Alice Glass revela abusos sexuales por parte de Ethan Kath, su antiguo compañero en Crystal Castles

ALICE GLASS

Claramente, la ruptura entre Alice Glass y Ethan Kath de Crystal Castles no fue para nada amistosa, pero no esperábamos que hubiese sido tan grave como hoy ha confesado la antigua cantante de la banda. Según Glass, Kath le obligó a mantener relaciones sexuales con él bajo amenaza de no permitir que siguiese formando parte de la banda. Horroroso y nauseabundo.

En el comunicado que Glass ha compartido hoy, asegura que Kath abusó de ella durante años. “Le conocí cuando estaba en el décimo curso. La primera vez que se aprovechó de mi yo tendría unos 15 años“, asegura.

Unos abusos que, según hoy hemos descubierto, se mantuvieron hasta que Glass tomó la difícil decisión de abandonar Crystal Castles. “Fue la decisión más complicada de toda mi vida. Esa banda lo era todo para mí. Mi música, mis actuaciones y mis fans eran todo lo que tenía en el mundo. Lo dejé y empecé de nuevo no porque quisiese sino porque tuve que hacerlo. Y pese a lo difícil que fue, sabía que irme iba a ser una de las mejores decisiones de mi vida. Me ha costado años recuperarme de casi una década de abusos, manipulaciones y control psicológico. Aún me estoy recuperando“.

Sinceramente, la crudeza de lo relatado por Alice Glass nos ha dejado helados. Es absolutamente horrible que algo así haya ocurrido y esperemos que, si se demuestra la veracidad de lo afirmado por la cantante, estos hechos no queden impunes.

Os dejamos con el terrible relato completo a continuación:

Algunos de vosotros sabéis que me he abierto sobre mis experiencias con el abuso en el pasado. He sido muy cautelosa con respecto a la información que he dado y no he dado nombres públicamente, porque he tenido miedo. He sido amenazada y hostigada y como resultado, por miedo, he sido silenciada.

El impulso que han creado recientemente las numerosas valientes mujeres que han revelado sus propias historias me ha inspirado a ser finalmente más directa, sea cual sea el coste. Esto es para mi propia recuperación, para las otras mujeres que han estado, están o pueden estar en una situación similar con el hombre que abusó de mí durante años, y para aquellas en relaciones abusivas que buscan poder plantarse y hablar.

Conocí a “Ethan Kath” (Claudio Palmieri) cuando estaba en el 10° curso. La primera vez que se aprovechó de mí fue cuando tenía alrededor de 15 años. Era 10 años mayor que yo. Entré en la parte trasera de su auto extremadamente borracha (por las bebidas que me había dado esa noche). No hablamos durante meses después de eso. Hizo todo lo posible para encontrarme de nuevo, acechándome y conduciendo cerca de mi instituto mientras me buscaba.

Me rastreó y se presentó en los lugares en los que yo pasaba mi tiempo y finalmente volvimos a conectar. Era muy joven e ingenua y estaba en una posición complicada en mi vida. Lo percibí como una estrella de rock local porque había visto a su banda, Kill Cheerleader, en la televisión. También se habían aprovechado de muchas de mis amigas de la escena punk hombres mucho mayores, por lo que para mí era una situación que se había normalizado.

Claudio fue muy manipulador conmigo. Descubrió mis inseguridades y las explotó: usó las cosas que aprendió sobre mí en mi contra. Durante un período de muchos meses, me dio drogas y alcohol y tuvo relaciones sexuales conmigo en una habitación abandonada en un apartamento que consiguió. No siempre fue consensual y permaneció sobrio cuando estábamos juntos.

Cuando tenía 16 o 17 años me dio un CD de canciones y me pidió que compusiera y cantara sobre ellas. Llevé las canciones a casa y escribí letras y melodías, y grabamos las pistas que me gustaron. Pero incluso con la música, creó un ambiente tóxico que a menudo sentía que tenía que aceptar. Mientras grabábamos nuestro primer EP, el ingeniero de grabación me acosaba sexualmente mientras estábamos en el estudio. Claudio se rió de mí y me presionó para que aceptara. Llamó a nuestro primer single “Alice Practice” y dijo que mi voz era una prueba de micrófono. Él inventó esa historia y le dijo a la prensa que era una grabación “accidental”, disminuyendo intencionalmente mi papel en su creación. Era otra forma de menospreciarme y aprovechar mis inseguridades.

Poco después, fuimos invitados a recorrer el Reino Unido. Me sentí abrumada por lo rápido que nos estaban pasando las cosas, y Claudio me convenció de abandonar la escuela secundaria a solo 2 créditos de mi graduación. A medida que comenzamos a llamar la atención, empezó a atacar de forma abusiva y sistemática mis inseguridades y controlar mi comportamiento: mis hábitos alimenticios, con quién podía hablar, dónde podía ir, qué podía decir en público, qué ropa me podía poner. Me impidió hacer entrevistas o sesiones de fotos a menos que él tuviera el control de la situación. Nuestra fama creció en Crystal Castles, pero no sentía que estuviese recibiendo el reconocimiento que creía merecer.

Se volvió físicamente abusivo. Me sostuvo junto a una escalera y me amenazó con tirarme. Me levantó sobre sus hombros y me tiró al asfalto. Hizo fotos de mis moretones y los publicó online. Traté de irme, y juró que nunca volvería a suceder, que nunca volvería a abusar físicamente de mí. Sin embargo, lo cambió por un abuso psicológico y emocional más severo.

Controlaba todo lo que hacía. No se me permitió tener mi propio teléfono o mi propia tarjeta de crédito, decidió quiénes eran mis amigos, leía mis correos electrónicos privados, restringía mi acceso a las redes sociales, regularizó todo lo que comía. Me regañó y me gritó, diciéndome que yo era una broma, que todas las personas que venían a nuestros shows solo estaban interesadas en sus temas instrumentales y que yo estaba acabando con la banda. Rompió las puertas de cristal de la ducha para asustarme, me encerró en las habitaciones. Me dijo que mi feminismo me convertía en blanco de los violadores y que solo él podía protegerme. Me obligó a tener relaciones sexuales con él o, dijo, ya no me permitiría seguir en la banda.

Me sentía miserable y mis letras indirectamente hablaban del dolor y la opresión que estaba soportando. Pero como a veces es el caso en las relaciones abusivas, su crueldad a menudo era seguida por momentos de bondad. Se le daba muy bien mantener su trato terrible conmigo como algo privado. A veces era encantador, era hiperprotector y, sobre todo, me encantaba la banda que teníamos juntos. Pero a menudo me decía lo reemplazable que era. Incluso me dijo que estaba buscando activamente a alguien para reemplazarme. Me mantuvo insegura y nerviosa, y luego me decía que era el único en el mundo que creía en mí. Me dijo que era nosotros contra todos, porque todos los demás pensaban que era una perdedora, una broma, una payasa bailarina sin talento. Yo le creí. Y tuve tendencias suicidas durante años.

Dejar Crystal Castles fue la decisión más complicada de toda mi vida. Esa banda lo era todo para mí. Mi música, mis actuaciones y mis fans eran todo lo que tenía en el mundo. Lo dejé y empecé de nuevo no porque quisiese sino porque tuve que hacerlo. Y pese a lo difícil que fue, sabía que irme iba a ser una de las mejores decisiones de mi vida. Me ha costado años recuperarme de casi una década de abusos, manipulaciones y control psicológico. Aún me estoy recuperando.