Atípicos aullidos para una noche de Halloween

HYPERPOTAMUS

Fecha: Madrid, 31 de octubre

Lugar: Sala El Sol (Madrid)

En la calle, gente disfrazada llena de pintura roja saltando y cantando intentando pasar entre la cola que se producía a las puertas de la Sala Sol. Esto promete.

La sala se llenó rápidamente (bastante gente para un lunes). Un público que superaba la treintena en su mayoría, alguna cara conocida incluso. Desde luego, la música que nos esperaba esa noche no sería la típica que pondrían en los 40 o en la radio que escuchan en las peluquerías.

Entre el bullicio se empezó a chistar, hasta que comenzó Antonio Pradel a la guitarra. Esa sería la única guitarra que oiríamos esa noche y, a diferencia de Jorge, Antonio no utilizaría la voz. Tampoco le haría falta para crear un silencio sepulcral en la sala.

No esperaba aplausos ni abucheos, Antonio se recogió en los punteos de su guitarra flamenca casi sin levantar la cabeza y se despidió sin mirar a un público que le aclamaba entusiasmado.

Después llegó la energía de Jorge (Hyperpotamus). Su público, sin embargo, seguía intentando mantener la emoción y guardar silencio mientras que él danzaba creando sonidos entre micros y pedaleras de loops que repetían las estrofas de sus canciones.

Se oían sonidos de beatbox, golpes a un micro, un sonido en otro, una estrofa en otro, un pequeño ritmo a la batería… Incluso llego a aprovechar un acople de uno de los micros (parecido al chasquido de un triángulo) entre la creación progresiva de sus canciones.

Y eso es Hyperpotamus, un chico que sólo se sirve de la voz y una grabadora que reproduce sus sonidos en bucle para ir creando sus canciones como si nos encontráramos ante una coral a capella .

Él solo se bastaba para realizar todo el concierto y presentar su nuevo disco con toques funkeros, sin parar de bailar y dedicar varias muecas graciosas a su público, que esperaba el momento sigiloso para aplaudir y no entorpecer su labor.

Un bueno monstruo de la voz para una noche de Halloween.