Arenal Sound: Una serie de catastróficas desdichas

Autobuses de ida y vuelta para cuatro personas, cuatro abonos VIP y una tienda de The Glamping Company, ese fue el premio que mi amiga ganó a través de Facebook y el propio Arenal Sound. Una experiencia completa con un envoltorio precioso, pero no tan bonito una vez que empezamos a tirar del lazo.

“El Bus 2 de DeFestivales”, repetíamos en Santiago Bernabéu, lugar de partida de los autobuses para el festival. Cuando llegó a la parada, tras meter todo el equipaje en el maletero, intentamos subir al bus. Una mujer que parecía controlar los billetes, nos pidió los nuestros. Alejandra, que había ganado el premio, respondió que su contacto le dijo que estaríamos en lista, que bastaría con mostrar nuestros DNIs (que ya habíamos proporcionado) para comprobar que éramos nosotros. La mujer, sobradamente incrédula, nos hizo esperar a que todos los pasajeros del autobús subieran para llamar a alguien y decirle que tenía “aquí a cuatro que dicen que han ganado un concurso“. Al colgar nos hizo subir al autobús sin pedirnos identificación ninguna (tanta duda para que al final pudiéramos ser cuatro cualquiera con mucha imaginación). “Mirad a ver si hay plazas y sino ya os acoplaremos en otro sitio“. ¿Derrochaba amabilidad? Pues no. Y con tal de no tener que sacar todo el equipaje del fondo del maletero, viajamos en el Bus 2 de DeFestivales, claro, cada uno en una punta del autobús.

Al llegar a Burriana, no sé si culpa suya, nuestra o de ambos, tuvimos que recorrer el paseo marítimo para conseguir las famosas pulseras VIP y patear el camping Arenal A un par de veces (sin saber que había dos) hasta que un guardia de seguridad nos indicó que debíamos ir al B. En la entrada de la zona de The Glamping Company, otro guardia de seguridad volvió a no darnos ni un poquito de crédito y entre una carcajada dudó de nosotros cuando repetimos que estábamos en lista. El encargado de las tiendas glamping nos amenazó con que si había algún desperfecto en la tienda “nos perseguiría con nuestros DNIs hasta pagar“, antes de decirnos ninguna otra cosa. ¿Un desgaste en simpatía? Pues tampoco. Hasta el momento nos sentimos muy desinformados nosotros, y muy desinformados ellos mismos.

Desde el primer día allí vimos a gente acampar a pleno sol, algo que ya habíamos visto que está prohibido en otros festivales como el FIB, a apenas media hora de distancia en el mismo Castellón, para evitar posibles insolaciones en los campistas. Y esto se debía a que las zonas de sombra se habían agotado, lo que nos hizo considerar que quizá se habían vendido más entradas que plazas había en la zona de camping. Además, el puesto médico no parecía, de primeras, estar muy preparado: incluso tenías que hacer cola para ser atendido por urgencia médica. De estas y otras cosas como la cantidad insuficiente de duchas para el número de acampados dimos aviso el segundo día de festival a través de Twitter, y parecieron intentar remediar la situación.

Llegó el jueves. Había amenaza de lluvia y enseguida vinieron a recordarnos que las tiendas no eran tan impermeables en principio, y que si algo tocaba la tela por dentro o por fuera, el agua calaría al interior y aquel encargado tan agradable nos perseguiría de por vida hasta embargarnos las cuentas y propiedades para pagar lo que costaba la tienda. Taparon los enchufes que había disponibles y después de revisar que todo estaba correctamente colocado en la tienda, sólo quedaba esperar. El cielo estaba nublado y caían algunas gotas en el camping. Subimos al recinto de conciertos y vimos a La Pegatina bajo la lluvia. Paró un par de horas, pero pronto tuvimos que volver a refugiarnos en la zona VIP bajo sombrillas de Red Bull, en las que nos acumulamos como pudimos. Llovía y no pudimos ver a Delorentos en el escenario Negrita. Más tarde nos atrevimos a salir y ver a Rudimental, pero apenas pudimos estar allí: comenzó a descargar una tromba de agua como pocas veces habíamos visto. Corrimos a las sombrillas de Red Bull, pero esta vez mucha más gente tuvo la misma idea que nosotros. Hasta treinta personas nos encajamos bajo cada una, y algunos empezaron a perder los nervios. Las sombrillas se balanceaban porque algunos tiraban de ellas, y la gente se empujaba entre sí. No parecía dejar de llover, pero tras un rato largo vimos la ocasión clara: había que salir de allí. Corrimos hacia la salida de la zona VIP bajo una nueva amenaza de chaparrón, y al abandonar la alfombra azul pisamos puro barro con césped. Y resbalaba, claro, pero la prisa era importante. En un segundo miramos a nuestra derecha y se nos desencajó la cara: la zona asfaltada del recinto de conciertos estaba completamente inundada, y todo aquel que quería atravesarla para salir tenía que enfrentarse a un enorme charco de agua hasta la rodilla. La zona asfaltada incluía la salida, así que llegó un punto en el que se nos agotó el barro. Intentamos que el guardia de seguridad abriera la salida de emergencia para que todos pudiéramos salir por una zona mucho más seca (de hecho, no inundada), pero ante la negativa tuvimos que meter las piernas en el agua que, tengo que decirlo, no olía precisamente a simple lluvia.

El paseo marítimo se encontraba en las mismas condiciones en la mayor parte del trayecto, así que no fue un camino fácil. Al principio nos reímos, por supuesto. Es una buena anécdota si te ahorras explicar que tras varios minutos ahí era imposible aguantar las arcadas, mucho menos tras haber visto a varias personas orinar en pleno recinto. Por el camino vimos también inundado el acceso al camping Arenal A, pero nosotros teníamos que llegar a la zona B aún. Al atravesar el acceso a nuestro camping, tanto el general como el de The Glamping Company, nadie nos pidió mostrar las pulseras: el descontrol se mascaba desde la puerta. La inundación hasta más de la mitad de la pierna también estaba presente.  Pero lo peor vino después entrar. A nuestra izquierda la zona de acampada, con decenas y decenas de personas de pie con sus linternas de móvil encendidas iluminando las tiendas de campaña inundadas. Unos lloraban, otros gritaban, y el nerviosismo era palpable. La imagen, catastrófica. Continuamos avanzando esquivando los grandes charcos hasta el glamping, y la consternación por nuestra tienda era real. Efectivamente, estaba encharcada, y algunas de nuestras cosas mojadas. Nada tocaba la tela de la tienda por dentro o por fuera, pero el césped artificial del interior estaba sumergido en agua. Esa misma noche nos reíamos por no llorar, y empezamos una batalla en Twitter con la cuenta oficial del Arenal Sound que, pese al desastre ocurrido en el camping, sólo comunicaba acerca de la cancelación de conciertos, como si eso fuera lo más importante,  y tardaron horas en ofrecer información sobre los afectados en los campings, tanto Arenal como Malvarrosa. 

Arenal Sound 2015 cuando hacía sol.

Arenal Sound 2015 cuando hacía sol.

Debido a la lluvia, las inundaciones y la humedad, la primera imagen que tuvimos al día siguiente fue uno de nuestros compañeros vomitando en la puerta de la tienda. Apenas habíamos dormido cuatro horas. Fue cuando decidimos comprar los billetes e irnos, y con la rapidez con la que se agotaban los billetes de autobús, no éramos los únicos. Salir de la tienda al mundo exterior impresionaba: ver los destrozos de la tormenta a plena luz era un impacto. Mientras que nuestro compañero era atendido en un puesto médico en el que no disponían de ningún tipo de medicación que proporcionarle (nos mandaron a comprar Aquarius fuera del recinto como única solución médica), y en el que los recursos eran cada vez más escasos -incluso se estaban agotando los guantes para atender a los pacientes -, dos de nosotras fuimos a secar nuestras zapatillas a los baños con enchufe (donde pudimos conectar un pequeño secador de viaje para intentar arreglar la situación) y de pago que ofrecía el camping. Nos pareció increíble que la organización siguiera cobrando dinero por unos baños que se podían tornar necesarios, pero más nos lo pareció que el personal no nos permitiera cargar el teléfono para poder informar a nuestros familiares de la situación, o que incluso se rieran de nosotras delante de nuestras mismas caras. Los voluntarios de la zona de glamping nos comunicaron una nueva amenaza de lluvia en treinta minutos. Pese a ello, vimos que los enchufes estaban funcionando, lo cual parecía un peligro, y daba la sensación de que el objetivo era mantener a los campistas contentos dejando que cargasen el móvil allí. Como la situación de nuestra tienda era inestable, solicité al encargado que nos proporcionara otra ante la amenaza de lluvia para poder dejar las cosas y estar el breve tiempo pero necesario antes de que dejáramos el camping esa misma mañana. Tuve que insistir bastante y finalmente nos cedieron una tienda de campaña a la que trasladamos todo el equipaje a la espera de marcharnos. No estuvimos allí mucho tiempo, pues nuestro amigo tuvo que ser trasladado a Urgencias del hospital de Vila-Real por falta de recursos para ser atendido, igual que muchos otros por cuestiones más y menos graves.

Hicimos check-out de ambas tiendas y nos marchamos de Burriana. El servicio de taxis fue tan pésimo que tuvimos que hacer autostop para llegar al hospital. Para cuando conseguimos reservar un taxi, otra campista intentó arrebatárnoslo y con tanto nerviosismo, sólo el taxista pudo resolver el conflicto.

Al menos estábamos dejando Burriana, lo dejábamos para no volver. Otros campistas nos llamaron cobardes por no aguantar más allí, pero cuando esa misma noche de viernes supimos de la aun mayor inundación de tiendas, de otras que volaron por los aires y de los postes y toldos que pudieron mantenerse en pie, supimos que habíamos hecho lo coherente. Es cierto que la climatología es inevitable, pero la clave se encuentra también en saber dar respuestas y poner soluciones a los problemas, en el momento o a posteriori, y creo que los asistentes no tuvimos este respaldo. Textualmente, la contestación fue “la lluvia no la hemos traído nosotros, es vuestro problema“. Mis compañeros y yo llevamos recorridos juntos unos cuantos festivales, y Alejandra trabaja en actividades de campamento. No estábamos poco preparados para un festival y una acampada, simplemente no estábamos preparados para un Arenal Sound.