El indie ha muerto: Una relación complicada, Raphael y el indie

RaphaelSonorama

Estamos inmersos en ese momento en que los festivales de primavera y verano nos van enseñando sus carteles y el público potencial va interesándose por el evento y empieza a adquirir entradas, lo cual es esencial para que los organizadores vayan recuperando su inversión inicial y también vayan ajustando sus esfuerzos de promoción en función del interés del target.

En poco más de un mes, Sonorama y Primavera Sound han contribuido con dos sorpresas en sus respectivas notas de prensa, que los ha convertido en trending topic a las pocas horas. Hoy vamos a hablar del caso Sonorama y su inclusión de Raphael como cabeza de cartel de la edición de este año.

Manos a la cabeza entre el indie militante. Mientras una parte del público lo interpretaban como una maniobra promocional fantástica del tipo “mejor que hablen de mi aunque sea mal”, otra facción se sentía algo violentada al respecto. Pero, ¿por qué no?

Raphael lleva un montón de años en el candelero, y es uno de los artistas más importantes a nivel nacional, pero se da de bruces con la línea de los 3 años de vida del festival: Supersubmarina, Amaral, Miss Cafeina, Anni B Sweet, The Primitives, Sidonie, Russian Red, Maika Makovski, Sexy Sadie, Shout Out Louds, Nacho Vegas o Delorean, entre muchos otros, son los que han participado en las pasadas ediciones.

Posiblemente el problema no es el cantante, sino el uso que tanto público como prensa y organizadores de eventos hacen de la palabra indie. Si nos vamos a su origen, el indie tiene unos 20 años de vida, y fue una respuesta a los contratos abusivos de las discográficas que obligaban a las bandas con un calendario de lanzamientos y otras cláusulas totalmente contradictorias con la creación musical. Las formaciones empezaron a romper con esta dinámica y abrazaron el do-it-yourself; quieren libertad para crear y no quieren más medios que los que ellos pueden manejar. Y como resultado aparecen los sellos discográficos independientes dando esta libertad que los artistas pedían. Haced lo que queráis.

Dentro del denominado indie ya hace tiempo que hemos incluido bandas que no lo son para nada, que funcionan con grandes discográficas con planes de promo transversales que a su vez pertenecen o tienen acciones con otros medios de publicidad e incluso de merchandising. Así que mejor vamos hablando del Sonorama o tantos otros como festivales de música. En general, sin etiquetar. Sin hablar de indie-pendencia. Música.

Esto nos lleva a hablar del mal etiquetado indie patrio, que engloba una serie de artistas que hacen un tipo muy concreto de pop y que durante el verano tocan en casi todos los festivales de la Península, y que por repetición de los diferentes organizadores y sin querer, nos dan festivales con carteles casi calcados donde la única diferencia respecto a los otros sea la inclusión de un par de artistas internacionales, siendo ésta la única baza y rasgo distintivo. Aunque curiosamente estos festivales funcionan y hay respuesta de público en medio de  la recesión reinante. Pues funcionan precisamente porque el público se desplaza poco y le va bien y cómodo el festival que se hace al lado de donde están veraneando. Lo cual me hace pensar que el cartel no tiene apenas peso en la decisión de comprar un abono concreto para un festival o para otro cualquiera, y por otro lado, ¿para qué desplazarme si el otro es casi igual?

La florescencia de festivales que empezó a principios del 2000 y que nos hizo dar un paso más allá como parada de artistas internacionales se ha ido relajando, y nos ha dejado un panorama donde estos eventos son una versión modernizada, de mayor tamaño, y dirigida únicamente al público joven, de las fiesta de pueblo de toda la vida. Y como prueba, sólo hay que mirar las estadísticas confrontadas de un grupo internacional que es cabeza de cartel en un festival y cuando viene de gira: miles de asistentes en el festival, y pocas personas en las salas cuando vienen las bandas en una sala o club. Lo que importa es el evento, la fiesta, ¿las canciones? No son tan importantes, se va a bailar igualmente Take Me Out, Escandálo, o la obligada Paquito Chocolatero.

Éste es el feedback que da el público español, y los organizadores hacen bien en dar lo que se demanda y que les permite seguir funcionando. Algunos de estos eventos de verano parece que cogen el testigo y dignifican dichas fiestas de disco móvil: las ciudades se vacían, los estudiantes están de vacaciones, disfrutamos de tiempo libre… Y en este ámbito bien podría tocar Raphael, ¿no?