Se destapan detalles sobre el escándalo por drogas que protagonizó Keith Richards en 1973

En junio de 1973, Keith Richards, miembro de los Rolling Stones, protagonizó un escándalo relacionado con las drogas cuando la policía registró su casa del barrio de Chelsea, en Londres. Allí, se encontraron grandes cantidades de Mandrax, heroína, marihuana, utensilios para el consumo de las drogas y, también, un revólver con su correspondiente munición. Sin embargo, a pesar de que esto hizo que Richards se enfrentara a más de 25 cargos ante la ley, solamente fue sancionado con una multa de 250 libras (de entonces).

Ahora, casi 40 años después, y gracias a The National Archives (http://www.nationalarchives.gov.uk/), hemos sabido muchos detalles hasta ahora ocultos sobre lo que sucedió ese día y durante el posterior proceso.

Por ejemplo, se nos relata cómo el Rolling Stone y su entonces novia, Anita Pallenberg, intentaron deshacerse de las cucharillas usadas para quemar heroína. Según el inspector O’Hanlon, encargado del caso, ambos ordenador a un empleado del hogar que les sirviera bebidas e intentaron ocultar las cucharas quemadas utilizándolas para remover el contenido de sus vasos.

Por otro lado, O’Hanlon cuenta que Richards intentó justificar que las drogas no eran suyas diciendo que pertenecían a Marshall Chess, hijo del dueño de la discográfica Chess, quien supuestamente habría alquilado la casa del rockero desde hacía un tiempo. Además, justificó su presencia allí alegando que “simplemente vinimos de visita la noche pasada“.

Respecto al arma, en su momento el guitarrista habría afirmado que se la había regalado Leroy Leonard, puesto que consideraba que iba a necesitar protección dada su intención de vivir en Jamaica. En palabras de Richards, Leonard, al entregársela, le habría dicho que “Hay una especie de problema allí y si vives allí lo mejor para tu protección es tener una“. A continuación, afirmaría “por lo tanto, decidí tenerla para estar preparado“.

Esta historia del revólver conocida ahora contrasta con la versión que el propio Keith Richards diera en su libro autobiográfico, Life, donde comenta que el arma que encontraron era una réplica del siglo XIX de un arma real, réplica no válida para ser disparada, a pesar de lo cual, según él, la policía le indicó que tener una réplica significaba, a efectos legales, lo mismo que tener un arma original.

Con todo esto, parece que se reabre este capítulo ya olvidado por algunos de la vida de Keith Richards. Faltará ver si a raíz de esto se suceden nuevas versiones o somos nosotros los que debemos contrastar y quedarnos con la que más nos convenza.