Chew, de John Layman y Rob Guillory

CHEW, DE JOHN LAYMAN Y ROB GUILLORY

Editorial : Planeta de Agostini

Precio por tomo (incluye 5 números de USA) : 12,95 euros

 

El concepto “Cibópata” me era completamente desconocido hasta que cayó en mis manos el primer tomo de Chew ¿Os imagináis una persona que con tan solo comer una manzana es capaz de recibir impresiones claras en su mente de cómo fue plantado el manzano dónde creció o de cómo fue recolectada? ¿Una especie de médium pero que en lugar de necesitar un objeto de la víctima necesita darle un “bocadito”? Eso es exactamente el don (o maldición) que le ha sido concedido a Tony Chu, el detective protagonista de este divertidísimo cómic. Ante la ausencia de pruebas o una investigación atascada en un callejón sin salida, solo se plantea una solución, un “piscolabis” de difunto y las pistas (o incluso el mismo asesino) aparecen en la mente de Tony. No es un superhéroe ni un villano, es tan solo un tío normal, si me apuras un poco friki, poseedor de una habilidad tan inusual como desagradable que le aboca a intentar no comer nada que tenga cara a menos que quiera revivir el crimen de un granjero, un pollero o algún carterista con poca paciencia.

El contexto en el que se desarrolla Chew son unos EEUU donde 23 millones de personas han muerto a causa de la gripe aviar. La distribución y consumo de pollo han sido prohibidos y considerados delitos graves, con lo que, como cualquier otra sustancia prohibida, se ha convertido en objeto de trapicheo por parte de mafiosos y maleantes en general.

Esta situación ha catapultado a un organismo gubernamental como la FDA (Food and Drug Administration) a un inesperado papel principal en la lucha contra el crimen.

Su estructura es muy similar a las series de televisión, un caso por número. Su guionista John Layman nos ofrece mucha acción, rozando y en ocasiones entrando en territorio gore. Mucha sangre y un fino humor negro marcarán la vida y carrera profesional de Chu desde el principio. Un detective aparentemente introvertido y parco en palabras aunque con un carácter francamente incendiario si se le tocan las “teclas” correctas. Una trama sencilla y directa, sin concesiones ni treguas. Se mantiene un ritmo endiablado durante cada número y, a pesar de ser episodios con un final definido, construyen una línea argumental subyacente que nos va acercando más a los personajes y a sus vidas.

Apoyando el buen guión de Layman está el trazo rápido y singular de Rob Guillory, que nos evoca a los artistas graffiteros  de las calles y complementa a la perfección el trepidante transcurrir de la historia.

Chew nos da una bofetada de imaginación, ofrece ideas singulares, situaciones estrambóticas y personajes inusitados (vampiros, alienígenas, mafias ocultas, cyborgs) viviendo situaciones límite, conspiraciones y tramas apoyadas en flashbacks que les llevan, en especial a Tony Chu, a cometer actos impropios de lo estrictamente policial como, por ejemplo, morder un cadáver.

No nos encontramos ante un cómic al uso. Un argumento construido en torno a la comida puede parecer simple pero es diametralmente lo contrario, la da un mérito adicional a su repercusión, la cual ha sido tal que con tan sólo una docena de números editados ya tiene asegurado el salto a la gran pantalla con serie propia.

Os invito pues a descubrir esta pequeña joya que seguro conseguirá que toméis más cariño a vuestras insulsas digestiones.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10