Un paseo y una vuelta por el Primavera Club (I)

PRIMAVERA CLUB

Foto: Primavera Sound / Mariano Regidor

La semana del Primavera Club, la edición en otoño y en salas del Primavera Sound, nos la tomamos con un poco más de filosofía y rejalo que el resto de semanas, aunque muchas veces nos estresan los horarios, con muchos conciertos difíciles de combinar. Este año la cita comenzó el martes con el brutal directo de Charles Bradley en la sala Caracol.

Charles Bradley era un cocinero aficionado a cantar, imaginamos que en la ducha o de paseo. A sus 62 años acaba de sacar su disco de debut, al que curiosamente ha llamado No time for dreaming. Desde que se abrió el telón la música no dejó de sonar hasta el final del concierto –trompeta, saxofón y bajista de lujo incluidos-, que acabó en una escena de final feliz de cine con el artista sudado bajando al público, dando abrazos, sonriendo…muy emocionante. Bradley decidió darse en cuerpo y alma, bailando, riendo y cantando con garganta y estómago, partes del cuerpo que domina a la perfección. Aparte del show party-erótico-festivo (deep inside, deep inside), descubrimos la puerta secreta por la que se comunican la estética y la puesta en escena del soul. El tema da para una tesis doctoral. Sonrientes y bailongos nos volvimos a casa. Era martes.

El miércoles era, supuestamente, el día de R. Stevie Moore. El no tan mayor barbudo blanco, el Papa Noel del lo-fi, nació en 1952 y empezó a publicar discos en 1976. Una tediosa carrera ha hecho que su figura se mitifique y sea considerado leyenda viva. Teníamos muchas ganas de este concierto, pero por diversos factores, mi sensación al contemplar su show fue de pena. No pregunten por qué, no sabría responder. Con su voz a lo Kevin Ayers, R. Stevie Moore ofreció un directo completo, con toques de humor y venga a atusarse la barba con saliva para que lo pudiéramos ver. Brillaron especialmente los dos últimos temas. Ya era miércoles.

Para terminar con esta primera parte, lo que vimos el día del ecuador (mitad de los días, pero no del contenido ni de los grupos bandas, cuya concentración es más densa a partir del viernes) de este festival de semana de gloria.

El jueves volvimos a Joy Eslava para ver a Veronica Falls. Llegamos tarde y la sala abarrotada, pero subimos a la primera planta y disfrutamos del concierto sobre las calvas de los demás. Pop sencillo, dos chicos y dos chicas, ritmos sencillos, muy pop. Recuerdos de canciones de Yo la tengo o los más actuales Vampire Weekend. Estuvo muy bien. Lo de estos ingleses que va hacia arriba, veremos en qué queda.

En el mismo escenario comparecieron los muy jóvenes Givers. Desde Lousiana, era la primera vez que tocaban en España. Con poco más de la mitad del aforo de Joy llegaron para tocar su disco de debut, In light. El aforo se fue llenando mientras se sucedían los golpes de percusión, los cambios de ritmo atroces y los guitarreos tropicales. Algo que anticipaba la versión que hicieron del Girlfriend is better, de Talking Heads. Tras su hit Up, up, up nos fuimos corriendo a Siroco para ver a los finlandeses Uusi Fantasia.

Cogimos la línea 2 de metro y llegamos a Noviciado, casi corriendo entramos de los últimos a Siroco. El aforo del concierto anterior, el de Handsome Furs, había estado completo y mucha gente no pudo entrar, por lo que fuimos unos afortunados. Uusi Fantasia desplegaron un repertorio electrónico con bases muy ochenteras que nos llenó de emoción. A pesar del calor y de la sala Siroco, que está recién reformada y ha quedado muy bien, pero que no es la idónea para un concierto que se espera concurrido. Un trombón de varas y ritmos muy bailables, eso es todo lo que pudimos ver, pero bailamos y adelgazamos. Ya era viernes, nos quedaba todo un fin de semana que dedicaríamos, en su mayoría, al Primavera Club. Habrá segunda y última parte de esta crónica coja.

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