“Be Here Now” 20 años después: Un exceso infinito

Han pasado ya 20 años desde que Oasis lanzara su tercer álbum de estudio, el caótico y para algunos decepcionante Be Here Now. Pocas veces un álbum consiguió levantar tanta expectación antes de ser lanzado y fue olvidado tan rápidamente después. Todo ello a pesar de que las críticas durante la semana del lanzamiento fueron positivas. Para ponernos en perspectiva, Be Here Now vendió 424.000 copias el día de su lanzamiento en el Reino Unido y a finales de año un total de 8 millones de copias alrededor del mundo. Unos datos que nos hace preguntarnos, ¿realmente fue una decepción?

Muchas de las críticas negativas que recibe el álbum se deben a la duración de las canciones (algunas alcanzando los 9 minutos), a la sobreproducción de la música (más de 20 guitarras sobreponiéndose unas a las otras en My Big Mouth) y al sinsentido de las letras (aquí Magic Pie se lleva la palma). Tienen razón, todas las críticas son verdad. Las canciones deberían ser más cortas, la producción hace que el sonido sea cargante en algunos momentos y las letras no son muy rebuscadas que digamos. Algunos se excusan en la gran cantidad de cocaína consumida durante la grabación y producción del álbum. Como si no hubiesen hecho lo mismo en discos anteriores.

Pero hay una cosa que todas esas críticas no mencionan. Oasis por fin consiguieron ser la banda que siempre quisieron ser. Con Definitely Maybe consiguieron estar a la altura de los Stone Roses, con What’s the Story? Morning Glory fueron considerados los nuevos Beatles. Pero con Be Here Now finalmente consiguieron ser ellos mismos. Los hermanos Gallagher, su actitud, su irreverencia, su ego están mucho más representados en este álbum que en los dos primeros de su carrera. En una entrevista a Noel Gallagher recientemente mencionó que perdieron la oportunidad de ser considerados los reyes del rock con este disco. Desafortunada afirmación. No hay disco más rock and roll en su discografía.

D’You Know What I Mean?, el primer single que lanzaron del disco, que además le catapulto a lo que fue probablemente su cúspide, es una mezcla de guitarras, reverberaciones y sonidos psicodélicos que sigue sonando bien hoy en día. My Big Mouth tiene un riff completamente brillante (aunque sobrecargado) y Liam se canta a sí mismo (“En mi gran boca puede aterrizar un avión”, “Quien se pondrá mis zapatos cuando quieran ir al Hall of Fame?”). I Hope, I Think, I Know es una maravilla pop con guitarra distorsionada. Como de costumbre, tenemos unos cuantos temas de amor, algo más lentos pero con la misma agresividad en el sonido. Stand by Me es el Wonderwall del álbum solo que a Noel le dio por alargarlo hasta los 6 minutos. Don’t Go Away es otra obra maestra en este caso con la letra dedicada al proceso cancerígeno que la madre de Bonehead pasaba por aquel entonces y All Around the World hubiese sido un éxito si hubiese sido lanzado a principio de los 70 por un tal John Lennon o Paul McCartney.

El disco en sí es una celebración de sí mismos y del Britpop en general. Tomando esto como referencia, pistas como Be Here Now o It’s Getting Better (Man) se disfrutan más si entendemos mejor el contexto británico de la época, inmerso en un proceso regenerador de la cultura y la política. Es un cántico a toda esa juventud que vio a los Tories salir del gobierno y celebraron el orgullo de ser británicos. Oasis fue durante esos años el mayor orgullo internacional de su país. Y estamos pasando por alto la grandilocuencia máxima de la banda, expresada en Fade In-Out con colaboración de Johnny Deep incluida.

Hay muchísimas cosas que criticar a los Gallagher, pero este álbum no debería ser una de ellas. Era necesario. Todo lo bueno se acaba y mejor acabar esa generación Britpop que comandaron con una celebración de lo que fueron esos años que con un cambio radical en su forma de crear música. Os recomendaría hacer lo que hago yo. Lo escucho no más de dos veces al año y cada vez que lo hago, me transporto 20 años atrás, cuando mi hermano trajo el CD del álbum a casa y Oasis era la banda sonora con la que nos despertábamos y con la que nos íbamos a dormir. Un álbum de rock and roll puro. Eso sí, evitar una segunda escucha corto tiempo después, no sea que vayáis a cambiar de opinión.

Realmente se echa de menos un Be Here Now en la actualidad. Será que no ha habido nada tan grande, egocéntrico e hinchado que Oasis en las últimas dos décadas. Poneos este álbum, cerrad los ojos e intentad trasladaros a esa época donde cada noche en Camden era una fiesta. Sí, creo que eso es Be Here Now y eso quería ser Oasis. Una fiesta continúa. Un exceso infinito.