dEUS, Sala Bikini, Barcelona, 8 de febrero del 2012 – ¿Art-rock? Rock inteligente

Foto de Marta Vélez para Underscore

 

Fecha: 8 de febrero del 2012

Lugar: Sala Bikini (Barcelona)

En la entrevista de Jordi Bianciotto al batería Stéphane Misseghers, que publicaba El Periódico de Catalunya el mismo día del concierto, aquel le pregunta si dEUS le hizo las cosas más fáciles a bandas como Muse y Coldplay. Misseghers reconoce la influencia, admitida explicitamente por Muse (que se declaran fans de los belgas), aunque no le da mayor importancia. Efectivamente, y a pesar de la distancia aparente entre las tres formaciones, el camino de dEUS queda muy apartado de la ampulosidad superlativa de Muse, de la destilación (hasta la vulgarización) de las melodías practicada por Chris Martin & Co. o de consideraciones más terrenales. Lo marcan ellos, y los demás, si acaso, que intenten seguirles la pista; dEUS tiene fusta de líder de pelotón, sin necesidad siquiera de clembuterol.

Esa despreocupación por las tendencias comerciales no los ha llevado a territorios tan áridos como los que transita hoy Radiohead. No; la melodía, esqueleto fundamental de sus canciones, no sufre de la animia arty con que otros grupos de renombre indie castigan las suyas en una huida en sentido opuesto a la popularización en masa (y sin poder cambiar ese estatus). La diferencia la marca la falta de complejos, aparte del talento melódico (evidentemente) y la inteligencia, que se percibe en construcciones melódicas imbricadas, arabescos eléctricos y capas electrónicas que no se superponen para esconder, sino para ensalzar.

Y la prueba está en el directo: a pesar de la aparatosa parafernalia electrónica, en manos del otro miembro fundador, Klaas Janzoons, la puesta en escena desborda con un soberbio músculo eléctrico, que sin embargo no resta, sino que añade, matices al cancionero en estudio de los de Amberes. Así, entre andanada eléctrica y andanada, y respaldados por una sección rítmica de fuerte pegada y guiños al jazz-rock (inmenso, por cierto, el talento del bajista Alan Gevaert), las melodías intrincadas de dEUS se desplegaron ante un público (unos tres cuartos largos de entrada) entregado desde el principio; la banda puso todo el empeño para impulsar las canciones a cotas casi estratosféricas, aun a pesar de las evidentes limitaciones vocales de Tom Barman. Nada que el carisma del cantante, su desparpajo y, sobre todo, la consistencia de las canciones no pudiesen superar holgadamente.

Como decíamos, dEUS tiene la mirada puesta al frente, y las concesiones a su primera etapa fueron escasas, aunque muy bien acogidas. Desgranaron su último álbum, Keep You Close, casi en su totalidad, picoteando aquí y allí con incursiones al Vantage Point, Pocket Revolution, y paradas obligadas (y muy celebradas) en Instant Street y Sister Dew (ambas del The Ideal Crash). Una pausa para coger aliento a mitad del recorrido con Serpentine, del seminal In a Bar, Under the Sea, que volverían a recuperar ya de cara a los bises, y de vuelta a la tormenta eléctrica y a la arquitectura emocional, sin escamotear en ningún momento los elementos ya apuntados de su propuesta. La traslación de la atmósfera densa del estudio se traduce en fuerza y en nitidez, sin que en ningún momento la muralla sónica colapsase en un marasmo de ruido, y mantuvieron la tónica de complicidad con el público desde el principio, presentándose de cara y sin zarandajas de poses o de audiovisuales que distrajesen de lo realmente importante. Como premio, dos bises y la entrega incondicional del público, y un grupo que quiere y se deja querer.

Así, pues, dEUS sigue siendo un grupo de referencia con mucho que enseñar a músicos contemporáneos, y con una actitud encomiable sobre el escenario. Con que algunos de los nuevos valores se quedasen con la lección principal, no dejarse llevar por conceptos que no tienen nada que ver con lo musical (ah, las poses, ah, las etiquetas), nos ahorraríamos unos cuantos hypes por año.