Foo Fighters en el Palacio de los Deportes de Madrid

Fecha: 7 de Julio de 2011 Lugar: Palacio de los Deportes (Madrid) Fotos: Domingo J. Casas Lo que pasó anoche en el Palacio de los deportes de Madrid fue un espectáculo de Rock sin precedentes. Y, ahora sí, cuando hablamos de Foo Fighters, por favor: en pie y con actitud. 15.000 personas le daban la bienvenida al Rock de los 90 anoche exactamente como acabo de describir. Con la misma energía que hace décadas, a una de las bandas más esperadas, la cifra es la mejor expresión: LLENO TOTAL. Desde luego lo que está claro es que Dave Grohl es uno de los estandartes del Rock desde hace años. Y claro, alguien debería apuntar que anoche en Madrid alrededor del 60% de las camisetas hacían mención a Nirvana. Aquel batería melenudo es ahora padre de familia, líder de la burrada que vimos anoche desde la tragedia del grunge. Un tipo carismático como pocos, con una sonrisa difícil de olvidar y un berrido a la altura de históricos. Pero seamos claros: Nirvana es una cosa y Foo Fighters otra muy distinta. La brutalidad del directo empezaba con el recinto estallado. Nervioso, contento, inquieto. Uno va a un concierto de esta envergadura pensando que le pasan cosas extrañas y observa las caras de los demás (a expensas del tiempo) y se siente comprendido. Los técnicos terminaban su trabajo mientras el ambiente se caldeaba. De repente, luces fuera, una especie de plataformas geométricas se colocan en las posiciones de los miembros del grupo. Nada esperpéntico, recordemos que esto no es Muse. El público grita enloquecido y ¡pam! Las guitarras de Bridge Burning explotan en nuestros oídos. Le siguen Rope y The Pretender, cuando escuchamos esta última creo que todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando. Un comienzo épico para un concierto a la altura. Después: My Hero. Y, por supuesto, la emoción en aumento de manera salvaje. Dave se comunicaba de forma permanente con el público. Le sale solo, es otro de sus dones. Parece increíble que un tío de cuarenta y dos años se atraviese el pasillo como lo hace y salte y grite y sonría y entienda que todo funciona porque el público quiere y sepa dar precisamente lo que pide. Learn to Fly, White Limo, Break OutDave se bebe una Coronita de un trago y se pega el ERUCTO de la noche y suena – Cold Day in the Sun (cantada, por supuesto, por Taylor – “basterista” como diría Grohl) – al que, por cierto, acompañaba su hijo. Sentado sobre un amplificador, en el lado izquierdo de los bombos, con unos cascos enormes sujetando dos baquetas, como su padre; siguiendo los ritmos de las canciones, sorprendentemente, sin problemas. Con esa estampa se puede uno hacer a la idea de cómo viven la gira, y la música, Foo Fighters. Cierto es que hablamos de la primera gira en la que incluyen a sus familias y supongo que las razones son más que obvias. Y se suceden los temas remarcables como Stacked Actors en la que fuimos testigos de un duelo de guitarras digno de lágrima. Hablando de lágrimas, las que se le saltaban a nuestro lobo aullador cuando escuchó al público madrileño cantar Miss the Misery parón incluido para coger aire entre tanta emoción. Según parece era la primera vez que el público coreaba el estribillo de vuelta. Y ahí el comienzo de los cumplidos de Dave hacia los “quince-mil “. Al principio sonaba a típico ¿no? ¿Quién no ha escuchado en algún concierto eso de que somos “el mejor público del mundo”?. Pero en España corear, gritar y armar jaleo se nos da mejor que en otros sitios, para qué vamos a engañarnos, con esto y con todo. En este caso la virtud consiguió dejar boquiabiertos a los propios Foo Fighters que se rendían ante el público madrileño extendiendo el concierto más de lo que nadie esperaba. 2 horas 45 minutos avalan el trabajo, el esfuerzo, la profesionalidad y, repito, el jodido arsenal Rock que traían. Así Grohl explicaba que el último disco lo grabaron en su garaje (cuyas dimensiones probablemente no sean las de una garaje típico) en formato analógico “en cintas, ya saben, sin máquinas” rezaba, “nosotros hacemos fuckin* rock and roll, no necesitamos nada más”. Y eso es precisamente lo que demostraron. No pienso mencionar a las voces cansadas que dirían que casi tres horas es demasiado. No hay mesura, o te gusta o no te gusta, es lo que tiene el Rock en estado puro. No se puede uno cansar si lo que tiene entre manos es talento del bueno, no, del mejor, regalando tiempo. Y seguimos contando Walk, Dear Rosemary, Skin and Bones (“Don´t you know?”, con el publico emocionado) y These Days. Eso antes de que “I´ve got another confession my friend” reventase la furia de los allí presentes. Best of You hacía las delicias de nuestros oídos. Una más: All my life y los americanos abandonaban las tablas. Minutos después una cámara de visión nocturna nos muestra el camerino. Grohl, sin camiseta, sujeta otra Coronita mientras achucha al público para que demuestren cuánto desean que sigan desgañitándose. La gestión gritos-Foo queda en empate a 5. Sale él, solo con su guitarra, llega hasta el final del pasillo y nos relaja con las luces encendidas: “Si me colocan aquí diez años antes, me hubiera muerto de miedo. Pero ¿Sabéis qué? ahora puedo sentir que estoy en casa”, le tiran una gorra, se la pone y abre (otra vez) con 1. Wheels. Momento álgido de la noche, por cercanía sin duda. Sentir al público cantando con él y ver las caras con todo el pabellón iluminado hizo que a muchos de nosotros se nos saltasen las lágrimas definitivamente. 2. Young Man Blues (versión de Mose Allison) 3. Tie your mother down (cover de Queen, “casi nada al aparato”) 4. This is a Call La banda se deshace en caricias hacia el público, prometen volver pronto, nos dicen que no quieren marcharse del escenario, se regalan un par de sonrisas de GUAU entre ellos. Y… lo prometido es deuda 5. Everlong. Tener a Dave Grohl a metros y escuchar de su boca con cinco tipos majestuosos detrás haciendo lo suyo: “And I Wonder, when I sing along with you, If everything could ever feel this real forever?” Es mucho más de lo que se puede pedir a un concierto. Foo Fighters, como su propio nombre indica, son extraterrestres. Señores: gracias de corazón.

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