Encantado y sonriente público en el concierto de Mishima

MISHIMA

Fecha: 23 de mayo de 2012

Lugar: Sala Galileo Galilei (Madrid)

Cuando llegué a la sala Galileo Galilei –ese mítico ligar decorado con motivos grecorromanos que se hace llamar “el templo de la música”- fue para ver a Mishima. Y s0lo quedaba sitio debajo de una foto en la que Luis Pastor y Pedro Guerra abrían la boca ante una guitarra, como si fueran a comérsela. Enseguida me di cuenta de que David Carabén debía de ser zurdo, y claro, como también toca la guitarra, casi se daba con el de su lado. Me vino a la cabeza el vídeo de los Punsetes en el que se matan entre ellos, como en las mejores familias. El protagonista de la noche fue L’amor Feliç, el álbum que habían traído a Madrid dos días antes de la final del Barça contra el Atlhetic de Bilbao. Galileo es una sala adecuada para el espectáculo que habían diseñado, con la política de música en teatros. Habían puesto las mesas y los asistentes, que rozaban los tres cuartos del aforo, aguantaron con paciencia todas las píldoras hasta la última resaca.

 

Con los temas que iban desgranando, los no forofos (había pocos, ya que la mayoría del público estuvo entregado) podían impresionarse con las canciones de los catalanes. Temas de otros trabajos como Guspira, Estel o Caricia se mezclaban con la nueva entrega. Otras canciones de su anterior disco, Ordre I Aventura, clavaban el piano y se hacían rodear de aplausos, llegando casi a ser himnos firmados por un Brandon Flowers trasnochado. También guitarreras, como Tornarás a Tremolar, apelando siempre al corazón, un órgano que siempre han abordado desde la locura, y que así se ve reflejado en muchas de  sus canciones.

 

Poco a poco fuimos paseando por los campos de mil millones de flores de Els Crits y dejamos crecer al extraño, cara a cara (como dos hermanas) con L´estrany, esta última de Trucar a Casa. Recollir les Fotos Pagar la Multa. Ecos de Keane y piano a dos manos con L´ombra feixuga, también de ese trabajo de cotidiano nombre y cotidiano tema: llueve, el cielo está negro. Creo que Mishima es un grupo que recoge, musicalmente hablando, las influencias de la música actual y las hace suyas. Y esa es la razón de los guiños a Arcade Fire o hasta Coldplay.

 

Ossos dins d’una Caixa se iniciaba, como muchos de los temas del concierto, con aplausos que detonaban expectativas. Con esta canción cayeron todas las estrellas y se empezaban a presagiar ya los toques rockeros y velvetianos, las luces y farolas rojas de Una part de tu.

 

A la lírica y al “me gustas mucho cuando nos vemos por la calle” volvimos con Miquel a l’accès 14. La penúltima antes de la primera despedida fue L´Ultima Ressaca, una canción siempre muy coral y muy viral que no hace más que expandirse. Acabaron con el crecimiento de la certeza en la La tarda esclata y con Un tros de fang, para luego recordar que Tot torna a començar. La premisa final que desbanca todo lo ya hablado y acordado es No existeix l’amor feliç porque no hay bastantes canciones para saber si es verdad, como reza El que ens indica el cor.

 

No me gustó nada el “coldplayazo” del que fue seguido esta canción, pero me alegraba ver a la gente sonriente, que tenía ganas de más. Al final salieron y tocaron El camí més llarg después de alargar un final rozando a los Ramones, un concierto muy de entre semana.