London Calling: Pequeños refugios musicales

INDEPENDENT VENUE WEEK

Continuando por Uxbridge Road, cerca del mercado de Shepherd’s Bush, se alza un pequeño teatro de planta única y paredes amarillentas. Su aspecto ruinoso y descuidado podría desentonar en aquel Londres residencial de la margen oeste. Sin embargo, su carácter modesto, poco elegante, confirma aquel viejo dicho de que conviene no quedarse en la fachada de las cosas. Si uno mira por la cristalera de la derecha podrá ver un pequeño café de estilo años treinta, con sus sillas de madera y una barra que parece soportar el peso de los años. Nada más lejos de la realidad. Este pequeño rincón no es más que la antesala de una de las salas de conciertos más jóvenes de la capital inglesa. O más viejas, depende del cristal con el que se mire.

Con doce años a sus espaldas, el pequeño Bush Hall cuenta ya con con una historia que merece la pena ser contada. Abierto originalmente en 1902 como salón de baile, aquel teatro de Shepherd’s Bush ha albergado bingos, billares y hasta hizo las veces en comedor social durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora, desde comienzos de siglo, puede presumir de tener una de las programaciones musicales más cuidadas del siempre excitante Londres. Aquel telón rojo que sigue engalanando el fondo de la sala se ha alzado para artistas como Amy Winehouse, Smashing Pumpkins o Kings Of Leon. Y eso que sus dimensiones no difieren mucho de la incombustible (35 años recién cumplidos este mismo mes) madrileña sala El Sol. Otro tópico a derribar: el tamaño no importa.

Al menos es lo que predican desde la organización de la Independent Venue Week, iniciativa que da el pistoletazo de salida este martes con su primera edición. La idea detrás del proyecto no es otra que dar visibilidad a aquellas salas en las que nuevas promesas y las carreteras secundarias de la industria siguen difundiendo el espíritu de la música en vivo. Lejos de los focos, esperando que 20, 30 o, en un día de suerte, un centenar de curiosos peguen el oído. Por suerte, el empuje no ha quedado limitado a la a veces voraz Londres y se ha extendido a nivel nacional a ciudades como Oxford, Newcastle o Belfast. Así, durante una semana un puñado de salas presentarán bandas de pequeño calado a precios populares para uso y disfrute de curiosos y expertos [Tienen toda la información aquí].

Nada nuevo, dirá alguno. A lo largo del año uno puede disfrutar de esta clase de eventos prácticamente cada día. Sin embargo, ahora que el oyente medio se ha acostumbrado a ver a sus bandas en grandes recintos y festivales al aire libre, a algunos aquello les parecerá ciencia ficción. Increíble, pero cierto. Durante los fríos meses de invierno hay un suculento menú de música en vivo para todo aquel que quiera aprovecharlo. Basta con hacerse con una entrada para una de las decenas de escenarios que salpican el plano de la ciudad. Ir, ver y disfrutar. Por el simple placer de escuchar una nueva banda en directo.

Conciertos y salas bajo radar, incapaces de luchar de tú a tú con las grandes promotoras y los teatros de postín. Pero, eso sí, con organizadores lo suficientemente honestos como para seguir sobreviviendo mes a mes. Convirtiéndose en refugio de la parroquia rock, como The Garage, o salpicando la agenda de delicias folk como The Lexington, tan sólo unas manzanas calle abajo. Más al sur, en el siempre reivindicativo barrio de Brixton, puedes disfrutar con el mejor hip-hop y R&B en el Mass o el Plan B. O si lo que buscas es mejor jazz de primera, siempre puedes colgar tu abrigo en alguno de los clubs del céntrico barrio de Soho. Y así podríamos seguir durante horas.

En definitiva, pequeños fortines de la melodía, sin mucho más que ofrecer que una copa y una noche de música en vivo. Algunos nos conformamos con poco, vaya. Quizás por ello nos resulte tan reconfortante descubrir iniciativas como la Independent Venue Week. Un nuevo invento, dirán algunos. Como el Record Store Day o el Día de la Música. Una excusa, al fin y al cabo, para tentar a algunos a acercarse a aquellos lugares subterráneos en los que la música sigue a ras de suelo, apenas separada del público por unos palmos de escenario. Como decía aquel: prueben y, si les gusta, repitan.