Una noche en el circo con Corizonas

CORIZONAS

Fecha: 15 de noviembre de 2012

Lugar: Circo Price (Madrid)

Ni en sus mejores sueños Corizonas hubieran pensado que llegarían tan lejos. Anoche, tras dos años de periplo, estos siete músicos madrileños y vallisoletanos se despedían de Madrid visitando el Circo Price, una de las plazas más elegantes y con más solera de la capital. A pesar de la solemnidad del lugar, la banda no dudó en convertir la sala en una de sus habituales verbenas. Durante las dos horas que estuvieron sobre el escenario se revolcaron sobre psicodelia, cabalgaron a lomos del country más salvaje y hasta se atrevieron con una de las canciones discotequeras por excelencia, Danger! High Voltage de los Electric Six.

 

Pero antes de prender la mecha entonando ese Fire in the disco, el grupo tuvo tiempo de repasar buena parte de su primera y única referencia, The News Today. Esa en la que ladrones, historias de ranchos y hoteles de carretera se mezclan con melodías que recuerdan a The Jayhawks o Calexico. The Falcon Sleeps Tonight podría haber servido de banda sonora de un rodeo frenético. En Hotel Room los ecos de Tarantino se vieron apoyados por la trompeta de Yevhen Riechkalov, ranchero mayor del escenario. Y en Run To The River alguno incluso temió que el mismísimo John Wayne fuera a irrumpir de un momento a otro en la sala.

 

Como en el célebre camarote de los hermanos Marx, el jueves en el Circo Price cabía casi cualquier cosa. Una versión del Wish You Were Here de Pink Floyd que haría derramar alguna lágrima a Johnny Cash, recuerdos a Neil Young y su Everybody Knows This Is Knowhere y hasta incursiones por el espectro más oscuro del rock con una revisión del Supernaut de Black Sabbath. Aunque en este carrusel lleno de idas y venidas por la música popular, la sucesión de Pushin’ Too Hard y Mr. Soul (a la que habría que añadir la guinda del (I Can’t Get No) Satisfaction de los Stones) se ganó la condecoración de la noche.

 

En el centro de la escena, Javier Vielba, director del circo, domador de fieras y líder indiscutible de la banda, se afanaba porque la fiesta no se le fuera de las manos. Su aspecto de predicador, con barba de tres meses y gafas incluídas, podía llevar a engaño a más de uno. Sin embargo, a su lado tiene unos cuantos forajidos y buscafortunas que llevaban más de dos décadas pateándose los escenarios de Malasaña y alrededores. Hay que reconocer que, aunque el cantante de Arizona Baby pone el carisma y el desparpajo, son los miembros de Los Coronas los que sirven la grasa y el músculo en este matrimonio. El guitarrista de los madrileños, Fernando Pardo, llegó a asegurar en su momento que el papel de los Coronas en esta gira había sido el de colaborar en el disco eléctrico, con banda, de Arizona Baby. Algo que se confirmó cuando casi al final de la noche el cantante vallisoletano entonó ese célebre Shiralee de cosecha propia.

 

Antes hubo tiempo de interpretar una soberbia Queen Of Hearts, que se encuentra entre lo mejor de la producción “corizónica”, y darse un baño de masas con una versión de Piangi Con Me de The Rokes. No sería la última excursión lingüística del grupo. Minutos después se pasaban al idioma de Cervantes con una más que aceptable revisión de Hiedra Venenosa, canción original de Los Rebeldes del Rock. Con ella el rancho se convertía de manera definitiva en un guateque lleno de rock y glamour. Ni con esas pudimos imaginarnos a la banda sin sus sempiternas chaquetas de cuero vuelto y sus sombreros de cowboy. Un vaquero es un vaquero. Aunque se trate del (pen)último duelo.