Víctimas de la música: A la política no le gustan los conciertos

Abro Facebook, rutinario ejercicio matinal, y me encuentro con la desagradable noticia de que el ciclo de música que iba a tener lugar en Madrid los próximos días 1,2 y 3 de octubre llamado Live Concerts está cancelado por una reducción del aforo de la histórica sala La Riviera. En él participaban bandas como Standstill, Mendetz o Niños Mutantes.

Releo el texto con detenimiento buscando un culpable y analizo el párrafo. Esta vez no es culpa de las bandas, ni de las agencias ni de la propia organización del certamen, sino que ha sido el Ayuntamiento de Madrid y la junta de distrito de la zona quienes ha decidido hacer de la sala un espacio apto para 600 personas menos, no pudiendo llevarse a cabo ya que está todo vendido y cualquier sistema de intentar hacer algo positivo para llevar a cabo los conciertos es casi imposible. No sabemos que harán con el sold out de Supersubmarina para diciembre y otras tantas fechas ya cerradas.

Está claro que al Ayuntamiento de Madrid no le gusta nada la música en vivo. Haciendo memoria histórica, aún recuerdo como en el 2008 y tras una serie de problemas con las licencias del personal de seguridad y añadiendo otras causas, decidieron clausurar esta misma sala durante unos cuantos meses, haciendo que bandas como Travis tocaran en la Sala Macumba o Iván Ferreiro acabara en el Palacio de Vistalegre meses después haciendo lo que podía ante un espacio tan diáfano y desangelado. Esta medida también tocó a otros espacios de conciertos como la sala But (actual Ocho y medio).

Pero la broma infinita que nos gasta nuestro consistorio no finaliza aquí. En diciembre de 2012, el Primavera Club celebrado en Matadero de Madrid y que trajo a bandas de renombre como Los Planetas, Swans, Toy o Mark Lanegan fue un auténtico caos gracias a una decisión de última hora de reducir el aforo motivados por el trágico suceso del Madrid Arena. Normal que luego las promotoras de conciertos huyan despavoridas de la capital.

El binomio música-política es una relación casi histórica, incluso tiene su propia trama Gürtel bajo estudio. Hace unos años, Madrid acogió un festival de música muy interesante llamado Summercase, cuyo hermano se realizaba en Barcelona. Tras tres ediciones mágicas, el festival dejó de realizarse y ahora está investigado debido a una trama de corrupción. ¿Y qué pensamos de las increíbles instalaciones creadas para Rock in Río que ahora ven la vida pasar mientras que no se hace nada en ellas?

Creo que el Ayuntamiento de Madrid no es consciente de lo que hace. Aquí pagan los grupos de música, que no encuentran su lugar para poder hacer conciertos en Madrid, aquí pagan los asistentes que ven cómo gravan sus entradas al 21% de IVA y cada vez se hace más duro el poder disfrutar de la música en directo, y pagan el marrón municipal las propias salas que ven trabados sus sueños de ofrecer noches de buena música. Por poner un ejemplo cercano, la sala Caracol de Madrid, cuyo idilio con la ciudad de Madrid se remonta a tiempos mejores, ha estado cerrada 16 meses por problemas de licencias. ¿Os imagináis que tenéis un negocio y os lo cierran 16 meses y tenéis que seguir haciendo frente a facturas? Eso sí, luego se les llena la boca a los altos mandatarios diciendo que ayudan al pequeño empresario. ¡Gracias por la ayuda!

No queremos decir que sólo Madrid sufra este tipo de desdichas. Sin ir más lejos, el año pasado cerró la mítica sala granadina Industrial Copera, que ha visto durante 22 años el renacer de la música de la región. O la Rock Kitchen de Madrid y otras tantas que vieron echar el cierre por última vez.

No nos confundamos, esto no lo provoca la crisis, lo provoca el desinterés. La cultura es el mal mayor de los gobiernos, prefieren a un pueblo ignorante y la música es cultura y actualmente, no hay ningún tipo de mimo por parte de las administraciones locales o provinciales. Por no hablar del gobierno central, que eso merece un artículo aparte ya que sólo pone trabas a todos los implicados en la cultura musical.

Somos víctimas colaterales del sistema y frente a la reducción de libertades, nos quitan otra más: La música en directo. La próxima vez que nos crucemos en un festival con nuestra reina indie, deberíamos comentarle cómo está el patio…

  • Reducen el espacio EN 600 personas (no a 600) lo que nos deja un aforo de 1.800 personas.
    Terrible noticia, en cualquier caso.