HUCKLEBERRY FINN (1884) de Mark Twain

Tal vez los lectores españoles tengamos la figura de Huckleberry Finn demasiado asociada a las series de dibujos animados o a mitos americanos para niños de hace ya unos decenios. Nada de eso. Una primera lectura (no es necesario que sea profunda) de la secuela de Las aventuras de Tom Sawyer, nos va a transmitir la intencionalidad y auténtico sentido de Las aventuras de Huckleberry Finn. Es muy curioso el caso de que un libro escrito nada menos que ocho años después de su precuela, sea considerado como obra maestra y representativa de su autor más que la primera, pero tal vez se trate de la excepción que confirma la regla. Si en Tom Sawyer se hablaba de la América del sur romántica, graciosa y costumbrista, en esta nos encontramos con la cara B de este concepto más superficial del tema. El retrato social que se hace de esta zona en el siglo XIX es más realista, llegando a conclusiones aún vigentes en la actualidad y a filosofías de vida más elaboradas y emocionantes. Tom Sawyer era el afortunado niño adoptado por sus dos tías mayores que le tratan con cariño a pesar de sus travesuras; sin embargo, Huckleberry Finn, su amigo del alma y compañero de aventuras, vive en una cabaña en el bosque, no asiste al colegio, tiene un padre alcohólico que aparece y desaparece, y se pasa la mayor parte de la novela rescatando a un esclavo. Huck personifica la parte más salvaje de esa América recién nacida, que, al igual que él mismo, busca su identidad a través del Mississippi.

Aún así, no estamos hablando de una obra seria, ni mucho menos, a pesar de lo dramático de la situación de Huck. Los momentos humorísticos son paródicos algunos, como cuando Tom pretende que el esclavo Jim se comporte como El conde de Montecristo y llore sobre las flores para hacerlas crecer, cuestión que Jim ni puede hacer ni entiende su significado, y muy intelectuales otros; Twain se mete con algunos escritores considerados como clasicazos no sólo entonces sino ahora también, entre ellos el Quijote, al que ridiculiza de un modo divertidísimo.

El concepto de naturaleza como lugar donde el personaje del que se hable es lo que es contrastado con los que viven en una sociedad más estricta es algo que ha continuado en la literatura americana a través de los siglos, alegorizando de modo poético y realista para su entorno (recordemos que Estados Unidos tiene grandísimas extensiones de terreno natural sin explotar) la condición humana, los instintos y situaciones en la que las personas nos encontramos muchas veces, a menudo diametralmente opuestos a lo que la sociedad nos dice que debemos hacer.

Por otra parte, también fue uno del los primeros libros en los que esta situación americana era retratada, usando la lengua vernácula y las típicas expresiones de la época en la América sureña. Al retratar de modo tan realista a Jim, el esclavo que huye con Huck, Twain puso por primera vez por escrito ese modo de hablar de los entonces esclavos de raza negra que poblaban la región. Hoy en día, esta circunstancia no es muy bien aceptada entre algunos afroamericanos que ahora viven por allí en condiciones totalmente distintas a las retratadas en el libro, ya que opinan que ponen en ridículo a tal personaje al no tener cultura ni un modo de hablar correcto. Nada más lejos de la intención de Twain, que era la de plasmar en papel lo que se vivía en aquellos lugares en aquel tiempo. Y por si fuera poco, Jim, junto con Tom, son amigos de Huck hasta tal punto que son capaces de hacer cualquier cosa los unos por los otros. Porque la amistad es uno de los temas principales en esta novela y también aplicable a la época actual.

Uno de mis momentos preferidos ocurre cuando van al médico porque a Tom se le ha disparado accidentalmente. La explicación literal de Huck es “tuvo un sueño y le disparó”. Ingenuamente hilarante.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 10/10