BATMAN: AMO DEL FUTURO (1991) por Eduardo Barreto, Steve Oliff, Brian Augustyn

BATMAN: AMO DEL FUTURO Editorial: DC Comics.

Hay cómics que los compro por la portada. Sí, una buena portada es un buen motivo para leer un cómic, como lo es un buen autor, un buen dibujante o tu personaje favorito sin importar ni el guión, ni el autor, ni el tipo de papel en el que está impreso. Las grandes compañías lo saben, e intentan atraerme con imágenes potentes en estantes repletos de ese tipo de imágenes; una amalgama de colorines con superhéroes musculosos, explosiones caleidoscópicas y pechugonas como las de las revistas de un poco más arriba, pero con disfraz.

Veo una portada negra, simple, sin título, sin el nombre del autor. Un murciélago de amarillo oro y una cara que me mira enfadada: es Batman. Pero hay algo más, este dibujo imita un grabado. Sí, un grabado como los de los billetes y las ilustraciones antiguas. ¿Por qué?

Una vez atraído por ese gusanito en la punta del anzuelo del consumismo, cojo el cómic en mis manos y, en acto reflejo, como todos hacemos, le doy la vuelta. Quiero que me convenzan de que vale la pena leerlo, y en este caso encuentro el motivo.

Batman siempre ha estado relacionado con el futuro. Esos aparatejos que usa, ese coche irreal, esos monitores uno al lado del otro que tiene en su Bat-cueva, está claro que gracias a la pasta que tiene utiliza una tecnología avanzada. Incluso existe una serie animada titulada Batman del futuro, donde Bruce Wayne es un viejo amargado que guía a un joven y renovado Batman … y sin capa. ¡Por favor! !Un murciélago sin alas es una rata ciega!

Pues aquí no. A alguien se le ocurrió la idea de coger al caballero oscuro y desplazarlo al siglo XIX. Ahora entiendo lo del grabado.

Un desequilibrado con gran parecido al gran Vincent Price (apuesta segura para convencernos de que es malo y está loco) piensa destruir la exposición universal de Gotham City, que ayudará a la ciudad a entrar en el siglo XX, o eso es lo que piensa el alcalde. Pero Batman no está, el traje de piel con grandes costuras y arrugas se está apolillando en el sótano de la mansión Wayne, colgado en un perchero de madera, después de que, en la precuela de esta historia, Batman-Luz de Gas, se enfrentara al mismísimo Jack. Ahora quiere descansar, pero la ciudad, como siempre, le necesita.

Aunque los dibujos de Eduardo Barreto están, en un estilo bastante clásico (como requería la ocasión) muy bien hechos, el color de Steve Oliff está en lo justito y la historia de Brian Augustyn sea bastante predecible, lo mejor es ver a Bruce Wayne con chistera y bastón, a los políticos con grandes bigotes, la calles de tierra repletas de carros con caballos, un Buffalo Bill rechazado en la exposición por bárbaro, e incluso, en una viñeta, dos personajes que caminan juntos saliendo de la comisaría que resultan familiares; uno con gorra de doble visera a cuadros fumando pipa y el otro con bombín y bigote. Son ellos.

Como he dicho antes, Batman mira al futuro, y en esta ocasión también, pero desde otra época. Aún no puede arrojarse al vacío con su Bat-ala delta como en las últimas películas de Cristopher Nolan, por cierto, fantásticas, pero en este número descubrirá cómo hacerlo. Mientras el malvado de la historia, un tal Alexandre Leroi, viaja en su gran invento futurista, un Zeppelin.

En definitiva, Batman: Amo del futuro es un cómic distinto a los demás, que pertenece a la serie Otrosmundos, donde nuestros personajes favoritos son llevados a épocas y lugares donde jamás estuvieron. A mí me parece una buena idea, no sé a vosotros.

A todo esto, se me ha olvidado deciros que yo tenía 16 años cuando aquella portada me sedujo, y el cómic es del año 1991, o sea, del siglo pasado.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS :7/10

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