Manhattan, el inicio de la bomba atómica.

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Queda claro que hay demasiadas series, mucho tiempo del que podemos disfrutar de novedades, de series que temporada tras temporada no decaen, y entre tanto que elegir ¿qué hacemos? ¿qué vemos?, y sobre todo para los directivos de ciertas cadenas ¿cómo lo hacen para que se vea su serie, para hacer que los premios y críticos caigan rendidos?. Y es que tras las cadenas en abierto, llegaron las cadenas de cable (básico y premium como AMC y HBO respectivamente) que querían que el espectador se abonara, mientras descubrieron las mieles de la venta internacional. Así, WGN America optó por un drama de época (Manhattan es su segunda serie propia), otra serie de la que poco se habla, pero ¿cuánta gente vio The Wire en sus inicios? aunque, claro, la competencia, no es la misma.

Sabemos que sucedió y cómo finalizo la segunda guerra mundial, sabemos qué hechos desencadenaron tanto para terminar como comenzar una de tantas guerras crueles; hemos visto muchos puntos de vista (y lo que nos quedarán) pero ¿y los científicos que estuvieron en el proyecto Manhattan? ¿qué sucedió con ellos? Partamos de la base, que la serie presenta historias que pudieron o no darse, ya que no todos los personajes que vemos en la serie existieron ni se basan en las vivencias de personas reales.

Como siempre, SPOILERS a partir de ahora, si bien sólo de la primera temporada.

Comenzamos, como sucede cuando se nos quiere poner en antecedentes, con la llegada del matrimonio Isaacs (Rachel Brosnahan y Ashley Zukerman), que vienen ilusionados y a la vez perdidos: no saben dónde van, pero están ilusionados ante un nuevo reto junto a su hijo pequeño. El lugar donde deben llegar: un desierto, lugar inhóspito rodeados de militares. A través de ellos vemos la vida en la base y en el trabajo, y lo que llega a hacerse por amor (hacia el trabajo, uno mismo, la pareja). Personajes que cambian su percepción y descubren no sólo secretos, si no a sí mismos.

Porque los secretos son importantes y juegan su aquel en la serie, no sólo los planos y los secretos que se venden y sus consecuencias, ya vistas desde el primer episodio con el personaje de Sid Liao (Eddie Shin) quien, toma una decisión complicada por su vida personal; lo que provoca que los demás personajes empiecen a tener dudas, sobre todo otros personajes principales como Frank Winter (John Benjamin Hickey) su jefe dentro de su grupo, y los militares entre quién manda, el Coronel Alden Cox (Mark Moses) y quién toma la acacia decisión de disparar el soldado Cole Dunlavey (Jefferson White). Pero no serán las dudas de si Liao era un espía o no las únicas que alimentaran una paranoia que tiene que ver con la pérdida de derechos, las dudas hacía el trabajo que realizan los marido, ya que apenas hay una mujer que trabaja como científica, Helen (Katja Herbers).

Y es que, imaginaros estando en un sitio secreto donde no podéis indicarlo a vuestros familiares, pinchados los teléfonos, leídas vuestras cartas, y en un ambiente no precisamente de lujo, claro que sin olvidar que se está mejor que quienes están en la guerra luchando. Una difícil decisión, ¿uno se debe quejar o sobrevivir?, lo mejor es trabajar, mientras también se lucha contra uno mismo.

Porque, ser adulto no es fácil y menos en un lugar que no se puede preguntar. Ahí vemos nacer la atracción entre Abby Isaccs y su vecina francesa Elodie (Carole Weyers), además de descubrir los ¿problemas? que tiene Liza Winter (Olivia Williams), y lo pongo en interrogante porque no creo que los familiares, ni ya los científicos estén libres de la contaminación derivada de sus experimentos, tal y como se puede ver en las abejas.

Y hablando de Liza Winter y Abby Isaccs, donde caben destacar junto a la científica Helen, personajes fuertes femeninos en una época que les limita, Helen no puede casarse sino no podría está ahí, Liza Winter debió dejar sus proyectos para que su marido pudiera trabajar y vemos que la protección de los padres de Abby Isaacs (judíos ricos, que tendrá su importancia en el final) no han parado el crecimiento personal al que debe enfrentarse como adulta.

Si bien, todos cambian, al igual que los personajes masculinos, como Frank Winters e Isaccs, ambos científicos que llevaron a sus mujeres a los campamentos cambian en cómo se consideran mutuamente y como obtener lo que quieren, esto es el fin de la guerra, la invención de la bomba atómica conllevara el fin de la guerra, de más muertos, pero también un alto precio.

El amor, la frustración, y el incierto futuro se mezclan con la desazón y los secretos, que más pedir a una serie que tiene el ritmo óptimo para seguir las aventuras, desventuras y hacernos cercano esa pequeña parte de la historia. Y sobre todo, es de agradecer que no se caiga en la sensiblería patriótica que podía haber lastrado un buen producto: la guerra estaba en el otro lado del Atlántico, aunque fueran los estadounidenses quienes tuvieran el dinero y mandaran tropas.

Ahora sólo queda ver la segunda temporada y ver cuánto daño puede hacer un enemigo interno (aunque queda la duda de cómo podía tener tanta información y saber de los parientes de Abby), ya disponible tanto doblada como en versión original y esperar qué sucede, y sobre todo, si finalmente hay tercera temporada o solo nos quedaremos en otra buena serie que hemos de decir adiós con dolor.