Asesino cósmico (2011), de Robert Juan-Cantavella

ASESINO CÓSMICO
Editorial Mondadori.

Hace treinta y cuarenta años los quioscos andaban sembrados de novelitas “pulp”, de relatos amarillos de cincuenta pesetas, firmadas en su mayoría por pseudónimos de escritores que vendían su pulso mientras su nombre real comenzaba a ganarse un respeto, a abrirse camino en una literatura que vivía bajo el yugo de dictadores o de snobs.
Robert Juan-Cantavella ha querido hacer un homenaje a todas esas historias que fueron arrancadas a noches de insomnio, relatos que nacieron de tomar un carajillo quemado a deshoras, de un montón de colillas prensadas una sobre otra en un cenicero a rebosar… de semanas y semanas sin echar un polvo, y años y años sin hacer el amor.
Juan-Cantavella es un narrador nato. Te seduce, tropiezas con él y ya te tiene en el bolsillo, aunque su literatura no es vaga ni fácil, al contrario; rebosa bagaje, dominio de la prosa, léxico y confianza, sobre todo confianza con el lector. Leerle a veces es como tomar una cerveza en un bar escuchando la conversación de la mesa de al lado.
Asesino cósmico es un ejercicio narrativo complejo que se resuelve con gran habilidad: guiños a los subgéneros del pulp español; subtramas más solventes que muchas tramas principales de novelas de éxito; personajes fantásticos pero humanos que rezuman torpeza, como todos nosotros; saltos en el tiempo, en el espacio… que no hacen peligrar el hilo conductor ni un solo renglón.
En su peculiar escritura de juego de rayuela, Juan-Cantavella siempre pisa entre la realidad y la ficción. Su particular modo de divertirnos con ello esta vez ha consistido en invitar a Curtis Garland —pseudónimo del prolífico escritor del género Juan Gallardo Muñoz— a escribir un capítulo, y éste, como gran conocedor del juego en el que se mueve nuestro autor, le corresponde introduciendo un personaje que hace tiempo que cabalga junto a Juan-Cantavella en todo lo que su pluma escupe, Trebor Escargot, su alter ego, aunque él seguramente lo negaría y se batiría en duelo, empuñando espadas láser, junto al videoclub de algún vampiro detective que participó como extra en Tiburón 2 antes de ser exorcizado, con quien osase defender semejante afirmación.
A quien ya conozca a Juan-Cantavella hace cinco párrafos que le sobra cualquier explicación que le convenza para leer Asesino cósmico. Y a quien no lo conozca todavía, no le puedo decir nada que no suene tópico, ligero, viciado… O quizá sí… le diré una cosa: no la preste porque no se la van a devolver.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10