El grito silencioso (1967), Kenzaburo Oé

EL GRITO SILENCIOSO

 

Novela

Editorial Anagrama

Es un lugar común caracterizar la cultura japonesa como una mezcla de modernidad y tradición, Para el imaginario occidental, Japón hoy es sinónimo de tomar té en una pagoda entre rascacielos. Sin embargo, el interés de occidente por este país ha aumentado y el acceso a su cultura es hoy bastante fácil ya sea a través del cómic, el cine o la literatura. Sin embargo parte de su fascinación sigue radicando en su exotismo pintoresco y pocos son los consumidores de cultura japonesa que intentan comprenderla más allá de los evocadores tópicos. El grito silencioso, cuarta novela del  premio Nobel Kenzaburo Oé publicada en 1967, es un buen punto para acceder a ella.

 

Esta novela nos cuenta la historia de los hermanos Mitsusaburo (Mitsu) y Takashi (Taka) Nedokoro que regresan a su isla natal de Shidoku. Mientras Mitsu, más reflexivo, se introduce en un viaje interior en el que evalúa su vida a raíz del extraño suicidio de su mejor amigo; Taka, idealista y extrovertido, trata de organizar una revuelta con su equipo de fútbol.  Se trata de luchar contra un empresario coreano conocido como “El emperador de los supermercados” emulando la revuelta campesina que tuvo lugar justo un siglo antes en la breve era Man’nen (1860- 1861) (De ahí que el título original de la novela, indescifrable para un occidental, sea Fútbol en el año 1 de Man’nen).

 

se adentra en los vericuetos psicológicos de unos personajes atormentados con su maestría habitual que tantas comparaciones con Dostoievski le ha valido. Sin embargo, se supera  al no limitarse a la mera interioridad. Se introduce un nuevo elemento que determina las acciones y pensamientos de Mitsu y Taka: su entorno histórico y cultural. inserta a sus personajes en un contexto sin el cual no se pueden entender en  profundidad. Se trata, en definitiva, de su relación con esa manida mezcla de modernidad y tradición. Pero esa fórmula se llena aquí de contenido. El grito silencioso muestra magistralmente como las ideas y la cultura se interiorizan y determinan a los individuos particulares.

 

Mitsu y Taka pueden interpretarse como arquetipos de las formas de vivir el tremendo cambio de época que supuso para los japoneses la derrota en la segunda guerra mundial. Una humillación para muchos, en tanto que implicó el fin de una forma de entender el mundo. MacArthur obligó al emperador Hirohito a reconocer su humanidad acabando así con el japón “tradicional” basado en el shintoísmo (religión de estado mítica y animista) y en el imaginario militarista regulado por el bushido. A cambio la invasión económica y cultural de los norteamericanos sumergió a los japoneses en una modernidad tecnológica fascinante pero temible (como habían comprobado en Hiroshima y Nagasaki).

 

En este contexto la década de los 60 fue especialmente turbulenta. La violencia y las revueltas políticas comenzaron con la oposición al tratado entre Japón y los Estados Unidos de 1960 y fueron brutalmente sofocadas. De ellas surgieron dos actitudes; una nacionalista que pretendía el regreso de la tradición y otra más occidental y liberal que, si bien rechazaba el imperialismo americano,  aceptaba los ideales ilustrados. Taka podría representar la primera posición y su hermano la segunda. En la cultura japonesa podría tratarse de la conocida oposición entre el escritor Yukio Mishima y el propio .

 

Una siniestra casualidad permite cerrar esta reseña mostrando tres cosas: primero el valor de esta novela como una muestra viva de ese momento histórico y no un fósil histórico, en segundo lugar la manera en que estas ideas se encarnaban en la vida de los japoneses y por último la razón por la que es preferible el Japón de al de Mishima. Tres años después de la publicación de la novela (cuyo título hace referencia al suicidio simbólico del amigo de Mitsu) Mishima cometió seppuku después de arengar a unos cadetes para que dieran un golpe de estado. Se sabe que los cadetes se rieron del discurso y que el suicidio resultó una grotesca carnicería. Lo ridículo de Mishima es su anacronismo, veinticinco años después de la derrota el bushido era una broma del pasado. La historia no puede revertirse, no puede jugarse hoy un partido de fútbol en la era Man’nen.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

  • http://www.aprenderjaponesdesdecero.com Miguel

    Muchas gracias por esta recomendación, la tendré en cuenta para mi próxima lectura!