THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES – THROW IT TO THE UNIVERSE

THE SOUNDTRACK OF OUR LIVESTan absurdo sería negar la grandeza y el mérito de ciertos discos actuales, pocos pero incuestionables, como ponerse la venda en los ojos y autoconvencerse de que atravesamos una de la fases más excitantes de la historia de la música, con bandas, sonidos y escenas desviando el rumbo del rock. Son años indeterminados, décadas a las que cuesta bautizar, una época huerfana de iconos generacionales. Y de eso los 90’s ofrecieron mucho. Y hasta en las explosiones musicales menos trascendentales uno podía sentir el frenesí de que determinados países o ciudades se convertían en imprevistos epicentros de creatividad, en máquinas de facturar discos con poso, con voz.

Y una de las últimas grandes escenas detonó en Suecia a finales de la década del Nevermind y del Mundial de Estados Unidos. Apagada la llama del grunge, bandas como Turbonegro, Hellacopters o Diamond Dogs concibieron algunos de los mejores discos del momento. El denominador común era el rock abrasivo e influencias muy 70’s, tales como los Stooges, MC5, Kiss o los Rolling Stones, según el caso. Pero como en todas las eclosiones musicales, siempre hay excepciones difíciles de encasillar, que van por libre. Y una de las más atractivas en ese repunte de la música sueca fue la carrera de The Soundtrack Of Our Lives.

 

Henchido de espiritualidad y ataviado como un pastor dirigiendo las almas de sus feligreses, Ebbot Lundberg comanda una de las formaciones más insólitas que ha registrado la música europea en los últimos veinte años. Quizá no hayan inventado nada, pero su mezcolanca de influencias, que oscilan entre el pop más ortodoxo de los Beatles o los Beach Boys, aderezado con unas atmósferas psicodélicas que pueden evocar a Pink Floyd o la propia banda de Lennon y McCartney en su faceta más lisérgica, da como resultado una de las propuestas más llamativas y genuinas que se han podido disfrutar en lustros.

La minuciosidad de sus producciones, la ambición creativa que transmite el grupo, la exuberancia de matices que barniza cada composición y un sentido de la épica sumamente regocijante se ha saldado con obras muy notables, de largo recorrido, de caducidad imposible: Behind The Music y Communion, especialmente. Pues bien, en este 2012, y diecisiete años después de su creación, la banda que nos ocupa ha anunciado una noticia pésima: se bajan de los escenarios, dan carpetazo a su carrera. Pero, para digerir el mal trago, han comunicado otra: su canto del cisne, su último álbum, Throw It To The Universe. Y la noticia es maravillosa.

 

Quizá desesperanzados por no obtener un reconocimiento a la altura de su talento, tal vez abrumados por la crisis económica y moral de la actualidad, Lundberg se han descolgado con su obra más íntima y melancólica. Y seguro que no es su disco más versátil, ni tampoco el más impactante, puede que incluso no sea el más inspirado, pero es bastante probable que se trate de la obra más hermosa y emocionante que han publicado jamás. Idónea para la introspección y el recogimiento, para cauterizar heridas y sanar duelos de amor, para las lágrimas en la lluvia, para los corazones en invierno. Para todos vosotros, venid aquí, que Lundberg guiará vuestras penitencias.

Tal vez hacia la mitad del disco la cosa flojee o se estanque un poco, pero nada más comenzar, y tras el primer corte que da título a la obra, You Are The Beginning despliega sus exquisitas alas como una de las canciones más rebosantes de elegancia y fragilidad que se han compuesto en mucho tiempo. Y así, con algún que otro altibajo perdonable, se desarrolla de principio a fin este bendito estertor final de TSOOL, con un ritmo mucho más sosegado que sus anteriores obras, y con una recta final asombrosa, embriagadora, hipnótica, y con un protagonismo especial de dos canciones que un ángel redentor debería hacer sonar en las puertas del cielo, en el improbable caso de que éste exista, y en el aún más inverosímil caso de que nos lo hayamos ganado: If Nothing Lasts Forever y What’s The Story. En fin, broche inolvidable al disco y a una trayectoria impecable. Se despiden en un gran momento de forma, con la sensibilidad a flor de piel, con las entrañas por montera. Esta despedida es de las que duelen.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10