La irrupción sonora de Battles en Madrid

BATTLES

Fecha: 1 de diciembre de 2011.

Lugar: Sala Joy Eslava, Madrid.

Por problemas de logística llegamos tarde a Joy Eslava, sala en la que ya no podía entrar nadie más porque estaba a tope. El concierto de Battles ya había empezado, nos dicen que con Africastle. Lamentamos nuestro retraso, pero hay que ganarse la vida. Sin embargo, y como contrapartida, nos recibe una potente batería, la de John Stainer, indiscutible protagonista del brutal directo. Acompañado por Ian Williams y Dave Konopka en guitarra y teclados, la mezcla de estilos del trío fue triturada en el pasapuré de la vanguardia y la experimentación, claves del conjunto neoyorquino sin cantante oficial tras la marcha de Tyondai Braxton.

Humo, sudor y bailes, muchos bailes, porque la gente se meneaba que daba gusto. Con estos componentes abordamos un panorama musical no apto para todos los oídos, pero del que nosotros disfrutamos. Lo que vimos fue un grupo huérfano de cantante retorciendo la música hasta explotar casi todas sus posibilidades. Ellos, que son muy listos, han sabido sustituir a su vocalista en un disco, el que presentaban, en el que los temas instrumentales se completan con las colaboraciones vocales de Matias Aguayo, Gary Numan o Kazu Makino. Como no se van a llevar de gira a todo este elenco, ayudados por la tecnología, consiguen que podamos verlos en dos pantallas bien bonitas que, de paso, iluminan el escenario y crean atmósfera. Con este telón de fondo, ¿cómo no creerlo?

Las canciones de Battles me resultan difíciles de recordar y distinguir. Una estructura pesada y cambiante es la aparente causa. El disco nuevo sonó prácticamente entero. Mi euforia personal llegó con la intervención virtual de Matias Aguayo en Ice Cream (Dame un helado derritiéndose / Dame un helado / Dame un helado derritiéndose) en la que sólo había que imaginarse la mezcla del postre y la baba cayendo por la barbilla de más de uno, de coña. Ritmos africanistas y mucha improvisación para alargar las canciones, otro de los rasgos comunes para la puesta en acción de Gloss Drop, su último trabajo. Por primera vez en Madrid, Battles defendieron una propuesta arriesgada como la de muchos otros. La diferencia es que estos no aburren, porque como dijo M.P., en esta vida se puede ser de todo, menos coñazo.

Momentazo también el de la interpretación de Futura. Caminamos hacia otro sitio, no éste que ya conocemos ni aquel en el que estuvimos hace veinte años, sino otro. Más vueltas de tuerca al tan mal considerado rock progresivo. Porque, amigos míos, Battles tienen mucho más rock que pop. Casi una hora sin parar de tocar, tiempo que dio paso a un milimétrico descanso con sonido en la sala tras el anterior paréntesis para el deleite en nuestra lengua: y aquí sí hubo tópicos (“me gustan las chicas de Madrid” y el menos anodino “me gusta la montaña rusa”). Intervención a la par foránea y dadaísta. Sin camiseta terminó moviendo los músculos al ritmo de las baquetas John Stainer. Y pidiendo más quedamos nosotros, esperando una próxima visita (¿Primavera Sound 2012 a las 4pm?) y dando fe de que Battles por fin han visitado Madrid y lo han hecho para quedarse.

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