DINERO (1984) de Martin Amis

Editorial: Anagrama

John Self es de esos tipos que lo primero que piensa al ver a una mujer es “¿me la tiraré?”. Del mismo modo, que lo primero que piensa al ver un hombre es “¿tendré una pelea con él?”. Egoísta, borracho, violento, adicto a la pornografía y a la comida basura. De hecho, adicto a todo aquello a lo que uno se puede enganchar y en cantidades industriales. “A veces las adicciones son utilísimas: como mínimo, para satisfacerlas no te queda más remedio que levantarte de la cama.” Pero sobre todo John Self (gran juego de nombres) es adicto al dinero. A ganarlo y a gastarlo a espuertas: hoteles de lujo, botellas de scotch, prostitutas y unas juergas monumentales. El dinero es el único lenguaje que entiende, el dinero es una forma de vida, es lo que da seguridad cuando todo va en caída libre. Quien nunca ha tenido dinero sabe de lo que hablo. Y el dinero es el alimento de Selina, la novia del protagonista. Ella se dedica a pedirlo, gastarlo y a contorsionarse en la cama para ofrecerle sus numeritos a cambio. Selina quiere una cuenta conjunta y John empieza a temblar, pero antes, por si acaso, le da una paliza. Así funciona. Sexo, dinero, violencia y alcohol, ¿quién da más? Bienvenidos a la vida de John Self.

Podríamos odiarlo, sería lo más natural. Pero es imposible. Nos habla en primera persona, apela a nuestra comprensión y no podemos evitar cogerle cariño. El propio narrador no sabe qué es lo que realmente está pasando en la historia (al fin y al cabo cuando no está borracho, está de resaca, así no hay quien se entere de nada) y somos nosotros los que nos tememos que todo eso no puede acabar nada bien. Apretamos los labios, movemos la cabeza y seguimos leyendo. Ay, ay, ay… ¿en qué lío te estás metiendo John Self?

En medio del vertiginoso monólogo de nuestro protagonista el propio escritor aparece como un personaje más. Austero y algo borrachuzo como él, habla con su criatura en un juego sorprendente, una cajita dentro de una cajita que se despliegan en líneas brillantes y restallantes ante nuestros ojos. Nos obliga a leer más, a lanzarnos de cabeza a la vorágine, a esa espiral de locura que entre cogorzas y resacas monumentales zarandean al antológico John Self de Londres a Nueva York y viceversa. Amis recrea las dos ciudades centrales del fin del siglo veinte con toda su decadencia y perversión banal. Ciudades basura en una sociedad basura.

La historia es lo de menos: John intenta producir su primera película. Ganar pasta, mucha más pasta, para bebérsela toda o que se la gaste Selina. Convencer a actores chiflados y a guionistas feministas, emborracharse e irse de putas, ¿qué más da? Lo importante es que John Self es uno de los grandes de la literatura. A la altura del insoportable Ignatius de La conjura de los necios. A la altura de los más odiosos y encantadores de la letra impresa. Un antihéroe inefable que cautiva desde la primera página.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10