Nominados a mejor cómic publicado en 2011

Se acerca un nuevo “Saló del Cómic de Barcelona”, y en su 30.ª edición ha habido un cambio en el sistema de premios. Emulando el “festival de Angoulême”, este año se ha establecido una selección previa de candidatos a los dos grandes categorías de premios del salón, la de mejor obra de autor español y la de autor extranjero, que consiste en una selección previa de 10 obras por categoría. Y es que la situación del tebeo ha cambiado: el mercado evoluciona y, en consonancia, este cambio de sistema en plena época de la Novela Gráfica puede servir para destacar obras y promocionarlas. Estas son, pues, las 10 obras seleccionadas de autores españoles este año.

 

NOMINADOS  MEJOR CÓMIC DE AUTOR ESPAÑOL

Aventuras de un oficinista japonés, de José Domingo (Bang Ediciones). Espectacular: sin palabras, con cuatro viñetas por página en prácticamente todas las páginas articuladas en un plano fijo que recuerda a los juegos de plataformas de los 80, cuenta las aventuras de un oficinista japonés que regresa a casa, y cómo por el camino se encuentra con yakuzas, familias caníbales, yetis, extraterrestres, sectas de carteros satánicos, y hasta con el mismísimo diablo. Todo un portento gráfico y locura narrativa, de lo mejorcito que se ha visto en mucho tiempo. Obra imprescindible y exiquista edición por parte de Bang.

Dublinés, de Alfonso Zapico (Astiberri Ediciones). Fantástico el trabajo del asturiano Zapico, que relata la vida de Joyce en una novela gráfica bien documentada y entretenida. Aunque no se conozca la obras del irlandés, su vida tiene el interés suficiente para entretener a cualquiera. Y Alfonso demuestra un manejo del pincel maravilloso: verlo dibujar en directo es hipnotizante. Y como complemento a Dublinés también existe La ruta de Joyce, un libro que relata sus viajes buscando documentación sobre Joyce, más fresco e igual de bonito.

El Héroe, de David Rubín (Astiberri Ediciones). Mucha épica en la obra del gallego, que relata una actualización de las doce pruebas de Hércules, y lo hace de forma espectacular y a todo color, y emulando el sentido de la maravilla de los tebeos de Kirby. Esta primera parte tiene acción a raudales, y la segunda que en la que está trabajando pinta muy bien.

Españistán, de Aleix Saló (Ediciones Glénat, ahora Editores de Tebeos, SL). Un tebeo que con humor disecciona los acontecimientos que nos han llevado a la actual crisis, o a la primera parte de ella. Las pelotitas que dibuja Saló tienen una gracia especial, pero la crítica de fondo es demoledora. Un tebeo que tuvo un video promocional del propio autor que lo petó en Internet. Su nuevo trabajo, Simiocracia, promete más crítica y reflexión con humor.

Fagocitosis, de Marcos Prior y Danide (Ediciones Glénat, ahora Editores de Tebeos, SL). También marcado por la crisis, más ácido que el anterior, una crítica a la sociedad y al capitalismo consumista, con mucho ingenío y un despliegue gráfico de Danide increíble, con cientos de registros diferentes. Muy recomendable, de esos que no debería faltar en sus estanterías. Disfrutar para pensar.

Historias del barrio, de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri Ediciones). Lejos de la onda nostálgica de la juventud de los 80, Gabi Beltrán relata sus memorias en los barrios marginales de Palma en aquella época, sus escarceos con el sexo, las drogas y la delincuencia de los barrios, donde sobrevivir era ya suficientemente difícil. Una historia tan real como dura, y magistralmente ilustrada por Bartolomé Seguí, ganador del premio nacional de 2009 junto a Felipe Hernández Cava, quien hace de nuevo aquí un trabajo fantástico.

La muchacha salvaje, de Mireia Pérez (Ediciones Sins Entido). La primera obra larga de esta joven autora ganadora del premio FNAC-Sins Entido del año anterior. Con un dibujo que puede recordar a autores como Sfar nos cuenta la historia de una joven que abandona su tribu en una época prehistórica, cómo se relaciona con otras tribus y con otras culturas. Una historia fresca que no acaba de ser redonda del todo, aunque poco le falta, y que promete mucho para sus continuaciones de lo que se espera sea una trilogía.

La protectora, de Keko (Edicions de Ponent). Ganador ya del premio del Saló en 2003, presenta  en esta obra una precuela a la novela de Henry James, que ha gustado mucho a la crítica, tanto en lo gráfico como en lo sugerente de la historia.

La saga de Atlas & Axis, de Pau (Dibbuks). Las aventuras de dos perros en busca de su amada. Aventuras con sorpresa, con un tono que funciona tanto para niños como adultos y con el dibujo claro de Pau. Una buena obra para todos los públicos.

Memorias de un hombre en pijama, de Paco Roca (Astiberri Ediciones). El multiganador Paco Roca vuelve a estar nominado este año con el recopilatorio de sus hojas para el Diario de Levante, donde da muestras de su agudo humor al relatar las experiencias cotidianas de un hombre que puede vivir en pijama, porque trabaja en casa. Entre lo autobiográfico y lo generacional, no deja de ser un maestro del ingenio, con el que echarse unas risas. Parece que Paco nunca falla.

No está nada mal la selección del salón, y eso que todavía queda un buen puñado de obras que bien podrían estar en esta lista; y es que se está viviendo una nueva época dorada en cuanto a la calidad de los trabajos que se producen en este país. Lástima que muchas veces las ventas no sean todo lo espectaculares que podrían ser: hay mucho talento pero faltan lectores para crear una industria como la del país vecino.

 

NOMINADOS MEJOR OBRA EXTRANJERA PUBLICADA EN ESPAÑA

Si comentábamos anteriormente la selección del salón de los autores nacionales, vamos ahora con la selección de las diez obras de autores extranjeros que optan al premio del “Saló del Cómic de Barcelona” de este año. De nuevo una selección de lo más variado.

Arzak el vigilante, de Moebius (Norma Editorial). Una de las últimas obras del recientemente fallecido Giraud, un genio y un puntal en el mundo del cómic, mundo que no habría sido lo mismo sin su aportación en todos los aspectos. Aquí retomaba uno de sus personajes icónicos para contar una historia con perodáctilos y paisajes a los que nos tenía acostumbrados. Un genio que echaremos en falta.

Cinco mil kilómetros por segundo, de Manuele Fior (Ediciones Sins Entido). El libro del año de Angoulême el año pasado, una historia de amor, de distancias, y de las generaciones perdidas que está generando la situación económica europea. El dibujo a acuarela del italiano es simplemente precioso, un talento.

Crónicas de Jerusalén, de Guy Delisle (Astiberri Ediciones). La ganadora de este año en Angoulême retoma la experiencias personales del canadiense en uno de sus viajes, esta vez pasando un año en Jerusalén donde acompaña a su mujer, trabajadora de Médicos Sin Fronteras. Una visión alejada del conflicto, con un humor que ayuda a reflexionar sobre el asunto. Más que recomendable.

El pequeño Christian, de Blutch (Norma Editorial). El trazo del pincel del francés es siempre espectacular, y aquí se pone al servicio de las vivencias de un niño a finales de los 70 que soñaba con cowboys, jugaba y descubría el mundo. Divertido y delicioso.

Frank, de Jim Woodring (Fulgencio Pimentel Ediciones). Historias de animales antropomórficos sin palabras no recomendada para niños: así son los tebeos de Woodring, una genialidad con mucho surrealismo del que, además, cabe destacar la más que cuidada edición de Fulgencio Pimentel.

Habibi, de Craig Thompson (Astiberri Ediciones). Siete años ha tardado Craig en realizar su nuevo trabajo, una obra de más de 700 páginas para contar la historia de amor de dos esclavos en un entorno islámico. Demasiados conceptos y ambición para una historia que al final tiene ese tono meláncolico y sufrido al que nos tiene acostumbrados el americano.

Pagando por ello, de Chester Brown (Ediciones La Cúpula). Sin pudor, Brown cuenta en este tebeo su experiencia con la prostitución como solución para aquellos que no están de acuerdo con el amor romántico que impone la sociedad. Un tebeo que reflexiona sobre uno de esos temas tabús de la sociedad. Aclamado por la crítica, la elección de formato del autor hace que a veces haga falta una lupa para leerle.

Polina, de Bastien Vivès (Diábolo Ediciones). Vivès tiene un talento para el dibujo excepcional, y así lo demuestra en esta obra donde los dibujos presentan de forma dinámica los bailes y sutiles movimientos de la protagonista, una bailarina rusa que busca su lugar en ese duro arte, del baile clásico al contemporáneo, con la sensibilidad particular de este joven autor prometedor.

Quai d’Orsay, de Abel Lanzac y Christophe Blain (Norma Editorial). El peculiar y eficiente trazo de Blain puesto al servicio de una narración que desgrana las intimidades del ministerio de exteriores francés, con un humor que puede recordar al de la mítica serie Sí, Señor Ministro, pero con el toque francés del tema, a veces más real de lo esperado. Para divertirse con las interioridades de la política.

Tóxico, de Charles Burns (Random House Mondadori). La extraña historia de Burns, un homenaje al Tintin de Hergé y a William Burroughs, primer álbum al estilo francés y a todo color para contar una historia alucinógena y de conflictos generacionales con reflexiones sobre el arte.

Destacable la selección de tebeos que vienen de fuera y que se han podido ver publicados el año pasado por aquí, aunque en la selección se echa en falta algo de variedad: quizás haya tebeos mainstream que merezcan aparecer en el listado, así como también se echa en falta candidatos de origen japonés, donde sin duda podrían figurar nombres como Shigeru Mizuki, Suehiro Maruo o Jiro Taniguchi.

Ahora solo falta que se acerquen a su tienda de tebeos más cercana, prueben a los seleccionados y escojan sus favoritos. A ver si coinciden con el jurado, y si no, siempre pueden votar en los premios populares del Saló a la que consideréis la mejor obra del año pasado.