¿A qué suena mi ADN? Música, colonialismo e identidad

“Dejé a mi familia, dejé a mis amigos, me fui de verdad. Dejé todo para ser yo, porque sabía que no era como ellos. No soy como nadie más. Estoy solo en este planeta “
– Sun Ra, 1990

Siempre he sentido curiosidad por el pasado. Entender mis orígenes, la carga de mi ADN, el ritmo que me mueve, y las diversas aristas que componen mi vida. Nacida en Latinoamérica pero con ancestros europeos, caribeños y africanos, confieso que mi identidad tiende a diluirse entre dicotomías porque no hay bandera que me represente completamente. Soy latina de piel blanca, mi nombre es anglosajón, pero sé bailar salsa.

La idea de hacer un test de ADN me pareció excitante. Era una aventura, muy a lo Tron, por mis venas y mi sangre. Aunque la exactitud de los resultados está supeditada a la base de datos de la empresa con la que hagas el test, al recibirlos, sientes que te han cedido un mapa de coordenadas: ¿Cuál será la historia de mis tatarabuelos? ¿De dónde vendrá ese porcentaje de Medio Oriente? Tengo a Nigeria, Senegal y Algeria en mis venas, ¿qué tanto de tragedia y separación existe en esta mezcla?

 

En principio, pretendía hacer sólo un recorrido musical por mi ADN (la lista que encontrarás más abajo), pero creo que es importante hablar del elefante en la habitación: el colonialismo y sus consecuencias. Nací y crecí en Venezuela, y aunque la familia en América Latina generalmente se incluye bajo la rúbrica de “occidental“, sus características son divergentes y encuentran como punto común el “modelo familiar mestizo”, que se remonta al período colonial temprano. El colonialismo no fue un “descubrimiento de dos mundos”, sino que se trató de una imposición a la fuerza -bajo la tutela del cristianismo-, de una nueva dinámica étnica, familiar, idiosincrática y hasta musical.

 

El origen de la vida: Egipto

Si viajamos en el tiempo, digamos dos o tres siglos atrás, nos encontraremos con tratas de esclavos e imperios adueñándose -a la fuerza- de la cultura, tierra y vida de África y América. La interpretación errónea de la iglesia cristiana sobre la cultura e historia negra parecía regirse por una “política misionera”. Los africanos se sentían avergonzados de su cultura, pasivos al racismo, y víctimas de una concepción de belleza bajo estándares europeos. Pero, artistas como Sun Ra -gracias al Afrofuturismo- desecharon esa concepción rescatando los verdaderos valores y raíces de la raza negra.

El trombonista Tyrone Hill (miembro de la Sun Ra Arkestra), comentó una vez: “Conocer el antiguo Egipto me hace sentir mejor como persona. Porque esos eran negros. Nuestra raza no sabe mucho sobre ella misma. En Estados Unidos, dicen que los negros no tenemos nada que ofrecer, pero hemos hecho muchas cosas hermosas.”

En el caso de la música africana, ésta es considerada importante para el desarrollo humano; son concretizaciones de pensamientos que se manifiestan en la acción sonora musical. La música en África es una manera de comunicar, de hacer historia y de transmitirla. Su sentido va mucho más allá, y se debe entender como un fenómeno de reafirmación cultural.

De Nigeria a Cuba o la sinergia de ADN y culturas

Según el historiador peruano Marcos de Estrada, “60 millones de personas fueron sacadas de África para servir en América. Estaban los “congos” de Camerún y Congo, los “benguelas” de Angola, los “cafres” de Mozambique y Madagascar, y los “mandingas”, de Guinea. Ni siquiera tenían todos el mismo color de piel, porque también cayeron africanos de origen árabe”.

Aunque no tenemos suficiente conocimiento de los vastos corpus de la música del continente, ni siquiera de las culturas musicales que comparten una etnohistoria común como Cuba, Haití, la costa venezolana o el oeste de Colombia, sí podemos afirmar que tanto la esclavitud como el colonialismo son testimonios de la sinergia sincrética de la cultura africana con la del mundo occidental, y del origen de los diversos géneros musicales.

La polifonía de los puertos produjo una música más rica y compleja que las músicas de las capitales metropolitanas. Desde el jazz, el blues, el afrobeat, hasta el calipso, el hip hop o el gospel, todos son producto de este mestizaje. Es la diáspora luchando por su identidad pero, al mismo tiempo, adaptándose a su nueva realidad. La tendencia europea y norteamericana hacia América Latina, de verla como área cultural monolítica, resulta una generalización ingenua y simplista.

Young, Latin and Proud

En un artículo de opinión publicado por Carmen Phillips, escritora afro-boricua, ésta comenta: “Soy negra. Tengo un apellido Anglo. Mi identidad latina siempre ha provocado reacciones de sorpresa (…) como si estuviera mintiendo sobre mi propio patrimonio”. En mi caso, yo soy de piel blanca y tengo un nombre anglo, y mi identidad latina también ha provocado reacciones de sorpresa. A veces pareciera que mi patrimonio es un estigma que me toca llevar como una letra escarlata. Más de una vez, después de oír mi acento, me he topado con el comentario condescendiente de: “…pero pareces francesa”, como si esto fuera un halago.

Aunque persistan realidades socio-políticas y económicas que mantienen a las “minorías” a los márgenes de la sociedad, más que abatirnos esto ha despertado un sentido de identidad y reivindicación, una reafirmación del orgullo de ser latino, afro-latino, africano, asiático, etc. Se trata de defender tus raíces como acto de rebelión. Esto ha venido acompañado de propuestas musicales contemporáneas que se identifican y promueven este discurso. Estamos experimentando una revolución musical, social, estética, artística, de reencuentro y rescate de las raíces de culturas que han estado oprimidas y cuya identidad ha sido filtrada por un canon imperialista y eurocéntrico.

El colonialismo cotidiano

Mientras que el imperialismo se refiere a una expansión ideológica, el colonialismo a menudo ha establecido su dominación petrificando la capacidad de pensar, sentir o actuar en defensa del patrimonio cultural. En consecuencia, existe un amplio desacuerdo sobre si la “poscolonialidad” designa una condición histórica marcada por el neoimperialismo. Sin embargo, persisten los arreglos políticos, sociales y económicos que mantienen a ciertos sectores de la sociedad “neo-colonizados” y oprimidos.

El ejemplo más claro es el racismo de Estado (y posible genocidio), que sufren afroamericanos, latinx e indígenas norteamericanos. Se trata de una perpetua desventaja estructural. Por lo tanto, el colonialismo sigue vivo, o una forma “neo-colonial” de entender al otro. Un fenómeno que se extiende a lo largo y ancho del globo. Incluso en España, los inmigrantes y los afro-ibéricos también son víctimas de racismo.

Entendiendo la interseccionalidad

La interseccionalidad intenta identificar cómo los sistemas de poder interconectados afectan a aquellos que están más marginados en la sociedad. Esta teoría considera que las diversas formas de estratificación social, como la clase, la raza, la orientación sexual, la discapacidad y el género, no existen por separado sino que están complejamente entrelazadas. Sus principios son aplicables en varios ámbitos sociológicos y permiten, incluso, agregar una nueva dimensión a la teoría económica marxista.

 

Entonces, ¿cómo entender la interseccionalidad y sus efectos? Desde el idioma que hablas, el lugar donde has nacido, tu color de piel, tu preferencia sexual y hasta tu género. Estos son factores que determinarán las luchas que deberás afrontar a lo largo de tu vida. Es justo aquí donde debemos rechazar el racismo y el clasismo cotidiano y su implementación estructural. Si no luchas por todos, no estás luchando por nadie. Es por esto que, más allá de pedirte que disfrutes de esta playlist o de invitarte a conocer tus orígenes, me gustaría aprovechar este espacio para invitarnos a reflexionar: Sobre nuestras propias actitudes y comportamientos, sobre nuestros privilegio y nuestro aporte a una sociedad más justa para todos.

Mi ADN suena a inclusión, diversidad y respeto … ¿A qué suena el tuyo?

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