La jukebox infinita de Howlin Rain aterriza en España

Para quien, en estos momentos de penurias, incertidumbres y salvajes tijeretazos, deba restringir o limitar muy seriamente la compra de discos, existen opciones para reducir gastos mucho más interesantes que morirse, como diría el genial Woody Allen. O aferrarse a las imprevisibles rebajas de los centros comerciales. Una de ellas es invertir el dinero en bandas cuyos álbumes condensan en sus surcos una amplia gama de estilos y décadas enteras de música. No hay demasiadas hoy en día que merezcan la pena, pero las hay. Y si alguien quiere poseer original un compendio de los sonidos más característicos del hard rock y la psicodelia americana de los 60′ y los 70’s, además de tener la oportunidad de disfrutar con la publicación de una obra actual, una adquisición inteligente sería la de Russian Wilds, flamante nueva entrega de Howlin Rain.

Ethan Miller, su barbudo cantante y compositor, ya dio muestras de su talento y de su versátil paladar en Comets Of Fire, su anterior aventura, plagada de jams y de música delirante e incorruptible. Esos inicios, más experimentales, tal vez menos asequibles, han dado paso a una carrera con su nueva banda, que arrancó en 2006 y que en pleno 2012, con una trilogía de álbumes a sus espaldas y con unas posibilidades infinitas de progresión, muchos la sitúan como una de las más inspiradas y exuberantes en su estilo. Russian Wilds, en particular, pasa por ser su trabajo más pulido y certero. Seguramente también el más intenso, donde Miller desgarra más su laringe y ensancha su creatividad para embrujar al oyente.

Así, la cantidad de evocaciones y ensoñaciones que uno experimenta cuando lo escucha tira de espaldas: Black Sabbath, Cactus, Uriah Heep, The Eagles, Allman Brothers, Black Crowes… En Phantom In The Valley, una de las más llamativas, con una recta final de sabor latino, uno recuerda sin remisión a Santana. En Dark Side, del mismo modo, hay muchas pinceladas de Motown. En fin, un despliegue que denota un bagaje y una riqueza de miras asombrosa.

Tras su celebrada actuación en el último Azkena, ahora les toca dar el do de pecho en salas, donde a buen seguro resultarán aún más convincentes. Hay pocas experiencias en el mundo como que una banda de rock en plena forma te estalle a un metro de la cara. Madrid (Sala El Sol, día 20), Barcelona (BAM, 21) y el municipio vasco de Hondarribia (Psilocybenea, 22) aportarán tres escenarios para que Miller y los suyos se explayen. Seguro que más de uno se va a casa con el síndrome post vacacional absolutamente liquidado.