Okkervil River se queda con el trono destinado a The Drums

THE DRUMS

FOTOS: Carla Mir (Cedidas por Heineken Pro)

Ayer era otro de esos momentos que, poco a poco, hacen más llevadero el final del verano en Madrid. Lejos quedan ya las vacaciones, apagar tranquilamente el despertador, levantarse a la hora del aperitivo si a uno le da la gana. No, todo eso se acabó ya. Pero ayer daba lo mismo. Había concierto. El primero de una larga ristra de grandes actuaciones en directo que llenarán las salas de Madrid de aquí a final de año.

 

En esta ocasión, traídos a nuestras tierras por la gente de Heineken Music Selector, era el turno de Okkervil River y, presentando su recientísimo segundo disco, los neoyorquinos The Drums. No está nada mal para empezar la temporada, ¿no? Pues sí, pero anoche fue uno de esos días, que probablemente se puedan contar con los dedos de las manos, en los que el supuesto segundo nombre se come a los supuestos cabezas de cartel. Sí amigos, porque si anoche hubo una banda, pero dicho con mayúsculas, en el escenario, esos fueron Will Sheff y compañía.

 

Es increíble lo compenetrados que se mostraron en todo momento los de Austin, pero más aún lo es la personalidad de Sheff sobre las tablas, animando continuamente al público a saltar, participar, dar palmas y, sobre todo, emocionarse con su música. ¡Qué gran frontman demostró ser! Y en lo musical, pues temazos como Wake and Be Fine, Our Live is Not a Movie or Maybe o Lost Coastlines no pudieron faltar en la actuación.

 

Créanme, ya que desde mi posición era algo que podía ver muy bien, que los bailes y botes vistos en momentos de este concierto no se repitieron ni en los momentos más intensos de la actuación de The Drums, quienes saltaron al escenario tras la típica pausa en la que el 80% del público aprovechó para comprar cerveza o fumar un cigarro.

 

Allí estaban los neoyorquinos, grupo encumbrado por la maquinaria del hype con su disco de debut (buenísimo, por cierto), y que ahora se enfrentan a su segundo trabajo, Portamento, que tan solo lleva en el mercado desde el lunes. Así que el público madrileño iba a tener el privilegio o handicap, según como se mire, de ser los primeros en escuchar estos nuevos temas en directo.

 

Y vaya si esto se notó. Entre que el público no se sabía aún los temas nuevos y que ellos, según confesaron, llevaban una buena temporada sin hacer directos, el concierto estuvo completamente falto de fuerza. Jonathan Pierce, a su manera, lo intentó constantemente, ya fuese hablando, moviéndose como Morrissey por el escenario o haciendo uno de sus bailes, pero falló la conexión con el público y, en mucho momentos también, un buen sonido.

 

Aunque también es cierto que la banda fue entrando en calor poco a poco, y que el concierto fue yendo de menos a más. Sin embargo, y curiosamente, justo se interrumpió en el momento en que mejor estaban sonando. Lo mejor de la noche, Money (hitazo del nuevo disco), Forever and Ever Amen (clásico que nunca falla) y Down By The Water. Lo peor, lo horrorosamente mal que sonó Book Of Stories, y mira que me gusta esa canción, y que confirmasen lo ya apuntado, que no tocarían Let’s Go Surfing, una de las favoritas de su público. Ni en los bises. Sinceramente, no llego a entender porque hay bandas que reniegan tan pronto de canciones que les encumbraron. Pero bueno, esa es otra historia.

 

The Drums no han hecho sino comenzar una seguramente larga gira de presentación, y estoy convencido de que, en un par de meses, Portamento y su directo sonarán mejor y más rodados. Sin embargo, ayer no lograron convencerme. Okkervil River, al contrario, consiguieron conquistarme. Claros vencedores.

  • Olga Font

    Me sorprende que los Drums estuvieran tan flojillos. A ver si es cierto que sólo es falta de práctica, o tal vez sea que están entrando enuna nueva fase más tranquila.