El lodo cotidiano; “Años lentos” de Aramburu

AÑOS LENTOS

 

Años lentos, de Fernando Aramburu

Editorial Tusquets, Febrero 2012

Género: novela

 

Explica Rousseau en sus escritos que la libertad es el actuar sólo por causas internas, ajena a lo que desde el exterior se nos quiere imponer (al igual que sólo las fuerzas externas pueden mover a los objetos in-animados). Los protagonistas de Años Lentos no conocen (ni se la imaginan remotamente) esta libertad sino que sus días pasan determinados por diversos factores externos que les llevan a uno de los peores mundos posibles y en los que lo único que les lleva a sobrevivir es la voluntad ciega y acrítica que mueve a continuar a todos aquellos que raras veces se han preguntado por el sentido de la vida.

 

Y toda esa carga de fracaso existencial lo sitúa en un tiempo y en una sociedad que podríamos identificar con un pantano, pues se transita siempre sometido al peligro de pagar los errores de forma contundente. Y si algo hay en la novela de Aramburu son errores vitales que pretenden mostrar las bambalinas de la existencia cotidiana.

 

Aramburu usa personajes cargados de humanidad (hasta en sus olores corporales) y de literatura. Sabe dotarlos con la necesaria ambigüedad para que nos despierten sentimientos contrapuestos y vivos, para que no nos los podamos quitar de la cabeza una vez leído el libro pero para que nos despierten repugnancia y aversión, aunque sabemos que nos los podemos encontrar al salir a la calle o dentro de nuestra familia.

 

Si además de todo eso situamos en la trama la relación de uno de los personajes con ETA, su ilusión infantil por el nacionalismo vasco, su creencia vacía en un combate del que desconoce las dimensiones, su compromiso personal más que político y una posterior renuncia por supuesta delación, el rechazo social que despierta este personaje y su posterior huida, podemos decir que estamos ante una novela sobre el “problema” vasco.

 

Pero, esta etiqueta, por fácil y estrecha, no hace justicia a la novela, pues la aparición de un “gudari” que ha de huir solo, es un elemento más. La obra tiene una dimensión mayor, que analiza ese lodo cotidiano en el que transcurren los días de muchas personas. Desde su ubicación geográfica, Ibaeta, un barrio donostiarra de residencias obreras, la moral que oprime a la madre y le obliga a mantener las apariencias en sus actuaciones, el fracaso de la hija al no poder controlar sus necesidades sexuales, un matrimonio de conveniencia con un discapacitado mental, el nacimiento de una criatura que genera repulsión, el alivio que supone la pérdida a los pocos meses de la niña nacida, la actitud abandonada y fracasada del padre de familia, la mezcla de vulgaridad y bondad del hijo, o la capacidad de análisis del supuesto narrador de la historia, le dan esa dimensión global a la narración.

 

También los recursos formales que usa Fernando Aramburu, la forma en que narra los hechos, los excursos que le llevan a mostrarnos la génesis de la narración y los recursos introducidos, nos permiten captar la carga literaria que usa el autor.

 

Leer Años Lentos constituye un ejercicio recomendable no sólo para aquellos que estén interesados en conocer el llamado “problema vasco” sino para todos los que quieran indagar en la forma en que se transita por un lodo cotidiano que deja muy pocos espacios para la auténtica libertad a la que aspiramos en nuestra existencia.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10