Christophe Barratier nos habla de su último film: ‘La Guerra de los Botones’

LA GUERRA DE LOS BOTONES

Si perteneces a una generación de las que han vivido una auténtica infancia, de jugar en la calle desde la salida del colegio hasta que se ponía el sol, de disfrutar del verano al aire libre, de peleas de globos de agua, a veces de piedras, de jugar con ballestas y tirachinas caseros, de fabricar tus propios escondites en mitad del campo… entonces seguro que la historia de La Guerra de los Botones te remueve algo por dentro, te evoca recuerdos, te trae buenas sensaciones. Y si no perteneces a una de esas generaciones también sentarás algo: envidia, envidia sana, envida de ver cómo se lo pasaban antes los niños con las cosas más sencillas.

El director francés Christophe Barratier (‘Los chicos del coro’), nos regala una nueva versión de esta historia que ha conquistado a tantas y tantas personas a lo largo de tantos y tantos años, la historia que publicó Louis Pergaud en 1912 sobre sus propias vivencias, sobre sus aventuras, las aventuras de dos pandillas que libran sus particulares batallas, batallas en las que lo peor que te puede pasar es regresar a casa con los pantalones bajados y sin botones. Solo la traición se pena con castigos más duros…

Decimos que es una nueva versión porque ya en 1962 Yves Robert se atrevió a llevar esta novela a la gran pantalla trasladando la trama de principios de siglo al verano de 1961. Ahora Barratier ha estado en Madrid para presentarnos su particular ‘Guerra de los Botones’, y escuchándole con las orejas bien abiertas estuvo Crazyminds. No se ha querido conformar con un remake de la película de Yves Robert, él también ha añadido a la historia su toque personal.

Ni en 1912, ni en 1961, el director se ha llevado a todos estos niños a la II Guerra Mundial, a la época de la ocupación alemana de Francia. “Pensaba que se podía sacar de ahí algo simbólico, importante -nos explicó el director en rueda de prensa-, es decir, detrás de esa pequeña ‘guerra de los botones’, de esas batallas que libran los niños, tener como trasfondo el conflicto enorme y trágico de la Segunda Guerra Mundial les obliga a hacer una transición de la infancia a la edad adulta. Poco a poco van entendiendo e imprimiendo ciertos valores como la solidaridad, la ayuda mutua, y van construyendo su propia República, eso me parecía importante”.

Barratier nos confesó que plantearse llevar de nuevo a la gran pantalla, como lo hizo Yves Robert, la novela de Pergaud, asusta… “Lo dudé –admitió-, porque la película de Yves Robert es una película sacralizada en Francia”. Pero a pesar de todo, explica el director, “cuando un país tiene esos valores que son realmente de patrimonio, lo tenemos en Francia con tres obras muy conocidas que son ‘El Conde de Montecristo’, ‘Los Miserables’ y ésta, que tienen una carga simbólica tan fuerte y son obras tan conocidas y tan amadas, yo creo que los cineastas tenemos derecho a hacer algo nuevo con ello, por eso hemos hecho una adaptación. Supongo que aquí con ‘El Quijote’ pasará algo parecido…”.

Pero no sólo en este aspecto ‘social’ reside la dificultad de llevar ‘La Guerra de los Botones’ al cine… Hay algo más… ¡El rodaje con niños! “Es difícil -nos comentó Barratier-, pero a mí me gusta trabajar con niños, porque creo que yo mismo sigo siendo muy niño… Es un trabajo especial, pero ante todo a uno le tiene que gustar porque si a uno no le gusta trabajar con niños, entonces apaga y vámonos, no se puede. Eso influye mucho en el sello final de la película”.

Influye porque, tal y como nos explicó el director, “a los niños no podemos pedirles que se adapten a nuestra gramática cinematográfica, nosotros nos tenemos que adaptar a su gramática personal. Su capacidad de concentración comparada con la de un adulto es mucho más limitada, y cuando hay muchos niños no tienen nunca el mismo nivel de concentración, las secuencias de muchos niños juntos son muy complicadas”. Es por eso que, tal y como admitió Barratier, con niños “hay que hacer como cine ‘puramente animal’. Siempre había que tener muchas otras cámaras dispuestas para recoger el más mínimo movimiento interesante”. En definitiva, resume el director, “rodar con niños puede tener consecuencias técnicas y financieras que no se prevén”.

Clément Godefroy, ocho años, futura promesa del cine francés

Y resulta que escuchando todo esto, acompañando a Christophe Barratier en la promoción de la película y en la rueda de prensa, estaba uno de estos niños, atento y risueño, Clément Godefroy. ¡A quién le importan las consecuencias técnicas y financieras con la gran interpretación que muestra en pantalla este hombrecito de ocho añitos! Clément interpreta al pequeño Gibus, no es el protagonista, pero sí uno de los niños que más peso tienen en la película, “es el que lleva la ligereza, ese buen ambiente, el que dice la palabra que sobra”, comenta Barratier. “Le vi primero en video no en persona -nos dijo el director-, pero por la manera en que se presentaba, incluso antes de interpretar la secuencia yo me dije, éste, éste es el pequeño Gibus sin lugar a duda. Cuando comprobamos que además tenía dotes de actor, dejé de buscar, porque ya había encontrado al actor que yo quería. Lo que no sabía es que me iba a costar tan caro”, bromeó.

El pequeño Clément nos habló de sus propias dificultades a la hora de rodar… Lo peor, dijo, “aguantar el calor” y lo más fácil “repetir tanto las secuencias, jugar tanto una y otra vez”. Pero hay algo que seguro recordará de por vida: Clément tuvo la suerte de protagonizar la escena más épica de la película junto a uno de los actores más conocidos en Francia, Gérard Jugnot. ¡Tenía que hacerse el borracho y cantar junto a Jugnot! “Bebí mucho agua, y siempre preguntaba a Christophe si podía tomar un poquito más de sopa”, nos contó Clément sobre este momento.

El director, por su parte, lo recuerda de otra forma… “El niño llevaba ya cinco o seis horas trabajando de noche y yo tenía que hacer un plano más todavía y recordé que sus padres me habían dicho que a partir de cierta hora se quedaba frito. Entonces hay que hacer entender a la producción que ese plano no se va a poder rodar esa noche, que hay que pasarlo a otro momento, etc.”

El propio Yves Robert en su día también habló sobre las dificultades de rodar con niños, pero desde los años 60 hasta ahora han cambiado muchas cosas. Por ejemplo, recordó Barratier, “yo he leído muchos testimonios del rodaje de la película de Yves Robert y no había ningún tipo de control. A los niños les podían tener durante horas rodando, no les pagaban prácticamente nada”. Y no es esto lo único que lamentaba… “A mí me han reprochado el haber edulcorado la historia original porque yo no rodé a los niños desnudos, como se les ve desnudos en la película de Yves Robert. Hoy, en el año 2011, Yves Robert no podría haber rodado tampoco esa secuencia, no podría haber colocado a un niño desnudo en una película. Es injusto que se me acuse de no haber sido tan audaz como Robert”.

Pero a pesar de las adversidades el resultado final es exquisito. Con la II Guerra Mundial como telón de fondo, en ‘La Guerra de los Botones’ vemos a un grupo de niños jugar, reír y hacer de las suyas, vemos vida y luz… Y eso que, tal y como admitió el director “mi película podría ser mucho más dura, pero siempre he querido abrazar cierto idealismo, aunque ese idealismo es una cosa dulce y amarga al mismo tiempo…”.

Y de este idealismo ya se han quedado prendados millones de espectadores en Francia. Habrá que esperar qué pasa en España cuando se estrene en cines el próximo viernes 11 de noviembre.