Festival de Cine de Madrid-PNR (Plataforma de Nuevos Realizadores) 2011

Estos días, del 8 al 15 de septiembre, ha tenido lugar el vigésimo Festival de Cine de Madrid-PNR (Plataforma de Nuevos Realizadores) en el Círculo de bellas artes y otras salas de la capital, una cita obligada para todo amante del cine inédito habitualmente centrada en el cortometraje pero que este año, por segundo año consecutivo, ofrece una sección oficial de largometrajes que no encuentran distribución y que, a través de este festival, resultan más visibles.

Merece la pena empezar comentando el ambiente que se respira a medio camino entre un cine-club y una sesión casi clandestina, y es que el público asistente no es muy numeroso lo que en realidad es una gran baza a favor del festival ya que la distancia entre público-cineastas se acorta, especialmente durante los coloquios programados cada día en el café Galdós en pleno centro de Madrid, en los que artistas y público debaten sobre las obras, lo que contribuye a teñir de un aura especialmente bohemia los eventos del festival, unos eventos en los que se puede distinguir, entre la multitud, a grandes nombres de nuestro cine como Montxo Armendariz.

En general, el público se caracteriza por estar muy abierto a nuevas propuestas, algunas de ellas de muy alta calidad y que bien merecerían una oportunidad en las salas comerciales mientras que otras resultan excesivamente amateur y a menudo demasiado pretenciosas.

Entre los primeros hay que destacar una serie de cortometrajes cuyas ideas podrían formar parte de proyectos de gran envergadura. Tal es el caso de ¿Te vas?, un fabuloso cuento urbano desarrollado en seis minutos con una fuerza visual que bien merecería alzarse con el gran premio, se trata de un cortometraje rodado en una falsa cámara estática que nos enseña a los vecinos de un edificio de principios de siglo XX preocupados ante la discusión de una pareja. La música, la composición de las imágenes y el guión hacen el resto.

Por desgracia, no todos tienen un nivel tan alto y algunas propuestas interesantes, como el corto a base de fotografías fijas Matar a un niño acaba ahogado en su propia pretenciosidad. Intentar copiar al Chris Maker de La Jetee debe ser cosa harto complicada, pero si engañas a la sensibilidad del espectador de una forma tan obvia el resultado final acaba notándose.

El largo 90 Minutos y I love you parecía ser una de las propuestas más originales del festival a pesar de tener un título que hacía preveer lo peor; un único plano secuencia, casi todo improvisación y un entorno ideal para una historia de amor, una lavandería de Brooklin. A la salida de la proyección los comentarios fueron bastante despectivos, lo que viene a demostrar la importancia de una buena planificación. Más allá de bizarradas, la sección oficial también ofrece película comprometidas como Los dioses de verdad tienen huesos nos enfrenta a la realidad cotidiana del pueblo africano, en este caso Guinea Bissau, desde cinco puntos de vista y con un estilo documental. Pero también queda margen para el cine más poético como con Al otro lado del mar, lo que demuestra la versatilidad en cuanto a propuestas dentro de la pequeña sección oficial en la que compiten cinco cintas muy diferentes entre si.

Por último destacaría lo bien organizado que está el festival a pesar de sus medios, y es que da gusto entrar al cine y que cuando la persona encargada de romper tu entrada te mire haya una sonrisa cómplice, de asistir a un evento privilegiado que por desgracia no mucha gente conoce todavía a pesar de sus veinte años de vida.