Tokio Blues (1987) de Haruki Murakami. Los pájaros que se escaparon.

Editorial: Tusquets

A Toru Wantanabe se le escapan los pájaros de las manos. Dice el refrán que más vale pájaro en mano que ciento volando y, Wantanabe se tiene que conformar con que el vuelo de los que más quiere pase de vez en cuando frente a él y rezar porque el aleteo no golpee su rostro.

 

Wantanabe es el personaje principal de Tokio Blues que escribiera en 1987 el tokyota Haruki Murakami, obra que en los últimos meses está en boca de todos gracias a la reciente adaptación al cine que ha realizado el director franco-coreano Tran Anh Hung. Al revisar la biografía de Murakami, nos damos cuenta que el joven estudiante de literatura clásica llamado Toru Wantanabe no es más que el alter-ego del propio autor.

 

Norwegian Wood es el subtítulo elegido para la tercera novela del escritor nipón y hace referencia a la canción homónima del grupo más famoso de Liverpool, The Beatles. En principio, Murakami la utiliza para justificar la historia: Un Toru Wantanabe adulto, en viaje de negocios, escucha una “rara versión” del tema que, a la postre, resultará ser la canción favorita de Naoko, una de las mujeres más importantes en su vida, sumiéndose así en una regresión voluntaria que tiene mucho de exorcismo. Una vez instalado en el recuerdo, Wantanabe-Murakami nos cuenta la historia que asegura haber intentado escribir en varias ocasiones frustradas. Nos la contará desde la visión del adolescente que fue, nunca nos hace pensar que conoce el desenlace de la historia que nos cuenta, a excepción de un único momento, casi al final de la obra, donde se adelanta cuatro años para contarnos las desventuras de uno de los personajes secundarios. Además, lo hace sin razón aparente, en lo que para mí supone la única costura visible de la novela que al lector aficionado a intentar adivinar el final de las historias que lee, le podría dar pistas sobre el mismo.

 

El deseo juvenil de la búsqueda de la felicidad en un mundo que se adivina cruel, donde el sexo se erige como salvoconducto hacia la edad adulta para unos, como caro peaje para otros. La vida, débil epidermis del mundo, se revela como un torpe juego en el que rara vez se gana y perder no supone el fin del mismo, sino la vuelta a la casilla de salida, con menos fuerza y menos ganas de jugar, a no ser que nos levantemos de la mesa y retiremos nuestras fichas del tablero.

 

El argumento de la novela pertenece a lo que podríamos llamar “literatura de formación”, donde el autor se nutre de su propia experiencia, transformándola hasta apenas reconocerla, pero no lo suficiente como para olvidar su origen. A pesar de eso Murakami lo hace de una forma magistral, sin apenas fisuras, dejando bien claro que sería una de las figuras  literarias más importantes de nuestro tiempo.

 

Si la obra de Murakami fuera un restaurante, sería uno extraño y lujoso de cocina de autor, con exquisitos platos en la carta y precios asequibles para todo el mundo. Alta gastronomía literaria al alcance de todos, Best Sellers que se ganan ese estatus por su inmensa calidad. Y Tokio Blues el plato que recomendaría cualquier persona que no lo hubiera degustado.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10


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