Xoel López, fin de gira

XOEL LOPEZ

Lo cierto es que Xoel López sigue en activo.

Y, es ahora, después de haber viajado y haberse encaminado en una dirección bastante más madura y distinta a la escena en la que se movía antes, cuando comienza a generar algo de controversia entre muchas de las personas que se acercaban a él como uno de los estandartes de la escena independiente de nuestro país. Pues bien señores, siento comunicarles que la verdadera independencia musical está en personas como él. Que sigue siéndolo vaya.

El gallego, que destacó siempre por esa forma especial para describir lo importante, nos trajo de sus viajes un puñado de historias donde disfruta de muchas más cosas de las que menciona en este último trabajo Atlántico (Virgin/EMI, 2012).

Las canciones incluidas en esta última vuelta de tuerca a su carrera beben, sobre todo, de la música latina. De las melodías e instrumentos que acompañan normalmente a una salsa, una cumbia, una bossa-nova o cualquier otra pieza musical que nos traslade al otro lado del océano.

Si algo hace bien Xoel es declinarse por las doscientas partes de sí mismo que quiere ir despertando y emplear bien el tiempo que le es dispuesto. Por ejemplo, en conocerse. Para luego demostrar por qué ha empleado bien su tiempo. Y que es posible acomodarlo de manera inteligente. Y hacer cosas esencialmente bonitas con él.

Así, la canción que escogía para abrir la noche era Caballero. El cuarto corte de Atlántico era el responsable de hacer entrar en barrena a un público recién adherido a la aventura. Entre las canciones nuevas fueron entrando algunas de las canciones que llevábamos tiempo escuchando. La tercera invitada era su Historia Universal (El Amor no es lo que Piensas). Pueden imaginar cómo de desgañitadas empezaban a estar algunas gargantas. Con la Riviera llena y muchas ganas de disfrutar se sucedían con total naturalidad, porque la sencillez de Xoel es inherente, canciones como Buenos Aires, Que no, El Cielo de Madrid, El Asaltante de Estaciones (con apoyo de armónica), Reconstrucción (uno de los cortes más emocionantes de la noche) o De Vino y Espejos (con Xoel al piano).

Al presentar Tierra (para mí la canción más bonita de éste último álbum) Xoel acercaba al escenario a un invitado muy especial, mencionando a Iván Ferreiro, que no estaría esa noche. Félix Arias, mitad del proyecto Lovely Luna, se subía a las tablas para quedarse. Compartiendo también pedazos de ese viaje como Por el Viejo Barrio o Yo ya te Conozco. Sonaban también Los Días Fríos y De Piedras y Arena Mojada justo antes del primer bis.

El segundo bis lo cerraba, después de cuatro canciones, Hombre de Ninguna Parte. Con el público entregado bailando y respirando cariño. Podría decirlo de forma aséptica pero lo cierto es que estaría mintiendo.

El segundo bis, que trajo consigo la clausura definitiva, terminaba con Adiós Corazón. Y con montones de manos alzadas dibujando corazones ‘simétricos’ con sus dedos se despedía Xoel de los escenarios, por el momento.

Lo mejor de Xoel, y de los músicos que le acompañan, es que además de disfrutar con lo que hacen, por descontado, no intentan que parezca lo contrario. Ninguna de las personas que había el sábado sobre el escenario estaba ahí por los motivos equivocados. Es decir, nadie trató de demostrar nada. Ellos pusieron la música, y la audiencia trajo consigo las ganas de formar parte de esas historias que ya han convertido en propias.

No hay nada mejor que compartir ciertas cosas con personas que entienden. Habrá más momentos.

Ojalá pronto vuelvan a brillar, en la oscuridad del río.