PREDICADOR (1995-2000), de Garth Ennis y Steve Dillon

Editorial: DC Cómics

Si hubiera que elegir un adjetivo para resumir Predicador (con guión de Garth Ennis y dibujo de Steve Dillon), sin duda alguna sería violento. A lo largo de los 66 números y varios especiales paralelos de la obra, la violencia está presente en todo momento.

Sin embargo, y a diferencia de otros cómics de Ennis (como Crónicas de Wormwood, Crossed o The Boys), el autor no la emplea en su típico afán gamberro de provocar con la sangre fácil. Con Predicador, logra entrelazar la violencia con una narración amena, sencilla y directa que la pone al servicio de la trama. Con un ritmo más propio del cine, Ennis logra un equilibrio equiparable al conseguido en la gran pantalla por Cronenberg en su tan apropiadamente titulada Una historia de violencia y en Promesas del Este; en Kill Bill 1 del propio Tarantino o en los últimos minutos de Grupo Salvaje de Sam Peckinpah (que incluso se nombran en Predicador: “El grupo salvaje está a punto de cargarse a medio México”). Las referencias cinematográficas son una constante en las viñetas de Predicador; el propio John Wayne tiene su papel, el dibujo de Jesse y Tulip, los dos protagonistas están basados en Nicolas Cage y Laura Dern de Corazón Salvaje de David Lynch, y el del Santo de los Asesinos es una mezcla entre James Coburn y Clint Eastwood.

La historia en sí es un auténtico western (el propio Ennis reconoce que era su intención inicial) disfrazado de “road movie” con tintes sobrenaturales totalmente irreverentes. Ambientada en la época moderna, nos hace seguir las peripecias de Jesse Custer, un pastor de la pequeña población estadounidense de Annville, poseído por Génesis, una entidad hija de un ángel y un demonio, que le dota con La Palabra de Dios y le da el poder de hacer que le obedezcan. Jesse inicia entonces la búsqueda del propio Dios en busca de explicaciones acompañado de su ex-novia Tulip, asesina a sueldo, y de Cassidy, un vampiro irlandés alcohólico. A partir de este rocambolesco argumento, la historia se dispersa para contarnos el pasado de los distintos personajes con un tapiz de secundarios tan imprescindibles como los principales. Los muchos hilos de la trama hacen imposible adelantar más sobre ella, pero lo importante de Predicador es recorrer el camino para llegar hasta un final que, hay que reconocer, desmerece el resto de la obra.

El cómic no sería el mismo sin el equipo creativo creado por Ennis y Dillon, como ponen de manifiesto los especiales paralelos, en los que no participa el dibujante y que carecen del impacto de la línea principal. Por un lado, el irlandés Ennis firma su obra más representativa, en la que da rienda suelta a sus temas favoritos y presentes en casi todos sus guiones: honor, amistad, venganza, deber… todos ellos aderezados con su ya característica mezcla de humor negro y violencia. Con diálogos actuales y soeces que llegan a divertir más que escandalizar, Ennis llena la historia con guiños a la mitología de la historia norteamericana (especialmente al salvaje oeste; el origen del Santo de los Asesinos recuerda al del personaje de Clint Eastwood en Sin Perdón) y una crítica a los tópicos de EEUU, encarnados en su mayor parte en el sur del país. No se olvida de sus obsesiones por los temas bélicos (recorre la guerra de Vietnam) o la problemática de Irlanda del Norte, de donde es originario.

Por su parte, Dillon pone en marcha su inconfundible dibujo para completar el tono cinematográfico del cómic. Al hablar del ilustrador británico y de su trabajo en Predicador, sobresale su dominio de los primeros planos. Consigue que los personajes expresen cualquier sentimiento desde la sorpresa al enfado, pasando por la confusión o la decepción. En muchas ocasiones, se puede seguir la historia sin necesidad de leer los bocadillos, tan solo con las expresiones dibujadas por Dillon. Un hecho que remata con sus dibujos de paisajes y situación

En definitiva, Predicador es un cómic que no deja indiferente tanto si te encanta como si lo odias; una obra de las que dan de hablar, que en más de una ocasión te revuelve el estómago pero que, en muchas otras, te encuentras con una sonrisa en el rostro mientras sigues pasando sus más de 2.200 páginas. Al menos en mi opinión, cumple la misión que se encomendó su autor cuando empezó a escribirlo: disfrutas como un enano mientras lo lees.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10