Recapitulando la expulsión del batería de The Flaming Lips

The Flaming Lips

Kliph Scurlock (ex batería de The Flaming Lips desde marzo de este año) escribió el viernes una carta en la que explicaba, entre otras cosas, las razones de su despido. En ella, acusa a Wayne Coyne (líder de la banda) no sólo de cierta apología del racismo, sino también de maltrato psicológico a su persona, amenazas relacionadas con el maltrato físico y de incitarle a empezar una trifulca por Twitter con The Black Keys.

En la carta, también disculpa al resto de miembros, de los que dice estar leyendo muchas barbaridades y ataques que no merecen, defendiendo su dignidad y levemente la de Coyne, al que dice que no desea la muerte, como otros fans parece que sí. Steven Drozd twitteó también el 2 de este mismo mes pidiendo que cesen las acusaciones y retando a la inteligencia de sus atacantes, puesto que estaba cansado de los insultos, mientras que Coyne simplemente pidió paz sin querer atacar ni herir a nadie.

Al parecer, todo comenzó cuando Christina Fallin, hija de la gobernadora de Oklahoma y amiga de Wayne, publicó una foto con un tocado indio y fue acusada en la red de racista, y el propio Coyne también publicó una fotografía en señal de apoyo junto a varios amigos con gorros similares, pero eso sólo sirvió para cabrear más a los cibernautas y concretamente a Scurlock, quién decidió “mandar a la mierda a Fallin” lo cual no hizo mucha gracia a sus compañeros que decidieron expulsarle por “discrepancias artísticas” (que alegaba Drozd).

Sea como fuere, veremos hasta dónde llegan las acusaciones y cómo reaccionan los afectados del embrollo, que cada vez parecen más. Aun con esto, seguimos sin entender muy bien que algo tan absurdo y malinterpretado lleve a rupturas o discusiones de tal calibre.