Y por fin, Micah P. Hinson & Tachenko le plantan cara al Trompe le Monde de Pixies en Apolo

MICAH P. HINSON & TACHENKO

FECHA: 8 septiembre

LUGAR: Sala Apolo (Barcelona)

Después del susto y el regustillo amargo del pasado 20 de julio, en el que mientras nos preparábamos para acercarnos a la sala Apolo nos hacíamos eco de la noticia de que Micah P. Hinson y Tachenko habían tenido un accidente de tráfico de camino a Barcelona, teníamos ganas, demasiadas, de verles sobre el escenario.

Esta gira que les lleva por los escenarios de nuestra geografía forma parte del ciclo We used to party en el que un solista o banda de reconocido prestigio accede a interpretar íntegramente un álbum ajeno que, por alguna razón, le ha marcado o gustado de forma especial, por ser el que más veces ha escuchado o el que hubiera querido componer. Razones aparte y en definitiva, se trata un experimento musical interesantísimo en el que una banda o solista toma prestado el disco de otra para reinterpretarla a placer y de paso rendirle tributo y admiración. Ya lo hizo en su día, en enero de 2010, cuando se celebró la primera edición, Giant Sand con Johnny Cash o, más recientemente, el músico californiano Chuck Prophet, quien versionó el London Calling de los Clash. La fórmula fue un éxito y por ello continúa con otros protagonistas. En este caso se llega a la quinta edición con el tejano de adopción Micah P. Hinson como espléndido invitado.

Y no se ha querido enfrentar a este reto solo, aunque es un experto en eso de homenajear, lo hizo ya con el Yard of Blonde Girls de Jeff Buckley, por ejemplo. En este caso ha querido arroparse de unos muy buenos y ‘nostrados’ compañeros de fatigas (en todos los sentidos, desafortunadamente) los zaragozanos Tachenko, que para la ocasión son los mismísimos The Pioneer Saboteurs. Y este ejército musical híper poderoso se ha querido enfrentar, nada más y nada menos, que a una joya que parecía intocable, sagrada y que da miedo hasta ‘profanar’, el Trompe le monde de Pixies. Cuarto disco y último con el que la banda de Boston se despidió en 1991. Disco potente, rabioso, eléctrico, inflamable y explosivo. Todo un reto, nada sencillo. El propio Micah afirmaba en una entrevista que tenía trece años cuando lo escuchó por primera vez y que nunca fue el mismo después de descubrirlo.
Expectación, mucha, y curiosidad exorbitante, es lo que sentía una servidora al acercarse a la Sala Apolo de Barcelona. Demasiado cercano tengo todavía el recuerdo del último disco del Sr. Hinson (and the pioneer saboteurs) de cariz triste, melancólico, abatido, atormentado y taciturno, pero delicado, hasta tierno que estremece y que nada que ver tiene con el disco de los Pixies. Ni de lejos se le asemeja algo. También recordaba antes de la aparición de la banda a escena alguna de las canciones de Tachenko, tan limpias, delicadas, alegremente pop algunas, alejadas asimismo del Trompe le monde. Eso no hacía sino aumentar la curiosidad por ver que depararía tal experimento sobre las tablas. La cosa prometía y MUCHO.

Público de toda índole, edades y características se acercó a Apolo deseoso por descubrir el misterio. Seguro que alguna razón concreta les empujó a hacerlo, alguna razón o varias de ellas. Los habría que lo hacían por ver a Micah P. Hinson, él sólo ya lo vale. Por ver a Tachenko, también lo valen por sí mismos y se les quiere mucho en la Ciudad Condal. Los habría que lo harían por ser simplemente fans de Pixies intrigados y entregados a su vez a toda propuesta que tenga que ver con su banda de cabecera. O lo que es mejor, los habría seguidores de los tres, que estoy segura serían muchos. Por lo menos quien escribe lo es. Fuera una o fueran tres, o las que fueran, las razones que movieron al público de ayer a Apolo, el resultado mereció la pena. Muchísimo.

Casi un cuarto de hora después de lo marcado en horario y sin red, sin teloneros que caldearan el ambiente, no hacían falta. Micah y sus secuaces, ‘The Pioneer saboteurs’ (Tachenko al completo) salieron al escenario. Micah llama la atención a primera vista, a pesar de lo poca cosa que es y lo enclenque, canijo y frágil que aparenta. El tejano ejerció de ‘prota’ absoluto, pero no hay que desmerecer a Tachenko, pues estuvieron totalmente brillantes en todo momento y se merecen también TODO el protagonismo. Pero es que Hinson atrae miradas. Surgió con esa pinta de niño bueno, con pinceladas del introvertido y algo rarito de la clase, pero con un punto ‘pillo’, eso sí. Cuidadito con él.
Pelo engominado, ralla al costado. Gafas enormes, blancas. Camiseta sin mangas de Mickey Mouse. Tirantes. Pañuelo rojo estratégicamente colocado en el bolsillo trasero de su pantalón, para secar el sudor, que fue mucho el que transpiró la noche de ayer. Calzado contundente como para hacer MUCHOS kilómetros, los que les queda a esta gira. Tatuajes de chico malote. Y sí señores, heridas de guerra. Micah lucía brazo en cabestrillo y tiritas, secuelas de ese accidente desafortunado y demasiado reciente, pero del que ha renacido cual ave fénix y que ha parecido olvidar. Y de qué manera lo ha hecho. Su mejor rehabilitación, la música sin duda. Espero que el médico del Sr. Hinson no estuviera ayer en la sala para ver qué tal la recuperación de ese brazo tullido, porque cometió excesos. Y no era para menos. Enfrentarse al salvaje Trompe le monde no es cualquier cosa. Necesita entrega.

Y sin avisar, como no avisa la tormenta que llega por sorpresa las noches de verano, comenzó a tronar y relampaguear sobre el escenario. Porque el show de ayer fue algo así como una gran tormenta eléctrica, acompañada de agua, mucha, que te cala hasta los huesos. Y mostrando la cara más visceral, la más punk, que estaba MUY escondida en Micah. P, la banda comenzó a desgranar, uno tras otro, todos y cada uno de los temas que forman el gran Trompe le monde.
No es fácil. Requiere de MUCHA fuerza física y artística. Pero tanto Hinson como Tachenko, a quienes se les veía disfrutar como niños chicos en todo momento, cerquita tenía a un Sergio Vinade pletórico que estuvo de diez a la guitara, iban sobrados al examen. Se sabían la lección al dedillo, a pesar del atril en ‘modo chuleta’ de Micah P. y estaba claro, desde el principio, que pasarían con ‘notaza’. Es espectacular la transformación de Micah en un escenario, las distintas caras de un prisma en una sola persona. Escuchar de su voz quebradiza y profunda temas como el The sad punk pone los pelos de punta, da hasta miedo, te eriza. Un tema violento que me recordó de la voz de Hinson al mismísimo Johnny Rotten en su época de esplendor con Sex Pistols por sus alaridos en momentos de paranoia extrema. Micah P. parecía embrujado. Y así pasaron, con los ojos y los oídos bien abiertos y casi sin darnos cuenta, los quince temas que componen este disco de los Pixies. Quienes estarían MUY orgullosos de la magnífica revisión de Micah P. y Tachenko que mostraron su faceta más punk, enérgica y brutal. Todos estuvieron a la altura de un disco espectacular. Nos hicieron babear a placer. Y el niño taciturno, introvertido, triste, atormentado llamado Micah P. al que apetece abrazar se transformó por un rato en el niño desobediente y rebelde que planta cara y muerde. Que araña. Eso sí, jugó y mucho con su artefacto en forma de micrófono que reverberó hasta en demasía su tremenda voz, igual no hacía falta. Pero por poner algún pero, pues estuvo espectacular. Todo ello lo hacía mientras bebía a morro de una botella que aparentemente era de zumo de naranja, aunque creo que podía haber escondido perfectamente la pócima mágica de Astérix.

Durante casi más de una hora, Micah P. y Tachenko emularon que no ‘saboutearon’ (perdonadme el juego fácil de palabras) a Pixies y superaron cualquiera de las expectativas de esta mezcla imposible y explosiva.

Y después de saborear el apasionado U-mass, Palace of the Brine, Lovely day y así todos los temas de Pixies, la banda se tenía guardada una sorpresa para el final en forma de bises. Que fueron dos. En el primero, ya más relajados o cansados por el derroche de furia punk. Se le acababa de hacer el amor a un disco en el escenario, cuidado, ahora tocaba ponerse tiernos. La banda preparaba temas de la discografía del tejano. Temas más íntimos y reposados en los que apareció el Micah P. que conocemos todos y que tanto nos gusta. Micah en estado puro. Un derroche de ‘MicahPhinsismo’ en el que Tachenko se lució tanto como él mismo. Realmente geniales, se merecen miles de elogios.

Y tras este derroche de genio particular, el estado de gracia en las presentaciones a la banda por el mismo Micah al pie de un micrófono de crooner donde quedó demostrado que los presentes sobre el escenario se admiran recíprocamente.

Después de ver a un Hinson divertido, bromeando al tomar sus pastillas para el dolor de lumbares al comentario: I take drugs, con esa voz todopoderosa que no sé de dónde puñetas sale, llegó el segundo bis. Micah P. Hinson salió solo esta vez ante el público, sin acompañamientos, sin apoyos. Aunque, todo hay que decirlo, no nos hubiera importado nada que los zaragozanos Tachenko también lo hubieran hecho por su parte y nos hubieran regalado alguna de sus canciones, desde aquí mi petición para la próxima vez, tenemos ganas de oírles en Barcelona. La cuestión es que el Sr. Hinson se plantó en el escenario iluminado por un foco y, tras un speech en el que habló sutilmente de su accidente, se marcó A CAPELA un Drift off to sleep que nos dejó temblando de la emoción por un rato. El silencio era sepulcral en la sala. Se podía romper en mil pedazos ante el más mínimo carraspeo. Su nana nos acunó y nos despidió de la manera más cálida y dulce posible y puso el broche de oro a una noche de lujo, del todo imperdible.

Si se os hace la boca agua el leer lo allí acontecido y queréis presenciar de motu proprio tal experimento musical, tenéis oportunidad de hacerlo hoy mismo en Donosti, este fin de semana en el festival South PoP de Isla Cristina, el domingo en Mallorca, el 14 en Ourense, 16 en Santander y el 17, hacen doblete, en Miranda de Ebro y Bilbao. ¡Asistencia totalmente aconsejable señores!