Festival Europeo de Cine de Sevilla

CLAUSURA FESTIVAL CINE SEVILLA

Con la lluvia luchando por robarle protagonismo, como si de una ciudad del norte europeo se tratase y no precisamente de la hispalense, se cerró este fin de semana la novena edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. En esta ocasión, y en un intento de acercar el certamen al centro de la ciudad, la organización decidió proyectar las películas en cines como los Alameda, los Avenida y Plaza de Armas, dejando fuera a los multicines Nervión en los que hasta ahora se habían exhibido todas las películas durante el festival. El resultado fue quebraderos de cabeza para cuadrar horarios y pases de películas, carreras paraguas en mano para llegar a tiempo a los cines más próximos y, sin duda, un aumento considerable del encanto de un festival ahora arropado por las calles más céntricas de Sevilla.

Más de 150 obras de distintos géneros, entre cortos y largometrajes (éstos últimos incluyen los documentales), repartidos entre doce secciones y ciclos, a lo largo de 8 días marcados, además de por el agua, por la necesidad de apretarse el cinturón. Con apenas 900.000 euros, un 40% menos que los años de mayor dotación, el tercer festival de España en asistentes se ha organizado con austeridad. Pero como dijo la homenajeada directora francesa Agnes Varda, El Giraldillo, y por extensión, el festival de Sevilla “es una guerrera con nombre de hombre que llega en el viento, como el carrusel del cine”.

Por esa conciencia de lucha frente a los tiempos que corren, se ha querido hacer mención especial a Grecia y Portugal en esta edición. No es de extrañar que entre las griegas haya destacado Boy eating the bird’s food, Giraldillo de plata 2012, primer largo de Ektoras Lygizos en el que un joven contratenor ateniense sin empleo capea de mil maneras el hambre y el desahucio. Sin embargo, el Giraldillo de oro le fue arrebatado por la sueca Eat Sleep Die, de Gabriela Pichler. En el filme una joven de origen macedonio pero totalmente integrada en el pueblecito sueco en el que vive, pierde su trabajo, siendo no tanto su condición de extranjera sino su nueva situación económica la que le haga verse en una situación crítica. La crisis que atraviesa Europa afecta a todos los países, incluso los que en apariencia parecen encontrarse a años luz el uno de otro, como Grecia y Suecia, alejando a nuevos marginados del estado de bienestar que Europa prometía.

También dentro de la Sección Oficial, una de las triunfadoras de la última Berlinale, el drama familiar Sister (Oso de Plata), decepcionó, obteniendo tan solo el premio a mejor fotografía y coproducción. La historia sobre un adolescente que roba para mantener a su hermana nos muestra la cara menos amable de la suiza de paraísos de nieve para ricos financieros, insistiendo de nuevo en la decadencia de esa Europa dividida en clases en la que las desigualdades sociales se incrementan dentro del contexto económico actual.

Lo más novedoso de este año ha sido la sección de Nuevas Olas, en la que pudimos encontrar apuestas realmente rompedoras como la intrigante y de ritmo narcótico Leones, la cinta de humor negro que juega con los límites de la representación y la ficción Otel.lo o la freak e irreverente Les mouvements du Bassin que no dejaron al público indiferente. Entre los documentales sin duda la sorpresa fue Leviatán, ganadora del Giraldillo a mejor película de no ficción, en la que los hallazgos narrativos y estéticos de unas pequeñas y ligeras cámaras distribuidas por recónditos lugares de un pesquero ofrecen imágenes propias de un filme de terror. Entre los filmes imprescindibles de la sección Special Screenings, Holy Motors de Leos Carax, que ya se llevó el premio a mejor película y director en Sitges, volvió a causar rechazo y entusiasmo a partes iguales con las múltiples y originales encarnaciones de su protagonista a través de su extraño periplo.

AMOUR

Pero sin duda, si hay una película de la que todo el mundo ha hablado es de lo nuevo de Michael Haneke, Amour. Nominada por la European Film Academy y ganadora del Gran Premio del Público el filme batió record de crítica y audiencia desde su estreno el primer domingo del festival. Tanto es así que las entradas para un pase extraordinario convocado por la organización el penúltimo día del festival quedaron agotadas en apenas media hora. Con un tema difícil de abordar y un espacio reducido para narrar su historia, Haneke sobrecoge, pero de manera honesta, sin buscar la lágrima fácil, sino la reflexión. Todo ello mientras mantiene esa tensión tan característica suya, para la que no le hace falta ni música, solo una puesta en escena participativa y guión sobrio. El director parece darnos un respiro con las bajas pasiones que nos tiene acostumbrados a retratar en su películas para centrarse en la más bella demostración de amor, no por ello menos incómoda para el espectador.