Micah P. Hinson, el guardián entre el centeno

Fecha: 19 de noviembre de 2012

Lugar: Sala Joy (Madrid)

Micah P. Hinson es uno de esos músicos capaces de pillarte en un día de bajón y terminar de hundirte en la miseria. Si a eso le unimos que su concierto en Madrid estaba programado para un lunes, la tragedia parecía asegurada. A pesar de ello, el de Texas apareció por el escenario de la sala Joy como si nada, consciente de que su pasado de viudas, cárceles y alcohol es combustible suficiente para provocar la reverencia del público. Su cancionero, doloroso, corrosivo, parece hecho para una de esas noches de noviembre que deja paso a una mañana de niebla. Y lo peor de todo es que él lo sabe.

Como el protagonista de la novela de J. D. Salinger, la voz de Hinson representa la rabia y la angustia, el precipio del eterno adolescente. Coge los versos, los mastica, los escupe y mira al frente para contemplar como el público recoge sus palabras cargadas de ironía. Tampoco le importa parecer un cantautor de nicotina y whisky en Take Off That Dress For Me o un crooner espacial en The Cross That Stole This Heart Away. Y es que aunque este norteamericano de gafas de pasta y corbata exhibe un micrófono estilo años cincuenta, sus zapatillas Nike le delatan. También su especial manera de interpretar las canciones. Sólo él es capaz de convertir una nana como Close Your Eyes en algo fantasmagórico y herido.

Sería esta una de las pocas incursiones de la noche en las primeras referencias del cantante. La intención del tejano en esta gira por ocho ciudades españolas no es otra que presentar un disco en el que recoge algunas rarezas y descartes recopilados a lo largo de su carrera. Algo que resulta extraño para el propio Hinson, incapaz de creerse que a alguien le pueda interesar su basura, aquello que quedó aparcado por falta de ganas, magia o simplemente porque no merecía ser editado. Ya ves, hasta el compositor más caótico se averguenza de los escombros que ha ido dejando a lo largo del camino.

Para esta tarea el norteamericano se ha traído consigo a Timber Timbre, banda canadiense que parece pulular en un cruce imposible entre Tindersticks y Murder By Death. En esa parte del desierto en el que los cuervos y los tocones son la tónica del paisaje. Con un cantante empeñado en sonar crudo y espectral, el resto de la banda se dedica a tejer melodías de terciopelo, dentro de ese estilo de pop de cámara. Y aunque sus virtudes parecen salir a la luz cuando recurren a su versión más ruidista, durante la media hora que estuvieron calentando el ambiente antes de la salida de Hinson, parecieron evitar esta al máximo, no fuera que el respetable sintiera escalofríos antes de tiempo. Que para eso ya estaba el propio Hinson.

Más tarde, con el compositor norteamericano ya en faena, el cuarteto canadiense tuvo tiempo de volver a sacar pecho con la interpretación, algo tibia, de 2’s And 3’s o con esa incursión en el rock de los Pixies que es Watchers, Tell Us Of The Night. Con ella la banda se despedía dejando a Hinson a solas con su guitarra. Fue entonces cuando el cantante aprovechó para arreglar los desperfectos ocasionados a lo largo de la noche. Y es que este Johnny Cash roto en mil pedazos también sabe ejercer de predicador, de guardián de esas almas que día tras día acuden a sus canciones.

Con God Is Good pudimos comprobar que bajo esa fachada de maldito y atormentado también se esconde una sonrisa. “Puedo sonar como un miserable bastardo, pero no lo soy” aseguró antes de atacar con esa voz quebrada el clásico aventurero de Woody Guthrie, This Land Is Your Land. También tuvo tiempo de acordarse de los zaragozanos Tachenko, compañeros en esa última gira por España que pudo acabar en tragedia por culpa de una accidente de carretera. Y de su padre. Y de su pasado. Y con la interpretación de This Old Guitar de su adorado John Denver dijo adiós. Demasiada hemorragia para un lunes por la noche.

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