Estrenos… César debe Morir: La teatralización de la vida en la gran pantalla

CESAR DEBE MORIR

Se abre el telón y la cárcel romana de Rebibbia se impregna de un rojo intenso, el color de la sangre, la venganza, la traición y el poder. Los juegos de luces y sombras disfrazan y advierten, al mismo tiempo, la conjura que los hombres de honor del imperio romano han tramado contra su superior ‘Julio César‘. Termina la función, las luces se apagan y el color es sustituido por el lúgubre monocromatismo que tiñe el día a día de esta prisión de alta seguridad. Los actores retoman su calidad presos y, cabizbajos, regresan a sus camerinos entre rejas.

César debe morir, la última película de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, difumina la barrera entre géneros para contarnos una historia que nace de documentos verdaderos y termina entrelazándose con la fantasía de Shakespeare gracias al lenguaje cinematográfico. La arriesgada puesta en escena de estos tres códigos íntimamente emparentados (la vida, el cine y el teatro) fue galardonada con el Oso de Oro a la Mejor Película en la última edición del Festival Internacional de Cine de Berlín.

La tensión que supone hallarse continuamente en la voluble barrera entre realidad y ficción se mantiene constante a lo largo de los 76 minutos de metraje. En poco más de una hora, los hermanos Taviani reconstruyen la obra del dramaturgo inglés, mezclándola con declaraciones dramatizadas que los presos protagonistas les confesaron antes del rodaje. Se genera así un clima trágico de gran fuerza e impacto visual.

Las celdas, los pasillos y el patio de la prisión, se transforman en los escenarios en los que, supervisados por el director teatral Fabio Cavalli, los presos ensayan sus diálogos. La milimétrica y cuidada composición de los planos, así como la violencia contra la realidad que supone el empleo del blanco y negro, mecanismos propiamente cinematográficos, dotan de mayor intensidad a las interpretaciones.

La última obra de los Taviani se presenta como un gran ejercicio estético y narrativo que atrapa al espectador en la labor centrífuga de averiguar la verdadera identidad de los personajes, hombres de honor procedentes del crimen organizado italiano que encuentran en el arte su liberación. “No se puede hablar de redención, porque la palabra es muy grande, pero el teatro ayuda a vivir y a que los presos sean conscientes de sí mismos”, afirmaba el propio Paolo Taviani en la presentación de la película dentro de la quinta edición del Festival de Cine Italiano de Madrid (del 22-29 de noviembre).

El auditorio está a rebosar. Cosimino, Salvatore, Giovanni y Antonio, se han despojado de sus grises atuendos. Cubiertos con las túnicas carmesí de Casio, Bruto, César y Marco Antonio, encarnarán el dolor de los personajes shakesperianos y sus dilemas morales buceando en los propios. Luces, motores, acción. Que comience la función.

 

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