Mogwai – Every Country’s Sun

MOGWAI - EVERY COUNTRY'S SUN

Nuestra puntuación

8

7

El nuevo álbum de Mogwai sale al mercado y pretende distanciarse de esas bandas sonoras que han atrapado durante tanto tiempo a la banda. Todo comenzó con su incorporación en el documental de la BBC “Atomic: Living Dread and Promise” y aquel drama de la telivisión francesa titulado “Les Revenants”. Sus últimos pasos los han llevado a un disco por año prácticamente llegando a colaborar con Trent Reznor, Atticus Ross y Gustavo Santaolalla en “Before The Flood” el año pasado. Los más fanáticos notarán la ausencia del guitarrista John Cummings más que nunca pues, tras su salida en 2015 la banda tiene carencias dignas de mención.

Este disco se caracteriza y peca de la misma característica, es un sonido Mogwai puro y duro. Lo mejor de esto es que sus once pistas harán disfrutar a los seguidores como cualquiera de tiempos pasados. Lo malo es que en Every Country’s Sun se esperaba algo más, lo típico vaya, un paso más en la experimentación o en el progreso. Esta carencia notable hace que el disco suene negativamente como cualquiera de su carrera y si a eso le sumamos la indispensable colaboración del productor Dave Fridmann, que ha acompañado a la banda en ocasiones desde el Rock Action de 2001, parece más un compendio de pistas que una obra bien cosida.

Aparentemente no tiene tema central o nexo, pero en su favor, hay que decir que esto no lo hace inferior ni lo desprestigia, pues un análisis por separado de sus temas también es posible y con resultados positivos sin lugar a dudas. Casi una docena de pistas y una hora de duración tiene este noveno LP de la banda. Es íntimo en muchos momentos y, en cierto modo, reflexivo. Es potente y épico en otros, pero mantiene una línea musical común: es chill y ambiental en casi todo su conjunto.

Every Country’s Sun abre con Coolverine, un tema instrumental mid-tempo de más de seis minutos de disfrute. Los sintetizadores crean la atmósfera, el colchón sobre el que baila una guitarra que insiste en un leitmotiv mientras la batería cobra fuerza y aumenta su pegada a base de fills y breaks. Más guitarras resuenan reverberadas, pero sin protagonismo extremo, ahí quizá falte Cummings con su nylon.

El contraste da en el tímpano de lleno con el segundo tema, Party in the Dark, que hace creer al oyente que se avecina algo nuevo e innovador. Es el tema más pop de toda la discografía de los escoceses y las voces entremezcladas con susurros dan un aire de psicodelia a la canción nunca antes escuchada bajo la firma de Mogwai. Al continuar con el álbum uno se da cuenta de que los contrastes no son tales como el par inicial aparentaba. El más destacable es, sin duda, Old Poisons que rompe con todo, distorsiona las guitarras, destruye la atmósfera y acelera al ritmo dejando ecos y reverberaciones atrás. Es el cubo de agua fría al mundo onírico creado hasta entonces.

Lo más positivo del largo queda dicho, es un sonido puro con firma propia, y es necesario destacar que para disfrutarlo hay que prestar atención a lo que usualmente muchos no valorarían. En 20 Size, sexta pista, el foco de atención lo lleva la batería tal como en Coolverine y otras. La pista de guitarra parece estar tocada sobre una backing track ambiental cargada de sintetizadores y es Matin Bulloch quien tira del tema casi hasta el final y lo saca de un atolladero monótono en el que parece que va a caer todo el rato. Merece la pena pararse una hora a escucharlo y ver el rescate que el ritmo hace sobre la melodía sin salir del ecosistema al que transportan los sintetizadores.