El talento no existe

El genio que todos llevamos dentro, de David Shenk (2011)

Editorial Ariel

Autoayuda

El genio que todos llevamos dentro. Por qué todo lo que nos han contado sobre genética, talento y CI no es cierto, de David Shenk, plantea con todo tipo de datos empíricos una interesante reflexión que no nos deja excusa para no superarnos tanto mental como físicamente.

Y es que siempre nos hemos excusado con argumentos como “es demasiado tarde” para empezar a aprender una lengua o a tocar un instrumento musical. Es más fácil para nosotros decir eso, pensar que no podemos, que darnos de cabezazos contra lo que realmente nos resulta difícil. Pero ahí está lo que viene a demostrar este libro: sólo aprendemos realmente aquello que nos cuesta, de aquello que nos hace que nos demos de cabezazos. Y es así tanto en los deportes, las lenguas, la música, como en cualquier otro campo del saber o de la actividad humana.

No se trata, según el libro, de que alcanzar unas ciertas metas sea fácil, todo lo contrario, según se nos dice en la obra, se requiere de una combinación de genes, apoyo del entorno (familiar o el que sea) y, sobre todo, perseverancia y mucho, mucho trabajo, factores que en principio están al alcance de cualquiera… pero no, es más fácil decir “no tengo talento”, pero ¿qué es el talento, al fin y al cabo? En este libro se nos demuestra que “talento” es una palabra que se utiliza demasiado a la ligera y siempre a posteriori. El talento es precisamente eso: una combinación de la cual la parte más importante es el trabajo.

Ahora bien, a mí, como lector del libro, que por cierto me apasionó, me queda una duda. Se nos dice que la mejor manera de que un niño salga un genio (del cello, como Yo-Yo Ma, por ejemplo) es ponerle el instrumento a su alcance prácticamente desde que nace ―en eso consiste el método Suzuki, por ejemplo―, pero por otra parte se nos dice que si presionamos demasiado, el niño va a acabar por odiar el instrumento que nosotros seleccionamos para él. Por otro lado, si esperamos a que el niño crezca para que decida por él mismo, ya sería demasiado tarde, perderíamos toda esa estimulación temprana que parece que es lo que hace “la diferencia”. ¿Entonces cómo hacer para no fallar? Parece que la línea divisoria entre padres estimuladores y padres desalentadores es muy difusa.

En cualquier caso, se trata de un libro que merece la pena leer, y que nos deja claro que no tenemos que ser Einstein para mejorar nuestro intelecto o nuestro físico, es más, el propio Einstein también tuvo que empezar desde abajo. ¡Ánimo a todos aquellos que quieran mejorar en su vida, que deberíamos ser todos! ¡Y también ánimo a aquellos que quieran estimular a sus hijos a mejorar desde una edad temprana!

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS:  9/10