TUYA: “Entre todos deberíamos fortalecer una industria seria, no del pelotazo”

TUYA

A war is coming es un disco que se ha hecho rogar. Después de tres años preparándolo, durante los que en algún momento estuvo guardado en un cajón y parecía que no vería la luz, los chicos de TUYA se vieron obligados a tomar una decisión, o sacaban este disco o paraban definitivamente. Y así, tras una autoproducción y un ‘crowdfunding’ a los que recurrieron “forzados por la situación de la industria”, nació su nuevo álbum hace apenas unos meses.

TUYA se ponen en pie de guerra con un pop que definen como “raro fácil”, del que se desprende un sonido que se ha vuelto más potente, con un formato “poco ortodoxo” y con el que prometen llenar de instrumentos los escenarios. Y en esta batalla, la banda habla de su decepción con la industria y su establishment, de su oposición a la cultura del pelotazo y del ‘hitazo’, del negocio de las salas, del falso apoyo de los festivales a las bandas emergentes y de la necesidad de dar a conocer los verdaderos problemas que hay en este gremio y que, aseguran, son mucho más graves que el IVA cultural.

CrazyMinds habló con ellos para comprobar que, entre tantos impedimentos y luchas por salir adelante, ahora sólo quieren poder tocar y tocar, sin que les suponga un “suicidio” no llenar una sala. Y de sus palabras se desprende que están aquí únicamente para hacer músicasin necesidad de hacerse ricos, pero sí de “poder vivir en vez de sobrevivir” de ello.

Su directo, al que irán cargados de teclados y una gran producción, recorrerá algunas ciudades de la geografía española. Hasta nuevo aviso, se les podrá ver el 18 de mayo en el festival Sound Isidro en Madrid, y el 16 de junio en Zaragoza.

¿Cómo se define TUYA en esta nueva etapa?

Óscar García: Yo pienso que hacemos pop, en el sentido más clásico de la palabra. Lo que pasa es que intentamos forzar un poquito, salirnos un poco de nuestra zona de confort cuando hacemos las canciones. A veces se nos va de las manos en este disco.

David T. Ginzo: Las canciones son en cierto sentido clásicas, pero en la instrumentación es donde tenemos ya margen para jugar con lo que nos da la gana y quizá es ahí es donde se pueda salir un poco de esa clasificación. Llámalo “pop raro fácil”, si quieres.

Ahora de repente parece que los grupos prefieren definirse como pop antes que indies. Parece que calificarse como indie ya no está de moda, o que cuesta encontrarse en un estilo…

Óscar: También es que decir pop es muy cómodo, porque como en realidad casi todo es pop.

David: Sí, es muy fácil decir pop, pero es peor decir indie (risas). No sé de donde sale esa independencia.

Este disco suena más potente y más intenso que el anterior, ¿qué hay de nuevo en él con diferencia de lo que habéis hecho anteriormente?

David: Sí que puede ser un poco diferente porque la banda es diferente y el concepto general del disco viene de otro camino, y otra metodología… sencillamente diferente (te lo vas a pasar fenomenal transcribiendo esto, añade entre risas).

Óscar: La forma en la que se escribió este disco también fue muy poco ortodoxa. También es que el formato del grupo tampoco es lo más ortodoxo.

Poco ortodoxo, ¿en qué sentido?

David: Pues porque al principio empecé yo solo, luego pasamos a ser cuatro y trabajábamos las canciones en un local de ensayo con los instrumentos que teníamos. En cambio en este disco empezamos a grabar unas canciones que sacamos en un EP hace dos años, que la grabación viene también de los días que estuvimos grabando este disco hace tres años. Aquellas canciones las escribimos todos juntos en una casa y salieron. Pero estas las fuimos arreglando en el estudio, las fuimos haciendo crecer, y fuimos dibujando las diferentes partes de las canciones con los “juguetes” que teníamos y fueron saliendo. Partiendo de que la base es completamente diferente, luego el resultado también tiene que ver que a nivel sonoro la mezcla está hecha en otro sitio con otras personas, los instrumentos son diferentes, las ideas nacen pasados cinco años después y cambia todo. Supongo que éste es el porque de que ahora pueda sonar más potente.

Óscar: Si prácticamente a medida que grabábamos construíamos las canciones. El cambio de formación también hizo mucho, cuando pasamos a ser tres y llevamos los temas a directo del disco anterior pero siendo tres cambió mucho el sonido, fue más cañero. No sé si porque como éramos menos teníamos que hacer más ruido de alguna manera.

David: Siempre hemos intentado dar todo lo que podíamos siendo tres, sabiendo que teníamos que hacer canciones en los que éramos cuatro. Ya siendo cuatro hacíamos lo que hacían seis, pues siendo tres… me gustan las matemáticas pero soy un zote (risas). Entonces eso sin más, que el cambio tiene que ver con el número de personas en el escenario y en el estudio

TUYA se autoproduce los discos, ¿buscabais esa independencia y manteneros al margen de todo o ha sido algo impuesto?

David: Hombre yo creo que lo ideal debería ser lo que parece ser, llamémoslo el establishment de la industria, pero la misma te obliga a no cumplirlo, a salirte de la norma, porque acaba llevándote a situaciones que son muchas veces impracticables. No tiene mucha lógica que un grupo tenga una infraestructura detrás de doce personas trabajando para ellos en diferentes oficinas cuando ese grupo no produce una rentabilidad mínima para nadie.

No es algo buscado por un afán de independencia, es simplemente que las otras opciones que hay encima de la mesa tampoco merecían la pena para el estado actual del grupo. Si por ejemplo, nosotros estuviésemos vendiendo 100.000 copias, evidentemente que necesitaríamos una infraestructura detrás, pero para lo que estamos haciendo hasta ahora, tanto nosotros como la gran mayoría de grupos de este país, muchas veces acaba siendo un sinsentido el hecho de formar parte de ciertas empresas, porque se acaba convirtiendo todo en una estructura de mercado que poco tiene que ver con lo que veníamos a hacer desde un principio, que es música.

¿Cómo es ese proceso de autoproducirse? ¿Es más complicado o ha sido más fácil porque es algo vuestro y sabéis que todo va a salir como planeasteis?

David: No, realmente es complicado porque estamos haciendo lo que no deberíamos estar haciendo. Nuestro trabajo no es buscarnos conciertos, ni entrevistas, o negociar condiciones. Yo quiero hacer canciones y ya. Ahora entiendo que podemos dar un pasito más allá y evidentemente al tener nosotros el control en todas esas decisiones podemos decidir si queremos ser partícipes o no de algunas cosas que igual a nivel personal no nos puede interesar, como colaborar con ciertos elementos del mundo que no nos gustan. Pero más allá de eso, ¿por qué no puede haber una persona que lleve la producción? Simplemente porque no es rentable.

Y creo que lo que deberíamos hacer es entre todos fortalecer una industria seria, no del pelotazo, como pasa en el resto del país y de gremios. Lo que ocurre con el mundo de la música es que predomina esa cultura de pelotazo, de ‘festivalazo’, de mega ‘hitazo’. ¡Y basta ya!. Yo quiero poder ir a tocar a una sala con 50 personas y que no sea un suicidio, no quiero hacerme rico, ¿por qué tengo que elegir entre perder dinero con la música o ser rico? ¿Por qué no hay puntos medios?

Siguiendo con este hilo del dinero y las dificultades de la industria, el crowdfunding ha hecho posible que vuestro disco salga adelante, pero me gustaría saber cómo fue la idea de ponerlo en marcha

David: El tema de haber hecho el crowdfunding fue decidirnos a seguir. Dijimos: “o sacamos este disco o pasamos ya”. Pero el hecho de llevar a cabo un crowdfunding es una cuestión enlazada con la pregunta anterior, tiene que ver con los números. Nos vemos también de alguna manera forzados por la situación. A mí me encantaría poder estar en un sello, que sepan mogollón de música, que cuiden los detalles, las ediciones, que sepan distribuirlo, y que sepan de lo que están hablando más allá de la búsqueda de los éxitos. Pero igual el problema es que no hay una infraestructura seria detrás de equipos de trabajo que apuesten por nuevos proyectos. Porque quizá solo se busca el que un grupo funcione mucho, no que funcione para ser estable.
Nosotros con este crowdfunding hemos sacado una cantidad de dinero suficiente para pagar todo el proceso y cubrir todos los gastos, vale que nosotros no hemos visto ni un duro y dudo que lo veamos en un tiempo, pero por lo menos esto es viable. En el fondo esto significa que hay más implicación por parte del público que por parte de la propia industria. Yo creo que el crowdfunding es una solución, aunque sus implicaciones no sean del todo positivas. Pero al fin y al cabo es al clavo ardiendo al que te puedes agarrar para salir adelante

Óscar: El motivo por el cual se recurre a este método es porque muchas veces no existe el respaldo que igual se necesitaría desde vías más convencionales.

¿Supone una mayor responsabilidad con el público, con los que han respaldado e invertido en este proyecto desde un principio a ciegas, sin saber nada de lo que saldría?

Óscar: Lo que dices de la responsabilidad sí que es verdad, se añade ese elemento. Cuando sacas un disco de una forma tradicional en la que una discográfica te paga el disco y se encarga de publicarlo y demás, pues tienes una responsabilidad profesional con la discográfica y luego toda la responsabilidad emocional es con tu música. Pero en el caso del crowdfunding sí que es verdad que puede influir este pequeño elemento de saber que ha habido personas, muchas veces son colegas, que han puesto mucha pasta para tu proyecto personal, y sí que es verdad que entra esa historia de tener a gente que está invirtiendo o participando en tu proyecto.

David: Sí que se añade un elemento de responsabilidad que antes igual no había. Tal vez era más fría esa responsabilidad, es puramente profesional, y es muy importante, pero no hay ese mismo vínculo con una discográfica… Aunque igual debería haberlo, pero la realidad es que habitualmente no existe.

¿Habéis encontrado trabas a lo largo del proceso de crowdfunding?

Óscar: Pues es paradójico que para llevar a cabo nuestro crowdfunding tuviéramos que sacar 200 copias (y bastante caras), cuando hoy en día entras en el top de ventas de España con la mitad. Quizá lo que está establecido como industria igual no está fijándose demasiado en lo que hay más allá o simplemente lo normaliza, deja que ocurra, y quizá hace oídos sordos mientras dura el pastel, que siempre dura, parece ser eterno.

David: La industria no lucha por ceder, estamos en un país donde la sociedad de gestión de derechos la dominan los editores, cuando se supone que es de los autores. Un tío con procesos judiciales dijo “vamos a cambiar la ley de españoles por editores”. Y así estamos, mientras los editores mandan sobre todo, los músicos estamos a verlas venir y sin poder tener capacidad de decisión sobre nada.

Y a todo esto le sumas el IVA cultural…

Óscar: Parece que todo es culpa del IVA cultural, pero la gente sigue yendo a conciertos aunque les cueste cuatro duros más que antes. Y los problemas estaban antes de que el IVA fuera del 21% en vez del 7%. Esta situación existía antes de que subieran el IVA cultural.

David: A ver, el IVA cultural es, evidentemente, una cuestión negativa, pero con la maldita normalización de los problemas se ha acabado aceptándose como un “problemita”. Ayudaría mucho bajarlo, claro, pero realmente los problemas son mucho más gordos que eso. Verte forzado a ser autónomo como pequeño empresario, la inexistencia de un estatuto de intermitencia como en Francia para el mundo de las disciplinas artísticas, o el mismo sindicato de músicos…

Es muy ridículo que sigamos creyéndonos las historias de la tele. Hace falta por parte de los medios mucha más implicación en dar luz a los verdaderos problemas y no al puto IVA cultural. Porque en los medios todo se achaca al IVA, a la piratería, a que el problema es que la gente no va a los conciertos. Claro que hay muchos problemas por parte del público, pero porque éste ha sido maleducado por parte de la industria, que ha fomentado lo gratuito y cuando hay que pagar vienen las quejas. Es insultante para cualquiera que se dedique a esto, pero se ha educado a la gente en que es lo normal. Con festivales de tres días por 25 euros la entrada anticipada. Y claro, nosotros, los músicos, somos el último mono de la industria, pero pensemos que sin nosotros no hay nada.

¿Cómo se va a mantener TUYA a partir de ahora, una vez finalizado el crowdfunding?

Óscar: El siguiente paso es intentar tocar en directo. Ir organizándonos todos los del grupo e intentar dar bolos.

David: Y hacer llegar la música a la gente. Yo no sé si hacemos esto para la gente o para nosotros mismos, o por qué lo hacemos, pero por lo menos poder seguir adelante con ello, porque aunque este disco pudiera ser una mierda puede haber alguien a quien le llegue. El hecho de que la gente se replantee lo que piensa sobre lo que percibe y le genere preguntas es la única intención que podría esperar de nuestro trabajo.

Habláis de tocar en directo y llegar a la gente, y parece que éste es el momento adecuado, en el que hay cabida para más grupos, se consume más música y se da más oportunidades a lo nuevo… ¿Es así?

David: ¿Tú crees que hay cabida? No sé si se está haciendo más música en tanto en cuanto a su relación con el público potencial. Porque de qué sirve hacer mucha música si el público se reduce. Me da la sensación de que los hábitos de consumo se han modificado tanto que se están haciendo, no sé si más o menos individualista, pero sí que es seguro que hace menos participativo todo. Pensar que ir a un festival una vez al año de vacaciones es un gran acto cultural, me parece un error.
Es verdad que está más democratizado porque existe la posibilidad de salir a la palestra, pero esa palestra es tan bestia que no hay tiempo para verlo todo y el filtro de selección que suelen ser los medios tampoco trabajan como tal, porque se siguen quedando únicamente con ciertas cosas. Es más, cada vez veo menos cosas especializadas en estilos concretos.

Óscar: Me parece que está más democratizado en el sentido de que puedas grabar algo y puedas publicarlo. Otra cosa es que llegue a algún lado. Estoy seguro de que se está haciendo más música. Ahora, a dónde está llegando esa música, yo creo que la gran mayoría no llega muy lejos.

Y en ese impulso a la música, en un momento en el que casi todos -por no decir todos- los días hay algún concierto, ¿consideráis que existe un mayor apoyo por parte de las salas?

David: Has abierto la caja de Pandora. Yo no lo veo así. Creo que hay más músicos que público. Lo que no tiene mucha lógica es que cuando el que arriesga siempre es el músico las salas se ponen a la defensiva. Porque las salas están organizadas y tienen su asociación, incluso un convenio que es impracticable para la situación actual de nuestro sector. Entonces, no tiene ningún sentido que en una ciudad como Madrid puedas ver todos los días 20 conciertos y que en casi todos, los grupos tengan que estar alquilando y nadie esté dado de alta ni contratado. Mientras que el camarero y el técnico de sonido siempre ganan más. Parece que a los músicos se nos trata como los aficionados que acaban yendo a pasárselo bien con sus colegas encima de un escenario.
No digo que toda la gente que tenga una sala sean unos cabrones, evidentemente que no, más bien al contrario, porque gracias a la gente que se mantiene en las pequeñas y medianas salas es como nosotros salimos adelante. El problema son los cuatro grandes empresarios que tienen las cuatro salas molonas de cada una de las ciudades de este país, que trabajan como rentistas y se pasan por el forro cualquier inquietud relacionada con las disciplinas artísticas.

¿Y hay algún tipo de solución a esta situación?

David: Hay un sindicato que está creciendo y se están creando los estatutos para hacerlo oficial, pero no deja de ser algo aparentemente residual. Lo que ocurre es que como en casi todo nos gusta mucho quejarnos y poco movilizarnos. En Estados Unidos hace unas cuantas décadas los músicos durante un año no tocaron por condiciones laborales. Algo que parece imposible en este país. Si hubiera una huelga de músicos la gente se reiría, porque la visión que se le ha dado al mundo de la música se ridiculiza. Y esto es un curro serio, y el pan de cada día para muchos.

Volviendo al disco, tras lo que habéis estado exponiendo a lo largo de la entrevista, mi pregunta es si el título A war is Coming es una declaración de intenciones. ¿Venís a dar guerra? 

Óscar: No, no. Es un tema abierto, además la guerra tiene tantas interpretaciones, sobre todo en los tiempos que vivimos, que no podría pensar que la guerra esté viniendo sino que ya está aquí.

David: No se trata de nada personal, tratamos de contar una historia. Esa “guerra” no es una guerra personal. Eso sí podríamos hablarlo del primer EP, si que son unas canciones que giran en torno de una época en la que me pasaron ciertas cosas y estaba soltando lastre y mierda fuera, ahora no, ahora contamos una historia y queremos que quien lo escuche se guíe por lo que dicen las letras. Son unas ideas planteadas a grandes rasgos y es la gente la que tiene que interpretarlo.

¿Y de ahora en adelante qué planes tiene TUYA?

David: ¿La verdad? Con poder tocar y seguir haciendo música y sacando discos, nos vale. Y claro, poder vivir de esto en vez de sobrevivir, aunque igual es la queja de cualquier trabajador de este país, poder estar un poquito mejor. Pero quizá deberíamos plantearnos empezar a pedirlo todo y no solo un poquito.

¿Os interesan los festivales? Parece que ahora se centran también en dar una oportunidad a bandas emergentes… ¿Os subiréis al escenario de alguno de ellos?

David: ¿Tú crees? Te digo que muchos de estos festivales, la mayoría de los que los organizan son colegas de esas bandas. Y no pasa nada eh, pero el problema es que esa visión pública que se tiene de que están apoyando a bandas emergentes… Pues tendríamos que investigarla un poco y ver en qué consiste en realidad ese apoyo. Pero no tenemos nada chungo contra esa movida (contra los festivales), y vamos a ir a tocar. Todavía faltaría que por decir algo te jodan.