Desde Latinoamérica: Gepe, nunca el pop fue tan folclórico

GEPE

Tomar elementos de la raíz musical de el país donde uno vive y ha crecido, no solamente le da autenticidad a la propuesta, sino que da a notar la relevancia y el compromiso de el o los autores para con su realidad, con su entorno.

 

Así, tenemos ejemplos claros como el de la música brasileña, la cual en base a utilizar innumerables referencias de su propia tradición musical, ha creado toda una institución de música y músicos de distintos géneros importantes a nivel mundial.

 

Es por eso que me llama demasiado la atención y reconozco el trabajo de Daniel Riveros, mejor conocido en su natal Chile y en el continente latinoamericano como Gepe.

 

Gepe, desde sus inicios, no ha tenido empacho en describir su música como folklore con pop. Y desde la aparición de su primer EP 5×5 y su primer larga duración Gepinto, ha formado parte de una nueva generación de cantautores chilenos, los cuales han revertido la canción en la que la atemporalidad del folklore se fusiona con la modernidad entre mensajes con sentido.

 

La canción es como una casa. Se construye pero se puede remodelar, y esto siempre a partir de sus cimientos ya establecidos. Voy a elevar el techo, voy a construir un subterráneo, no importa, pues la casa sigue siendo la misma, ubicada en la misma calle y barrio“.

 

Es la forma en la que Gepe construye su casa, sus canciones donde habita, lo que las dota de una personalidad auténtica. Sus cimientos están basados en fuertes melodías y letras que conservan lo poético de lo simple y la simpleza de la verdad.

 

En su última producción, Audiovisión, no es de extrañar que el disco abra de la manera más básica de la música: unas palmas marcando el patrón rítmico o el tempo y una melodía de voz que cubre sin artificios su labor encomendada: cantar y transmitir.

 

Cuando un lugar ya no es tu lugar sino el de todos los demás” canta Gepe a sus Amigos Vecinos. Y esto mismo ocurre con su música, es de todos los demás porque siempre habrá una frase con la cual cualquiera se pueda identificar o una serie de ritmos y armonías que cualquiera pensaría bailar.

 

Por ejemplo, en Deja la ventana abierta, bajo la cadencia de una guitarra con sombras brasileñas, hay un patrón rítmico que invita al baile sensual, al paso despreocupado y la sonrisa de moverse con libertad.

 

La vida de muchas maneras se puede cambiar, asegura Gepe, y su música también puede cambiar de matices. Ya habla de doce materiales que, siendo honesto con ustedes, no sé a cuales se refiere; pero eso no importa, lo que importa es que en esa canción de doce materiales, un bajo, un beat sencillo pero justo, un piano que brinca entre unos cuantos acordes y unos coros sutiles son apenas necesarios para escucharle cantar: “Te pareces a alguien que conocí hace tiempo y que nunca se olvida”. Tan solo por esto último es difícil olvidar esos 12 materiales.

 

Pop de grandes cosechas, de altos vuelos. Pop que dignifica la palabra y el género, aunque el mismo Gepe haya dicho alguna vez que no creía en los géneros.

 

Sus canciones suenan a ciudad, a noche, a avenidas en fin de semana. Son historias en forma de canciones; como puertas que se abren y los recuerdos llegan de algún lugar no tan lejano: nuestra vida.

 

Música nutrida de distintas vertientes, la canción de autor, el rock, el folklore chileno; ritmo que bebe de su origen principal, el de su cultura, y por momentos, una indiscutible capa de pop ochentero.

 

Creo y, me atrevo a decir que, el pop nunca fue mas folclórico; y entiéndase esto último como una serie de destellos que, gracias al ingenio del compositor, terminan en arreglos de gusto incuestionable. Pop fino como una buena copa de vino tinto.

 

Doce canciones conforman este disco Audiovisión, en el que participan también Jorge González y Javiera Mena, entre otros.

 

Siempre será positivo escuchar un disco que suene a presente, a una modernidad que no se olvida del pasado y es a partir de la historia que esta propuesta, estas canciones y este Gepe se llenan de actualidad.