Opinión: ¿Deben volver los clásicos?

Cuando una gran banda o solista decide volver al escenario, el recelo acecha detrás de cada crítico y de cada fan. Se produce una situación que en ajedrez llaman Zugzwang. Este término se usa cuando todos los movimientos que puedes hacer sólo van a empeorar tu situación en la partida.
Así ocurre que, cuando bandas como Soundgarden anuncian nuevo disco, los primeros comentarios suelen ser del tipo “ya se les ha acabado el dinero” o “madre mía menudo tostón de disco van a sacar”. Últimamente ha habido muchos regresos además de los de CornellBowie y Suede se encuentran entre los más sonados.
Yo soy de los que no se hacen demasiadas preguntas acerca de por qué un artista decide volver a la escena. Sinceramente los motivos no me importan lo más mínimo. Si vuelven por dinero o no, a mi me es indiferente siempre y cuando hagan algo que merezca la pena. Y es que, como he comentado, casi todo son desventajas en los regresos. Si se mantienen fieles a un estilo, se les acusa de no haber madurado, pero si hacen algo queriendo ser contemporáneos, se les acusa de haberse vendido a la industria o bien de haber cambiado para gustar a un nuevo público. Vamos, que las expectativas de salir bien parado son poco halagüeñas. Ahí ya entra en juego el carisma del artista para encarar el qué dirán. Dudo mucho que a Bowie le importe lo más mínimo lo que la crítica opine de él.
En cualquier caso, pienso que las vueltas tras descansos muy prolongados no son sanas para los artistas. Mucho que perder y muy muy poco que ganar. Recelo, análisis con lupa y odiosas comparaciones las que esperan a nuestros queridos divos. Esos microsegundos de alegría al conocer el retorno de una banda quedan enterrados con demasiada rapidez por todo lo antes expuesto. Aun así, debe compensarles porque han sido, son y serán muchos los que continúen asomándose al abismo de incertidumbre que supone el retorno del hijo pródigo.