The National, a paso lento pero seguro

El próximo 8 de septiembre se estrena el que será séptimo álbum de estudio de los norteamericanos The National, quienes han conseguido, con un sonido melancólico y rico en matices sonoros, pasar de ser un acto marginal acostumbrado a tocar en locales medio –o totalmente- vacíos, a llenar estadios, festivales y salas de conciertos.

Forjado a partir de dos pares de hermanos –Aaron y Bryce Dessner, y Scott y Bryan Devendorf– y encabezado por el cerebro y alma del letrista Matt Berninger, The National no es tu típico grupo indie-rock. A medio caballo entre el rock, el chamber pop y la americana, los de Brooklyn han forjado un sonido propio, íntimo, entrañable y cargado de nostalgia.

Primeros años: 1999-2004

Los dos primeros álbumes de The National -The National y Sad Songs For Dirty Lovers- mostraban una música aún en formación, ya con atisbos de su sonido actual pero mucho más enfilada hacia un tipo de rock suave, enraízado en la música de raíces americana. En aquellos trabajos, faltaba aún la multiinstrumentalidad que caracteriza ahora a las envolventes piezas del quinteto indie.

Formada en 1999, la banda nacía en Nueva York a la par de otras grandes del rock alternativo de principios del nuevo siglo. Coetáneos de The National fueron los Strokes, de reconocimiento instantáneo con su álbum de debut Is This It en 2001; así como Interpol y sus primeros grandes éxitos con Turn On The Bright Lights y Antics, con más de 300.000 copias vendidas cada uno hacia el año 2004.

The National nacían en los márgenes de esa escena neoyorkina. Durante sus primeros años, tendrían que mantener trabajos paralelos a la música y enfrentarse, en repetidas ocasiones, a escenarios vacíos. Incluso, como ha afirmado Berninger en entrevistas, una vez les pagaron para que no actuasen debido a la baja venta de entradas para su concierto.

Si bien The National (2001, Brassland) no pasa de ser un disco primerizo, de sentar bases más bien líricas que sonoras –la metáfora melancólica siempre fue la firma de Berninger-, en Sad Songs For Dirty Lovers (2003, Talitres) los de Brooklyn ya firmaban canciones tan memorables y tan propias como Slipping Husband o Cardinal Song –una canción a la que recuerdan algunos de los adelantos que han sacado para su inminente Sleep Well Beast-.

En busca de su ser: el Cherry Tree EP

En 2004 el quinteto seguía sin ser conocido y estrenaba ya su tercer álbum, un EP de siete canciones y de nombre Cherry Tree (Shake It Records). En este álbum se comenzaba a forjar el sonido actual de la banda, parejo a la riqueza lírica de sus temas. En ese mismo año, los miembros de la banda pudieron dejar sus trabajos paralelos y dedicarse a la música de pleno.

Especialmente a lo largo de las cinco primeras canciones del trabajo, los norteamericanos desplegaban, como dice esta crítica de Sputnik Music, aquellas “cualidades que acabaron por definirlos: los refinados arreglos de los gemelos Dessner, el rico barítono de Matt Berninger y los ritmos inventivos de Bryan Devendorf”. A estas características, son de añadir las entrañables letras de Berninger, comenzando por la introductora Wasp Nest: “you’re a wasp nest, you’re a wasp nest”, reprocha con su voz lacónica a una mujer que le ha hecho daño.

Respecto a los temas, el líder de The National ha reconocido en múltiples ocasiones que las letras del grupo son, ante todo, metáforas “traviesas” que nacen una vez la música está ya compuesta:

Es la melodía y el ritmo lo que, de lejos, más importa. Y luego las palabras, las imágenes, los fragmentos de una historia comenzarán a adherirse a la melodía y esa es la forma en la que escribo. Nunca me siento a escribir un diario con letras. Muchas veces intento poner por escrito un sentimiento, no una historia. No trato de describir los detalles de un lugar o evento, sino el sentimiento que me produce.

(The Talks, 2013)

Una misiva que ha predominado, desde Cherry Tree hasta los últimos adelantos de su próximo álbum. En el mencionado álbum, también encontramos la popular About Today, la canción en directo Murder Me Rachael, u otras como All The Wine o All-Dolled Up in Straps. Todas ellas, punzantes odas al desamor, a la ansiedad, a ese angst de vivir añorando lo perdido y temiendo el porvenir.

Sobre Cherry Tree, los de Brooklyn imprimen un ambiente sonoro propio, y lo hacen canción por canción. Melodías basadas en su mayoría en la repetición de elementos –sobre todo en el bajo y la percusión- con pequeñas variaciones que las ascienden y llevan hacia su máximo desarrollo, generalmente vertebrado por el sonido de las cuerdas como base para la voz barítona de Matt Berninger.

Ganando notoriedad, de Alligator a High Violet

Los álbumes de The National, a partir de este punto, son definitivamente álbumes que crecen en uno a medida que los escucha. Si bien al principio puede que sólo se ponga la atención en una canción o dos -aquellas con más gancho lírico o musical-, la riqueza de estas piezas reside en todo lo que se puede descubrir en ellas a medida que se escuchan una y otra vez. Una capacidad de ‘crecer en uno’ que es indudable en los trabajos que comenzaron a lanzar los norteamericanos a partir de 2005. Todos ellos magníficos, representan distintas manifestaciones del sonido de la banda, y se tornan eternos compañeros de vida para aquellos dispuestos a ofrecerles horas de escucha.

En ese mismo año, llegaba Alligator (Beggars Banquet Records). El álbum fue aclamado por publicaciones como AllMusic, NME, Billboard, E! Online o Entertainment Weekly.

Alligator comenzó a atraer mucha más notoriedad a la banda, consiguiéndoles por primera vez un lleno absoluto en conciertos. A raíz de Alligator, realizaron un tour que les llevó por Europa y los Estados Unidos para interpretar canciones como Daughters of the Soho Riots o Baby, We’ll Be Fine. Sin embargo, seguían sin gozar de un amplio reconocimiento. En muchos de los conciertos de su gira por Estados Unidos, el público se iba nada más acabar la actuación de sus teloneros, Clap Your Hands Say Yeah!.

La percusión como base para todo el disco, adornada a través del resto de instrumentos y de la voz, lograba en este álbum una textura chamber pop que permanecería ya impresa en el sonido de los de Brooklyn para siempre.

Con Alligator, The National habían conseguido ya su sonido y tan sólo podían, a partir de ahora, mejorarlo. Para ello, llegaría Boxer (2007, Beggars Banquet Records).

Reconocido como uno de los mejores álbumes de ese mismo año, Boxer no llegó sin su dosis de complejidad. Según la banda reconoció tras haberlo publicado, la producción de The Boxer supuso un arduo trabajo. Unos seis meses de encierro en el estudio, en que los niveles de creatividad estaban muy bajos. Y es que, movidos por el éxito de Alligator, los neoyorkinos se habían precipitado ante un nuevo trabajo sin tener ideas para ninguna canción.

Aún así, Boxer dejó piezas memorables. En su momento, llamó la atención el hecho de que Berninger no grite desgarradamente en ninguna de las canciones del álbum, dando en esta ocasión pie a una vena más introspectiva y tratando temas como la muerte, la sociedad o las relaciones humanas. Distintos sketches y viñetas que nos presentan situaciones de vida, de manera más o menos abstracta. Comienza el álbum con el memorable inicio de piano de Fake Empire –canción usada para promocionar la campaña electoral de Obama en ese mismo año-, para traer otras piezas como la canción de amor Slow Show. 

Green Gloves, por su parte, es una magnífica oda al recuerdo. En ella, The National hablan sobre la sensación de encarnar a otra persona mediante el recuerdo. Sobre cómo, al pensar en alguien que ya no está en la vida de uno, quizás sin darse cuenta uno se sienta identificado con esa persona, y vea el mundo a través de sus ojos, a través de sus ‘guantes verdes’. Siguiendo la misma línea conceptual encontramos una de las canciones más conocidas del álbum, Mistaken For Strangers, que daría título al documental que el hermano de Matt Berninger estrenaría en 2013 sobre un tour de la banda. 

Con un documental y un álbum de rarezas de por medio –The Virginia EP, auténtica joya con canciones muy recomendables como Santa Clara, You’ve Done It Again, Virginia o la conmovedora cover de Mansion On The Hill de Bruce Springsteen-, aterrizaron en su actual discográfica, 4AD, con High Violet en 2009.

High Violet supuso la confirmación del éxito de público y comercial de la banda, y también la confirmación de que esta es capaz de saber mantener su esencia, y escribir desde la pequeñez, desde la humildad, desde la marginalidad, pese a estar encabezando carteles en países de todo el mundo.

Y es que la procesión va por dentro y la lucha para Berninger no radica ni nunca radicó en atraer al mayor número de asistentes a sus conciertos, sino en la “incomodidad de erguirse sobre el escenario, con luces enfocándote y gente observándote mientras cantas canciones de amor”. Una incomodidad a la que el artista hace frente, en cada concierto, con una botella de vino en la mano.

High Violet buscaba ser el álbum más ‘pop’ (entendido como simple en la composición) de la banda, pero la jugada les salió rana. Grabado en el estudio casero de la banda, el trabajo supone una consagración de su sonido, recuperando un tono quizás más desgarrado, explícito y melancólico que en el anterior Boxer. 

Ejemplo de esta sensación la tenemos en la balada que cierra el álbum Vanderlyle Crybaby Geeks. Y es que ni con la vida solucionada parece que Berninger se pueda librar de ese ‘desacougo existencial’ -como decimos los gallegos- que le persigue. En este caso, acompañado por Justin Vernon de Bon Iver y envuelto en un ejército de violines y una necesaria percusión, el letrista de The National anima a un tal Vanderlyle a vivir su vida como un hombre nuevo, sin mirar atrás.

Si leemos el track list de High Violet, se hace evidente la ansiedad, la angustia… tan solo a través de los títulos: Terrible Love (“Amor Terrible”); Sorrow (“Pena”); Afraid Of Everyone (“Asustado de Todo el Mundo”); Runaway (“Huída“).

Y si escuchamos ese mismo track list, el sonido agarrará nuestras entrañas a la vez que nos abraza y nos conforta de una extraña manera. Una sensación presente en los casi seis minutos que dura England, lamento a la soledad con un gran sentido de lugar. Empujada por las trompetas y la percusión, la canción alterna entre momentos de paz y calma con otros de pura energía mientras se resarce en letras como “Can someone send a runner/ Through the weather that I’m under/ For the feeling I lost today?”.

Y es que los de Brooklyn son capaces de conjugar letras tremendamente melancólicas con la voz lacónica de Berninger. Melodías que ascienden con una percusión medianamente acelerada y que, en vez de hundirte, te elevan de una forma inexplicable.

Más que cómodos en su piel: ‘Trouble Will Find Me’

El último álbum publicado hasta la fecha, fue lanzado en 2013 bajo el nombre de Trouble Will Find Me y supuso la culminación del sonido de los de Brooklyn.

Tras el éxito y el tour que acompañó a High Violet, The National habían decidido darse un descanso de un par de años para ponerse con el que sería su último disco hasta la fecha. Sin embargo, la cosa no fue como preveían:

Creo que nos pusimos una trampa a nosotros mismos al quitarnos la presión de encima. Aaron y Bryce me enviaban ideas diciendo, ‘esto es para el año que viene cuando empecemos a trabajar en el próximo álbum’, pero yo las pondría en GarageBand y empezaría a cantar y pensar en melodías, en ideas que acumular para el año siguiente. Pero después de unos meses así, diría que unos cuatro o cinco meses, nos dimos cuenta que teníamos unas 20 o 30 canciones planeadas.

(Stereogum, 2013)

Y así nacía Trouble Will Find Me, el regocijo de The National en su propio sonido. La primera pieza, I Should Live In Salt, habla sobre la relación entre Berninger y su hermano. Nos introduce a nuevas metáforas, inventivas y coloridas, como la que equipara a vivir enterrado en sal con una tortura horrible.

Este disco brotaba de una forma mucho más orgánica y natural, sin la “ansiedad y tensión” que, según el líder de la banda, suele acompañarles a la hora de producir cada nuevo trabajo:

Creo que el éxito de los últimos tres álbumes me dio la confianza necesaria para dejar de preocuparme demasiado sobre el tipo de canciones que escribía. En el pasado, creo que evitaba determinadas necesidades emocionales. Esta vez no me importó. Este álbum se siente mucho más honesto y crudo emocionalmente.

Tras I Should Live In Salt, aterrizan otros temas como Fireproof. Cercana a los tres minutos de duración, supone una amarga oda al amor y la ansiedad, en que el cantante aborda una situación que, saliéndome del asunto, me ha recordado a lo que Justin Vernon (Bon Iver, Volcano Choir), describía en una entrevista reciente: la situación de “tratar con algún tipo de amor no correspondido pero darse cuenta de que ese no es el problema, sino que el problema está en uno mismo, en la necesidad de poner su mierda en orden” .

Así, en la canción, Berninger canta: “Jennifer you are not the only reason/ My head is boiling and my hands are freezing” y más tarde: “You’re fireproof/ I wish I was that way”. Todos los problemas remiten a esa crisis interna de los protagonistas de las canciones.

La sexta pista Graceless tiene encanto a primera escucha, pese a hablar sobre la ansiedad -“I don’t have the sunny side to face this/ I am invisible and weighless/ You can’t imagine how I hate this”. I Need My Girl se desarrolla en torno al apoyo de la guitarra y trata temas como la desesperación o la añoranza. Pink Rabbits, canción que gusta más cuanto más se escucha, retoma estos temas con líneas originales como “Am I the one you think about when you’re sitting in your fainting chair drinking pink rabbits?”

Sin embargo, el disco nos despedía –hasta el cercano 8 de Septiembre- con Hard To Find, tema en que la desesperación, la ansiedad, el desamor, la soledad… parecen apartarse de la mente de Berninger, quien se muestra aceptante y maduro.

Después de la tormenta, viene la calma, y después de los mil problemas de Trouble Will Find Me, parece despejarse la mente de los de Brooklyn. Pero despejarse esbozando una sonrisa, como encontrando en la música una cierta catarsis, una cierta forma de anteponerse a los vaivenes emocionales de la vida.

A principios de 2016, un periodista del Independent preguntaba a Matt Berninger: “Habiendo meditado sobre el amor y la ansiedad durante tanto tiempo, ¿crees haber sacado alguna conclusión?”. A lo que este respondía:

No es que haya sacado en claro respuestas, pero he sido capaz de poner dar forma a toda esa confusión, ansiedad, miedo, soledad, desamor, deseo… Estas cosas no se pueden arreglar, pero escribirlas puede ayudarte a dominarlas. Las canciones que escribo son tristes pero son mi forma de mantenerme a flote.

Estos 18 años no han sido un camino de rosas y la ansiedad ha estado siempre presente, disipada en pequeños momentos de realización plena, como anecdóticamente introduce a The Guardian el propio Berninger:

[Durante una de las primeras giras] nos quedamos en un hostal en Glasgow. Yo tenía 33 años, y estaba en una habitación rodeado de niños borrachos, tumbado despierto en mi cama y pensando: ‘¿qué hago aquí?’. Pero por cada momento como ese ha habido una compensación, […] cualquier pequeña cosa que nos indicaba que estábamos yendo en la dirección correcta.

Dieciocho años de una peculiar catarsis que The National ha sabido inyectar, mediante su música, también a sus oyentes. Su música no busca poner a uno triste. Simplemente acompaña, eleva a quien la escucha hacia una especie de limbo desde el que contemplar y vivir su vida.

De cara a su nuevo álbum, los neoyorkinos han revelado ya cuatro adelantos en los que parecen seguir su filosofía de desarrollar ese sonido tan propio. Y es que, si lo hacen bien, ¿por qué van a tener que cambiar? Una prueba de esta infinita reinvención, este Carin And The Liquor Store que saldrá como parte del nuevo disco de los neoyorkinos el próximo viernes 8 de septiembre.

La música de The National es una música a la que ir y volver, una colección que guardarse en el bolsillo y que siempre estará ahí para cuando se necesite echarle una mano. Una colección, también, que esperemos que siga creciendo de una forma tan orgánica como lo ha hecho durante los últimos dieciocho años, a paso lento pero seguro.