curioso, porque a pesar de lo irreverente de la francesa, incomoda más la escena del grupo musical de Alabama Monroe cantándole a Elise en su lecho de muerte que escuchar a Romeo decir frívolamente que siente que la niña de la habitación de al lado haya fallecido. Puede que el problema sea que Alabama Monroe no logra el mismo éxito enfrentándose a la pérdida a través del lirismo musical, pero al fin y al cabo no deja de transgredir, de manera menos innovadora pero con la misma sana intención que Declaración de guerra, los cánones de familia convencionales y, sobre todo, de devolver a sus personajes el derecho a seguir viviendo, a pesar de la muerte, que tantos y tantos filmes anteriores nos habían negado.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10