El nuevo Black Power en el siglo XXI

CHARLES BRADLEY

Todo empezó con unos tambores lejanos en la inmensidad africana. Desde entonces, el ritmo ha acompañado al hombre por la historia evolucionando su visión del mundo. Pero si hay una música que conecta con los instintos más primarios del ser humano, esa es la música negra. Un concepto que revolucionó el siglo XX y que prácticamente creó toda la música popular moderna a través de aquellos espirituales que entonaban los viejos esclavos del sur. El cambio de siglo parecía advertirnos de un final de la historia tras el monopolio del hip hop más “blanco”, primero, y del Dance posterior, imperante aún hoy en las listas. Pero fuera de esas artificiales listas de éxitos nos hemos encontrado con un nuevo Black Power que gira hacia atrás y nos rescata sonidos tan negros como brillantes en pleno siglo XXI. En Crazyminds repasemos la música negra de nuevo cuño en un viaje sin retorno a las esencias.

Jungle

El hype del año pasado. Un aviso de la esperada nueva invasión black que veremos en los próximos años. Los nuevos ayatolás del soul tuvieron una espectacular acogida para su primer disco homónimo. Se trata de un soul vanguardista y muy experimental. A pesar de sonar tan exquisitamente bien como para conquistar cualquier tipo de oído, sus temas esconden en sus tripas mucha electrónica, rap, funk, soul o blues. Jungle es una enciclopedia moderna del sonido negro acreditada a través de temas ya antológicos como The Heat, Drops, Platoon o Lucky, I got what I want. El dúo formado por los londinenses Tom McFarland y Josh Lloyd Watson se conoce desde la escuela y su química personal se ha trasladado a su música. Un Mercury y un Sonido del año de la BBC es el balance de un año para enmarcar con llenazo en Glastonbury incluido, donde pudimos ver su vertiginosa banda de nueve miembros. La música negra rejuvenece con Jungle y amenaza con volver al trono muy pronto.

 

Sharon Jones

Otro de los iconos más interesantes de la música negra en el siglo XXI. Comenzó su carrera siendo ya una veterana en 1999. Antes había comenzado a cantar, cómo no, en el coro de su iglesia de Queens, donde los domingos tocaba también el órgano. Hoy con 58 años ha sabido revalorizar el género y ofrecer un espectáculo en directo salvaje y cautivador, como pudimos comprobar personalmente hace unos días en La Riviera de Madrid. Su soul clásico de chaqué no ha perdido el brillo de los 70. En realidad, ese sonido nunca se ha ido, permanecía en el aire esperando a quien le cortejase. Y no fue otra que nuestra Sharon la que no dejó escapar la oportunidad. Daptone Records obvió la fecha de nacimiento de su futura estrella y apostó por el talento de Sharon Jones, que desde entonces ha llevado una carrera excepcional, incluyendo colaboraciones atrevidas y exquisitas con tipos tan creativos como Wax Tailor. Get out, get up, 100 days, 100 nights o I just dropped in to see what condition my condition ponen de manifiesto el renacimiento de un género como el soul, dormido pero no muerto.

 

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Charles Bradley

Al igual que le sucedió a Sharon Jones, la carrera de Charles Bradley arrancó tarde y en el mismo sello. Daptone Records, a imagen y semejanza de otras discográficas míticas como Chess, está ofreciendo oportunidades insospechadas a artistas muy veteranos pero con un talento descomunal. Charles tiene actualmente 66 años y su primer disco, No time for dreaming vio la luz en 2011, sorprendiendo a todos por el descubrimiento de su corta e incipiente carrera. El mérito de Charles Bradley es ser acertadamente anacrónico y parecer un artista de la Motown en un siglo XXI carente de sofisticación. Este nuevo James Brown melódico comenzó su carrera en 1996 cuando se decidió a montar su banda Blue Velvet. Daptone le captó entonces como compositor de bandas como The Bullets o Menahan Street band. Su éxitazo del año pasado con Victim of love era de esperar y ha reabierto un nuevo capítulo en la música negra del siglo XXI. Su estilo realmente puro le ha servido para lograr nominaciones a diversos galardones de postín y que sus samples sean utilizados por gente Jay-Z o Asher. Algo así, le convierte en un sólido candidato al nuevo trono del soul. La pelea será encarnizada pero Charles tiene presencia, talento y una voz única para gobernar el reino a su antojo. Ese mediotempo setentero es la llave al éxito en cualquier siglo.

 

Alice Russell

Sin duda, la cantante de soul más atrevida e innovadora de este nuevo catálogo de música negra. Alice es una blanca encerrada en el alma de una negra y en la mente de una latina. Su exquisito trabajo con Quantic y su combo bárbaro ha resultado toda una dignificación de los sonidos hispanos. La voz de Alice ha acompañado durante varios discos a los Quantic en su aventura por recuperar la cumbia o el son para la causa de la música producida con calidad y tino. Tras su aventura latina, a Alice le ha salido su vena negra y ha lanzado su carrera en solitario con To Dust. El año pasado nos obsequiaba con ese discazo soul plenamente insertado en este siglo XXI más pop. Soul muy innovador y mestizo donde se entremezclan varios conceptos muy interesantes y presentes en la carrera de esta alma negra británica con piel de porcelana. Temas como Citizen. Heratbreaker, I love you y sobre todo su versión swing de Seven nations army hablan mucho acerca de la calidad y las elevadas expectativas depositadas en Alice Russell. Las colaboraciones de Alice con gente como David Byrne o Fatboy Slim así lo atestiguan.

 

 

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The Roots

Estos talentosos raperos llevan en activo desde finales de los 80 pero su evolución continúa experimentado con ritmos que fusionan pasado y futuro. Sin duda, The Roots siguen muy presentes en este siglo XXI. Probablemente se trate del grupo con mayor identidad propia de los que detallamos aquí. Se han dejado influenciar por el Rap, el Soul, el R&B, el Funk, la electrónica o el Rock para elaborar una música con una decantación muy cuidada. Su último disco … and then you shout your cousin ha visto la luz este año y prosigue esa fascinante labor de la banda de recoger los ritmos de la calle para convertirlos en pieza de coleccionista. Música para sibaritas con mente abierta. Discos como Undun o How I got over han supuesto un soplo de aire fresco en este siglo XXI donde la calle ha dejado de estar presente en las listas. Los Roots demuestran en cada temazo que en los barrios también se vive con elegancia y que de vez en cuando también se degusta caviar musical. The fire, The Seed (2.0) o Guns are down hablan a las claras de la calidad y sofisticación de unos músicos que siguen buscando el nuevo sonido definitivo del Black Power.

 

Asa

Hablando de música negra no podíamos dejar sin cuota de protagonismo a África, el alfa de donde todo proviene. Asa es una talentosa vocalista asentada en París pero nigeriana de nacimiento. Es más, sus primeros años de vida transcurrieron en una aldea cerca de Lagos, la capital del país. Cuando se mudó a París le fascinó el soul americano y la musicalidad de la ciudad presente en artistas con raíces africanas como la también parisina Ayo. Su música es una mezcla de Erykah Badu y Fela Kuti. Resulta una aproximación a la música tradicional africana que desembocó en un soul y un jazz muy peculiar y que demostraba que la musicalidad de esos géneros provenía de allí. Su último disco es el más maduro de su carrera y fue lanzado en agosto bajo el título Bed of stone. Música negra de raíz muy espiritual, imprescindible en este siglo XXI para recordarnos otra vez dónde y cómo empezó todo.

 

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The Heavy

Uno de los grandes bombazos negros de la nueva centuria. Al igual que sucediese el año pasado con Jungle, ellos fueron el hype en 2010. Su neo soul fundamentó las bases de lo que podría apuntar el nuevo Black Power. Su repercusión fue tan monumental como para colar su espectacular How you like me now? en una de las bandas sonoras más cuidadas del nuevo siglo, la de la serie Entourage de Mark Wahlberg y HBO. Su House that dirt built tuvo un impacto espectacular gracias a temas valientes como Sixteen, versión de lujo del I put a spell on you del gran Screamin’ Jay Hawkins. Su soul tiene toques punk en ocasiones, pop en otras e incluso garajeros como en You don’t know. Les gusta picar de diferentes cestos. Lo que parece claro es que estos chicos de Bath, UK, seguirán experimentando con la música negra más vanguardista. Con una voz como la de Kevin Swaby pocas cosas no podrán hacer, aunque es cierto que su último álbum, The glorious dead, no dejó el sabor en el paladar que parecía destinado a dejar hace ya dos años. Esperemos nuevas noticias sobre estos tipos británicos.

 

Guts

El hip hop es la última frontera que ha atravesado la música negra a lo largo de su historia. Curiosamente, en París se ha producido un movimiento de artistas callejeros muy interesantes que ha plasmado como nadie un género tan americano como es el HH. Guts se diferencia del resto de sus contemporáneos por sus ritmos funk, soul y reggae que beben de una electrónica refinada e irresistible y de una esencia Hip Hop muy marcada. Pura creatividad en este dj francés que cosecha un ritmo tan extraño como universal. Incunables como An the living is easy, Brand new reolution, Laisser Lucie faire o Man Funk definen el talento de este músico. Su último disco más que título tiene mensaje: Hip Hop after all.

 

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James Hunter

No podía faltar el R&B en este repaso al Black Power actual. James Hunter es quizás el representante más talentoso de un género que no deja de evolucionar sin cambiar sus dogmas ni raíces. La elegante propuesta de Hunter ha calado en Europa más que en Estados Unidos pero tal circunstancia no evita que sea un placer redescubrir el Rythm & Blues de su mano. Artista poco prolífico, con tan solo cinco discos en dos décadas, más de la mitad de ellos en este siglo XXI. Su carrera se basa en grandilocuentes shows en los que suele mostrar ante un aforo reducido unas cualidades únicas para hacernos mover las caderas con ese sonido imperecedero.

 

Gramatik

La electrónica no podía ser menos y también ha caído presa de la música de ébano. Como representantes de este movimiento podemos elegir entre gente como Parov Stelar, Mr.Scruff, Kid Koala o Chinese Man pero hemos preferido centrarnos con quien mejor partido ha sacado a repescar del baúl de los recuerdos lo más dorado del Soul o el Funk para transformarlos en brillantes bpms. Este esloveno de alma negra ha coqueteado con casi todos los géneros desde el Hip Hop hasta el dub con una misma premisa: Sonar nuevo y añejo al mismo tiempo. Siempre con un buen gusto especial hacia los sonidos antiguos. Recuperar a Dee Edwards y su mítico Why can’t there be love para su tema So much for love es una sugerente muestra de ello. Tras sus canciones se esconden un proceso de arqueología musical fascinante que se ve plasmado en piezas de orfebrería tan bien acabadas como Dungeon Sound, While I was playin’ fair, Like you do o Still here. Las pistas de baile también se han reencontrado con el Black Power. Si no has tenido aún tiempo de escuchar su Beatz & Pieces vol. 1 te espera pícaro recién salido del horno.

 

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The Bamboos

En las antípodas también podemos encontrarnos con el Funk tras cualquier esquina. Australia lleva tiempo rendida a la nueva música negra. Desde Melbourne, los Bamboos han sabido expandir su talento con temas tan cinematográficos como On the Sly. Tras casi quince años de carrera su último disco Fever on the road sigue mostrando esa fe inquebrantable en un sonido maleable pero estable en su discografía. Una revisión muy realista de la música negra de los 70 que no nos ha dejado nunca imperturbables.

A lo largo del globo nos encontramos con un sonido que se resiste a morir y que reivindica su merecido espacio en el mercado musical. Lo que resulta evidente es que hay un nuevo encuentro entre público y música negra en este siglo XXI que viene a rememorar lo sucedido hace 50 años. Lo cual demuestra o que la historia se repite siempre o que nos hemos apartado demasiado del camino como para crear algo nuevo que merezca la pena. Afortunadamente, el Black Power no se extingue y sigue presente en nuestras noches y en los momentos más inspirados de nuevos artistas con viejas visiones.